América Latina debe discutir el tránsito de armas nucleares

América Latina y el Caribe cumple 45 años como zona libre de armas nucleares en medio de denuncias sobre el presunto envío británico de armas atómicas al océano Atlántico Sur y sin un régimen específico para el transporte de desechos radiactivos.

El transporte de material radiactivo preocupa al Caribe y a América Central, afirma Gioconda Ubeda. Crédito: Emilio Godoy/IPS
El transporte de material radiactivo preocupa al Caribe y a América Central, afirma Gioconda Ubeda. Crédito: Emilio Godoy/IPS
A inicios de este mes, el gobierno de Argentina denunció que Gran Bretaña había decidido despachar un submarino a propulsión nuclear y con ojivas atómicas al archipiélago austral de las islas Malvinas –que los británicos llaman Falkland–, sujeto a una disputa de soberanía desde el siglo XIX.

Según Buenos Aires, esta decisión violaría el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe, cuyo Protocolo II fue firmado y ratificado por Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética, las cinco potencias nucleares reconocidas en 1967, cuando se adoptó este pacto.

En el Protocolo II, las potencias nucleares se comprometieron "a no emplear armas nucleares y a no amenazar con su empleo" a los países de la región.

Pero el transporte de armamento nuclear y el de residuos radiactivos no fueron incluidos en el tratado, pionero en su tipo, que América Latina y el Caribe firmó el 14 de febrero de 1967 en Tlatelolco, México, y que entró en vigor en abril de 1969.
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El pasaje de armamento "es uno de los grandes desafíos que habría que tratar en la región", dijo a Tierramérica la costarricense Gioconda Ubeda, secretaria general del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Opanal), encargado de supervisar el cumplimiento del Tratado de Tlatelolco.

También el tránsito de material radiactivo preocupa al "Caribe y Centroamérica", pero hay posturas divergentes de las partes sobre incluirlo o no en la agenda del Opanal, añadió.

La diplomática Ubeda, al frente del Opanal en el período 2010-2014, dialogó con Tierramérica en el marco de las celebraciones por los 45 años de la primera zona libre de armas nucleares del mundo.

Estas zonas "fueron creadas como diques, como islas, para blindar esos territorios que, basados en la voluntad política, deben evolucionar" y convertirse en "un motor" que trabaje hacia la "aspiración máxima" de eliminar las armas nucleares, dijo Ubeda.

TIERRAMÉRICA: ¿Cómo abordar el transporte de armas y de desechos radiactivos en la región?

GIOCONDA UBEDA: El transporte de armas quedó fuera del tratado. Hay discusiones muy documentadas en las actas, pero no se pudo llegar a acuerdos. Es uno de los grandes desafíos que habría que tratar en la región.

Queda sujeto a cada Estado la aplicación de la ley internacional, así como el control marítimo en su propio territorio. No es que no haya condiciones para poder tratarlo, pero lo veo más en el ámbito de cada Estado.

En cuanto a los desechos, no están considerados en el tratado, pero hay instrumentos jurídicos vinculantes internacionales que tratan el tema, como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Es una temática vinculada al ambiente, que tiene otro ámbito de aplicación.

Por otra parte, hay una preocupación válida del Caribe y Centroamérica por el tránsito de estos residuos y la eventualidad de un accidente. Es un tema al que hay que ponerle atención. Pero no está en la agenda de Opanal, aunque hay posiciones encontradas de los Estados en cuanto a incluirlo o no.

TIERRAMÉRICA: ¿Qué implica para la región que Estados Unidos tenga un arsenal nuclear?

GU: No estamos de acuerdo en que las zonas libres de armas nucleares sean usadas como mecanismo de seguridad para aplicar la doctrina de la destrucción mutua asegurada, que surgió en la Guerra Fría.

Es una situación a la que nos hemos acostumbrado. La respuesta de América Latina fue decir a las grandes potencias ‘hemos decidido ser una zona libre de armas nucleares y les pedimos que respeten y asuman los compromisos a través de los protocolos para que no usen ni amenacen con el uso de armas ni establezcan misiles en la región’.

Eso se logró, pero no solo Estados Unidos, sino cualquier país que tenga armas nucleares significa siempre un riesgo, porque la amenaza no es apenas para una región determinada.

El espíritu de Tlatelolco recogió claramente esa preocupación. Las zonas se crearon como un medio para el fin de liberar al mundo de armas nucleares. Entonces, nos preocupa sea donde sea que estén esas armas.

TIERRAMÉRICA: ¿Cuál es la evolución de las zonas libres?

GU: La tesis nuestra es que fueron creadas como diques, como islas, para blindar esos territorios que, basados en la voluntad política, deben evolucionar para ser un motor que trabaje hacia esa aspiración máxima de eliminar por completo estas armas.

Se trata ahora de tender puentes entre los diques y apoyar la construcción de nuevas zonas, como la de Medio Oriente, que está en el tapete desde 1995 y que apenas el año pasado registró los primeros avances.

Es nuestra responsabilidad compartir nuestra experiencia, porque seguimos trabajando para preservar la zona libre de armas nucleares, y en nuestra agenda está el trabajo hacia esa aspiración universal de liberar al mundo de esa amenaza.

TIERRAMÉRICA: ¿Cómo destrabar el proceso internacional de no proliferación y desarme?

GU: Si tuviera esa respuesta, creo que me nombrarían para los altos cargos de las Naciones Unidas. Esa es la pregunta sobre la cual hay que negociar medidas efectivas que nos vayan llevando a la no proliferación vertical (que no se incrementen los arsenales nacionales existentes) y horizontal (que no se amplíe el grupo de países nucleares) y al compromiso de erradicar las armas.

Hay algunos acuerdos y se trata de que se vayan implementando, por ejemplo que los países que tienen arsenales que no son útiles los saquen de circulación.

Es importante asimismo que se den pasos más firmes hacia el desarme. Es un tema en el que el rol más relevante lo tienen las potencias nucleares.

También tratar de que se fortalezca el régimen de no proliferación. Las zonas libres contribuyen con no proliferar dentro de esos territorios, pero hace falta avanzar mucho más allá, porque no podemos ver la no proliferación sin medidas que nos conduzcan hacia el desarme completo.

* El autor es corresponsal de IPS. Este artículo fue publicado originalmente el 18 de febrero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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