COLUMNA: Refugiados ruandeses temen regresar al país

Dos amigos ruandeses conversan en el porche de un popular restaurante de esta ciudad sudafricana. Su amistad no genera suspicacias en este país, pero a ellos les llevó años superar la mutua desconfianza, pues el primero es tutsi y el segundo es hutu. Ahora los angustia perder la condición de refugiados.

Los problemas de Ruanda no obedecen a cuestiones económicas ni de acceso a la tierra, sino a falta de paz, dicen refugiados. Crédito: Wendy Stone/IRIN
Los problemas de Ruanda no obedecen a cuestiones económicas ni de acceso a la tierra, sino a falta de paz, dicen refugiados. Crédito: Wendy Stone/IRIN
Claude Kayitare y Theogene Nshimyimana se instalaron en Sudáfrica bajo el amparo de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Ruanda fue escenario en 1994 del mayor genocidio registrado en África. Alrededor de 800.000 miembros de las etnias tutsi y hutu moderados murieron a manos de las milicias y ciudadanos ordinarios, dedicados durante 100 días a una orgía de sangre alentados por el régimen hutu de línea dura.

Nshimyimana y Kayitare conversan sobre la posibilidad de que Acnur recomiende en diciembre aplicar a los ruandeses exiliados las cláusulas de cese del estatuto de refugiado que figuran en la Convención de Ginebra de 1951. Se trata de una vía legal que reconoce el cambio de circunstancias en el país expulsor o de los expatriados en el territorio que los acogió.

En caso de aplicarse esas cláusulas, el país que los acogió ya no tiene obligación de ofrecerles protección. Pero para ello debe demostrarse que las nuevas condiciones son estables y favorables para el regreso.
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Acnur puede recomendar el cese del estatuto, pero cada país de forma individual la acepta e instrumenta. Está a estudio la redacción de las excepciones a la norma.

Pero Nshimyimana no confía en las excepciones. "Puede ser que existan sobre el papel, pero en la práctica la implementación será así: la cláusula de cesación habilita a los países a expulsar extranjeros y nos obligarán a volver" a Ruanda, arguyó.

Desde que Acnur anunció en 2009 que estudiaba recomendar el cese de la condición de refugiados a los ruandeses, su país está bajo una estricta vigilancia de organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Muchas instituciones y asociaciones de refugiados cuestionan la aplicabilidad de la medida a Ruanda.

"Pertenecí al Ejército Patriótico de Ruanda y trabajé en el Departamento de Inteligencia Militar", relató Kayitare, quien huyó de su país por esa razón.

El gobierno utiliza a los soldados para eliminar a la oposición política, a los críticos de los medios de comunicación y a ciudadanos que no acatan la disciplina, aseguró.

El presidente de Ruanda, "Paul Kagame, obtuvo 95 por ciento de los votos en las elecciones de 2010. ¿Es posible ese tipo de mayoría?", preguntó con ironía.

"Imagina que vas a votar, estás en el cuarto secreto con un soldado armado custodiando el lugar. Entonces te viene miedo de que haya visto que no pusiste la cruz en el nombre de Kagame o que revise tu papeleta después de que te hayas ido. De noche no te sentirás seguro", añadió.

Kayitare y Nshimyimana citan numerosos ejemplos de cómo el autoritarismo de Kagame creó un estado militarizado que recurre al terror y a la intimidación para controlar a la población.

El Departamento de Inteligencia tiene vastas redes de informantes civiles para ese fin.

El propio Nshimyimana fue víctima del sistema. Tras escapar de Ruanda por segunda vez en 1994, tuvo que regresar por un brote de cólera que estalló en el campamento de refugiados de República Democrática del Congo en el que vivía.

"Llegué a mi casa sano y salvo, pero mi familia pensó que debía declararme como retornado si me quería quedar. El gobierno está al tanto de todas las personas que lo critican. A mi padre le dio miedo de que lo mataran si descubrían yo que estaba allí", señaló Nshimyimana.

Kayitare mueve enojado la cabeza y corrobora sus dichos. "Es un ambiente salvaje. Es matar o morir. Me mandaron a eliminar los huesos de personas asesinadas", relató.

Amnistía Internacional, Human Rights Watch y organizaciones religiosas divulgaron informes con detalles de desapariciones forzosas, detenciones arbitrarias y trabas puestas a la oposición para que no pudiera registrar sus partidos ante las autoridades competentes.

La organización representada por Kayitare, Plataforma Ruandesa para el Diálogo, la Verdad y la Justicia, señala que Kagame se concentró en mejorar su imagen internacional y la del país para mostrar que funciona bien.

Tanto él como Nshimyimana dijeron que las figuras internacionales destacadas que visitan el país son manipuladas. "Nunca las dejan solas para que puedan ver lo que quieran. Siempre las acompañan", afirmó Kayitare.

Las relaciones públicas del presidente ruandés llevan a que se proponga el retorno de los refugiados que todavía están en países como Sudáfrica, Tanzania y Zambia.

Kagame "quiere que regresemos para resolver el problema de las críticas de los refugiados. Construye una buena imagen suya y luego nos tilda de ‘perros, moscas y sapos’ en el parlamento", indicó Kayitare.

El presidente declaró que los refugiados ruandeses son como desperdicios humanos que deben ser excretados.

"La repatriación nos deja en manos de Kagame. Tendrá acceso a la gente que pretende silenciar", advirtió Kayitare.

"¿Cree que necesito hacer consultas para volver a casa? Si pudiera, no estaría acá conversando con usted. Hace tiempo que me habría ido", añadió Nshimyimana.

Los problemas de Ruanda no se originan en cuestiones económicas o por dificultades en el acceso a la tierra, sino que obedecen a la falta de paz, indicó Kayitare.

"El temor infundido en los ciudadanos cala tan hondo que Kagame seguirá en el poder. De eso se trata una dictadura, es tal el miedo de la gente que no puede imaginarse otra cosa", explicó.

* Robyn Leslie es responsable de comunicaciones y asesoramiento legal del Servicio Jesuita a Refugiados para África austral, una organización católica que acompaña, ayuda y defiende los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.

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