CARIBE-LIBIA: Vicisitudes de un matrimonio por conveniencia

Los pequeños países del Caribe no son inmunes a la crisis política que se desarrolla en Libia, aunque los separen unos 9.500 kilómetros. Su principal preocupación es qué ocurrirá con las fuertes inversiones libias en la región.

Los miembros de la sub-regional Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS, por sus siglas en inglés) han adoptado sus propias pautas de compromiso con Libia, alimentando protestas de algunos partidos de la oposición.

"Nos guste o no, todavía dependemos mucho del petróleo de Medio Oriente, y la mayor parte de nuestras economías se guían por eso", dijo el primer ministro de Antigua y Barbuda, Baldwin Spencer.

"En la medida en que hay inestabilidad y guerra, hay impacto", añadió.

Mientras los líderes de los estados de la OECS esperan con ansiedad el resultado de varios acuerdos negociados con Libia —entre ellos la apertura de una embajada de la nacion norafricana en Santa Lucía y un banco en San Cristóbal y Nevis—, Spencer admitió su nerviosismo.
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En medio de la crisis que se vive en Libia, los gobernantes de la región se encuentran atrapados entre la espada y la pared.

Muchos de los principales proyectos de infraestructura en San Vicente y Granadinas en los últimos años se han beneficiado del financiamiento libio.

Allí, la oposición ha criticado al gobierno del primer ministro Ralph Gonsalves por aceptar lo que el líder opositor Arnhim Eustace describe como "dinero sangriento".

Gonsalves defendió la aceptación de la ayuda. Según el primer ministro, los 250.000 dólares que el embajador de Libia ante la OECS, Ammat Ali, entregó en febrero a la Corporación para el Desarrollo de Viviendas y Tierras, son para reconstruir el país tras los daños causados el año pasado por el huracán Tomás.

En la cercana Dominica, el primer ministro Roosevelt Skerrit reiteró la posición de su gobierno de no romper relaciones con Libia por la actual crisis política.

"¿Por qué deberíamos hacerlo?", preguntó Skerrit.

La misma posición asumió el primer ministro de Santa Lucía, Stephenson King, quien dijo que su gobierno sigue de cerca los acontecimientos de Libia, pero no va a cortar las relaciones diplomáticas.

El ministro de Relaciones Exteriores de Santa Lucía, Rufus Bousquet, estimó probable que la marcha hacia la democracia en Medio Oriente y el norte de África impacte en planes de inversión de la sub-región de la OECS.

"Santa Lucía estaba justo a la mitad, junto a otros países de la OECS, de establecer con Libia un banco de inversiones y un fondo de inversiones que serían financiados con unos 100 millones de dólares por el gobierno libio", dijo Bousquet.

Granada se halla en una posición similar: aguardando con ansiedad la ayuda financiera.

El año pasado, el gobierno de Granada anunció que esperaba que Libia le aportara 1,9 millones de dólares para obras públicas, además de que le condonara una deuda por seis millones de dólares.

Los vínculos con Libia y los estados de la OECS han sido fuente de controversia durante años.

En 2001, algunos gobernantes caribeños visitaron Libia en busca de asistencia técnica y monetaria para modernizar sus sectores agrícolas. Esa visita surgió ante una reducción de la ayuda de Estados Unidos y Gran Bretaña.

El primer ministro de Trinidad y Tobago, Basdeo Panday, advirtió que el viaje podía perjudicar las relaciones del Caribe con Washington y Londres. En medio de la polémica, autoridades de San Cristóbal y Nevis y de Antigua decidieron no viajar.

Según el periodista Jerry George, radicado en San Vicente y Granadinas, el adjetivo que mejor describe la relación del Caribe con Libia es "oportunista".

"Hasta ahora nadie ha dicho una sola palabra en apoyo al pueblo cuyos dineros hemos aceptado con tanta ansiedad en el pasado. Estos dineros son tratados como si procedieran de las arcas personales del líder (Muammar) Gadafi, y no del pueblo contra el cual él ha vuelto sus armas", señaló George.

Según Calvin G. Brown, experto en relaciones de la Comunidad del Caribe (Caricom), la posición asumida por las naciones de la OECS tiene muy poco que ver con la ideología.

"Más bien, tiene todo que ver con la economía. Estados Unidos y Gran Bretaña son muy conscientes de que ninguna asistencia procedente de Libia puede dañar las relaciones históricamente fuertes que tienen con las naciones del Caribe", dijo Brown.

"Aunque mantenga sus principios, la Caricom también tiene que ser pragmática" y no emitir comentarios, agregó Brown.

Mientras la guerra civil se agrava en Libia, los jefes de gobierno de la Caricom se reunieron en Granada. Sin embargo, el comunicado que surgió de ese encuentro fue totalmente elusivo: llamó a la paz en Medio Oriente y el norte de África sin siquiera mencionar a Libia.

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