Leopardo de las nieves se recupera en Pakistán

Desde hace más de 10 años, el pakistaní Shafqat Hussain le sigue el rastro al amenazado leopardo de las nieves (Uncia uncia). Lo oye bramar y ha visto sus huellas en algún sendero nevado. Pero su sueño de encontrarse cara a cara con este felino sigue sin cumplirse.

"Si uno ha visto a este gato, ha visto al Santo Grial", dijo Hussain, de 41 años.

Sin embargo, lo que más le preocupa es garantizar la supervivencia del animal, explicó este ambientalista y profesor de antropología en el estadounidense Trinity College.

Los leopardos de las nieves están mundialmente amenazados, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Se estima que la población total de este felino es de entre 4.000 y 7.000 ejemplares.

Aunque la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) prohibe el comercio de estos animales, estos, que se encuentran solamente en las regiones montañosas de Asia central y meridional, se enfrentan a la oposición de los criadores de ganado, que los matan en venganza por los ataques a sus cabras, dijo Hussain.
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En 1999, Hussain inició en dos aldeas de la norteña región pakistaní de Baltistán un innovador programa de seguros, llamado Proyecto Leopardo de las Nieves, con financiamiento de la británica Royal Geographical Society y la estadounidense Snow Leopard Conservancy.

"No soy totalmente indiferente a la pérdida de cabras que padece la comunidad", dijo Hussain en una entrevista telefónica con IPS durante su visita anual a Baltistán.

Su enfoque "ayuda a la conservación y la protección de los leopardos de las nieves, pero también compensa a los criadores locales por cada cabra que el felino mata, a condición de que los aldeanos no lo maten", explicó Hussain.

Hace unos seis meses, uno de estos leopardos atacó a la manada de Ghulam Mehdi, en la aldea de Hushey, en Baltistán.

El Proyecto Leopardo de las Nieves "me pagó una compensación de 4.500 rupias (52 dólares)", dijo Mehdi, de 35 años.

Este criador ha asegurado a todas sus cabras. "Pagamos dos rupias (dos centavos) mensuales por cada cabra. El Proyecto registra a nuestros animales y lleva la cuenta. Solamente me compensan si un leopardo mata a alguna cabra, no si lo hace un lobo u otro animal salvaje. Ellos pueden decir qué animal atacó a nuestras cabras", señaló.

La clave del éxito del programa, en el que ya participan unos 5.000 criadores, es que los aldeanos son sus dueños y administradores. Los residentes de la zona fueron capacitados para usar y mantener cámaras a distancia, instaladas en distintos puntos, para controlar y estudiar al leopardo de las nieves.

El Proyecto se ha expandido a 10 aldeas pakistaníes, y se ha replicado en países vecinos como Nepal, China e India.

De hecho, "tales programas sólo tienen éxito si en ellos participa la comunidad", dijo Ejaz Ahmad, subdirector general del capítulo pakistaní del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Hay programas similares en curso para el leopardo común en las localidades turísticas de la región de Galiaath, en Khyber Pakhtunkhwa (ex Provincia de la Frontera Noroccidental).

"Con el paso de los años hay cada vez se reportan menos casos en que miembros de la comunidad maten en represalia a las dos especies de estos felinos", destacó Ahmad.

Los seres humanos constituyen la mayor amenaza a la supervivencia de los leopardos de las nieves, que se encuentran en las cadenas montañosas del Himalaya y en Afganistán, China, India, Kirguistán, Kazajstán, Mongolia, Pakistán, Tayikistán y Uzbekistán.

También se los ha detectado más hacia el norte, incluso en Siberia.

Pesan entre 27 y 54 kilogramos y pueden alcanzar hasta 130 centímetros de largo, situándose en la cima de la cadena alimenticia. El leopardo de las nieves puede disparar cambios ambientales, por ejemplo eliminando la cobertura vegetal, explicó Hussain.

También puede causar un aumento en la población de cabras salvajes, lo que puede conducir a la degradación de pasturas, que a su vez erosiona el suelo.

En base a un sondeo que llevó a cabo en 2003, Hussain estima que en Pakistán quedan unos 450 leopardos de las nieves, dispersos por Chitral, en Baltistán; en los distritos de Dir, Swat y Kohistan, en Khyber Pakhtunkhwa, y en Muzaffarabad, en la Cachemira administrada por Pakistán.

"Su población crece lentamente", dijo Hussain, quien confía en que llegará a cifras más precisas cuando realice el próximo estudio, en 2013.

Pero ahora los leopardos continúan atacando a animales domésticos, aunque no escasean las presas naturales, como el íbice (Capra ibex) y el marjor (Capra falconeri). "Es más fácil matar una cabra que acechar a una presa salvaje", explicó Hussain.

Otra razón para estos ataques es el rápido aumento de la población humana, que se está insertando en el hábitat del leopardo. "Pero ni siquiera eso implica tanta preocupación como la actitud. La raza humana profesa una creciente intolerancia a dejar que existan otras especies", opinó.

"La población local siempre sostuvo que el leopardo era una amenaza que era necesario eliminar. A lo largo de los siglos, con el avance de las armas, el enfoque negativo se transformó en una acción negativa, y por lo tanto en su matanza indiscriminada", dijo Hussain.

Ahmad, de WWF, reconoció que "hay mucha presión sobre los animales salvajes", pero opinó que a los leopardos no les resulta fácil atacar a las cabras porque los criadores toman precauciones extra.

"El felino sólo ataca cuando está muy hambriento y su presa natural no está disponible", agregó.

Con 212 aldeas dispersas por 50 por ciento del hábitat del leopardo de las nieves, Hussain admitió que su proyecto todavía tiene un largo trecho que recorrer.

"Proteger y conservar especies animales es responsabilidad del Estado. Esperamos haber aportado un modelo que emular", dijo.

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