POBLACIÓN-JAPÓN: Los años no vienen solos

Sachiko Yamada esperaba pasar los años posteriores a su retiro viajando y disfrutando de la buena vida. Pero actualmente dedica cinco días a la semana a cuidar a su madre de 90 años.

Esto le deja apenas dos días libres, cuando su progenitora asiste a un centro de cuidados geriátricos.

«Yo fui dueña de mi propia empresa y trabajé por durante muchos años, pero ahora tengo que ocuparme de mi mamá», dijo Yamada, de 65 años. Su madre está en lista de espera para ingresar a una institución de cuidados y atención médica a ancianos.

El dilema de Yamada pone de relieve la falta de centros geriátricos estatales en Japón, un problema generado por una sociedad cada vez más envejecida, y la evidente incapacidad de acompasar la creciente demanda de instituciones de ese tipo que sean baratas, especialmente durante las crisis económicas.

«Antes eran las familias las que se ocupaban de los ancianos, pero como ahora viven mucho más tiempo hay más problemas», dijo Nobuhiko Ishida, que posee clínicas, centros de retiro y cuidados en todo Japón.
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«No hay suficientes instituciones que se hagan cargo de todos ellos, y habitualmente hay una lista de espera para ingresar en los hospitales geriátricos», señaló.

Dado el dilema que enfrenta Japón actualmente, «los ancianos quedan a cargo de los (otros) ancianos debido a la escasez de centros», agregó Ishida.

Japón es el país de envejecimiento más rápido y tiene la mayor expectativa de vida, de 86 años para las mujeres y de 79 para los hombres. De los 127 millones de habitantes que se estima posee el país, más de 20 por ciento tiene más de 65 años y solamente 13 por ciento tiene menos de 15.

En los últimos tiempos, el primer ministro Yukio Hatoyama expresó su preocupación por las consecuencias sociales y económicas de la tendencia: mayores costos en materia de pensiones y atención a la salud, menos ahorros e inversiones, y una fuerza laboral cada vez menor.

La combinación de estos factores ha renovado el debate sobre las políticas de inmigración de Japón. Históricamente, a causa de su homogeneidad, la sociedad japonesa ve a los extranjeros con recelos.

En la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) realizada en noviembre en Tokio, Hatoyama abordó la reforma de las estrictas políticas inmigratorias del país.

«Pienso que Japón debería volverse un país atractivo para la gente, a fin de que cada vez más personas, incluidos los turistas, quieran visitarlo, vivir y trabajar en él», dijo.

[pullquote]1[/pullquote]»No estoy seguro de poder llamar a esto ‘política inmigratoria’, pero en los últimos años Japón abrió cautamente su mercado laboral a enfermeros y personas dedicadas a brindar cuidados procedentes de algunos países del sudeste asiático», añadió.

Pero Hatoyama también planteó que, antes de abordar los temas de inmigración, el gobierno debe resolver el problema de la baja natalidad del país. Según datos del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones, el promedio de hijos por familia ronda 1,3 por ciento, y las mujeres eligen casarse a edades más avanzadas.

El gobierno de Hatoyama busca poner a punto el sistema de seguros médicos para los ancianos. El ministro de Salud, Trabajo y Bienestar, Akira Nagatsuma, dijo que se abolirá el sistema actual para los mayores de 75 años, y que el nuevo será más realista. Sin embargo, no reveló detalles.

En el manifiesto de su campaña, el Partido Democrático de Japón se comprometió a aumentar 50 por ciento la cantidad de médicos en el país, compensar a los afectados por el desvanecimiento de las pensiones y crear un sistema en el que cada persona pueda recibir una pensión.

«Brindaremos adecuados servicios médicos y de cuidados a largo plazo, y valoraremos la vida de cada persona», dijo el Partido.

Según una encuesta realizada por Kyodo News en septiembre, casi 60 por ciento de los diputados del Partido Democrático de Japón creen que el gobierno debería «considerar elevar los impuestos a las ventas en el futuro, para reformar drásticamente el sistema de pensiones, (que constituye) un gasto cada vez mayor en seguridad social en medio de la reducción de la natalidad y el envejecimiento de la población» del país.

Kaoru Arai se considera afortunada, porque a sus 88 años está relativamente saludable y todavía vive con su hijo y su nuera. Se reúne con sus amigos algunas veces por semana. Cantan, bailan, comen, beben «sake» (vino hecho con arroz fermentado) y hablan sobre las viejas épocas, relató.

«Habitualmente tenemos estos encuentros en las termas, así podemos disfrutar de los baños también», agregó, radiante.

Kaoru Arai integra un segmento de la población anciana de Japón que no necesita cuidados especiales, como sí ocurre con la madre de Yamada.

Según Ishida, muchos de los ancianos no tienen una buena calidad de vida. «Muchos japoneses mayores sufren de mala salud y terminan pasando el tiempo en la cama. En Japón hay unos 700.000 ancianos postrados en sus camas», destacó.

La costumbre de que las familias se apoyen mutuamente para cuidar a sus ancianos va en declive, lo que presiona más al gobierno para que se haga cargo. La seguridad social no ha funcionado porque es inadecuada para satisfacer las demandas existentes, dado el aumento de la población de adultos mayores y porque muchas personas no pueden darse el lujo de pagar los servicios de hospitales, dijo Ishida.

Debido a la severa escasez de servicios de atención a la tercera edad y a la aparente incapacidad de la sociedad de abordar adecuadamente el tema del envejecimiento, algunos de los ancianos que padecen mal de Alzheimer son atados a sus camas para impedir que se levanten y caminen, señaló.

Uno de cada cuatro japoneses envejecerá pronto, así que lo más importante es impedir que queden postrados en sus camas, con Alzheimer u otros males, dijo.

Japón necesita trabajar para prevenir estas enfermedades a partir de la madurez, sostuvo.

Ishida cree que no hay muchas esperanzas de aumentar la natalidad, lo que significa que el país tendrá que adoptar políticas más amigables con la familia.

«Por ejemplo, la edad de retiro (fijada por el gobierno) a los 60 años es demasiado temprana, porque estas personas quedan sin nada que hacer. Necesitamos cambiar muchas de nuestras actuales estructuras y sistemas», dijo.

Pese a que jubilarse es obligatorio, muchas empresas japonesas permiten que sus empleados continúen trabajando más allá de los 60 años.

El mayor desafío para el país será mantener el crecimiento e impedir una caída en la calidad de vida, pese a la contracción de la oferta laboral, según un informe del Banco Asiático de Desarrollo titulado «Envejecimiento en Asia», difundido en febrero.

«También serán necesarias reformas educativas para ayudar a los adultos jóvenes a ingresar a la fuerza laboral, eliminar barreras a la participación de las mujeres y aumentar la edad de retiro obligatorio, o desechar todo junto», señaló el reporte.

El Banco advirtió que Japón necesita reformar sus estructuras actuales para cumplir con los desafíos de una sociedad envejecida.

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