SUDÁFRICA: Imprescindible apoyo interno de la sociedad civil

La lucha por los derechos humanos y la democracia nunca termina del todo, por lo cual los defensoras de estas causas siempre necesitan también del apoyo de donantes locales, dice Gara LaMarche, director ejecutivo y presidente de The Atlantic Philanthropies, una de las mayores fundaciones del mundo.

The Atlantic Philanthropies destina unos 400 millones de dólares anuales en Australia, Bermuda, Estados Unidos, Irlanda, Irlanda del Norte, Sudáfrica y Vietnam. En particular, financia al no gubernamental Instituto Sudafricano Inyathelo para el Progreso, que "cultiva la solidaridad local para la sustentabilidad de la sociedad civil a largo plazo".

IPS dialogó en Ciudad del Cabo con LaMarche y con el ejecutivo de programas de The Atlantic Philanthropies para la reconciliación y los derechos humanos, Gerald Kraak.

IPS: Lo inusual de su fundación es prever que habrá agotado su dinero para 2016. ¿Por qué?

GARA LA MARCHE: El donante, Chuck Feeney, quiere lograr el mayor impacto posible mientras viva.

IPS: ¿Por qué los derechos humanos?

GM: Los derechos humanos son un requisito fundamental para la democracia. Trabajamos en una serie de países de los cuales algunos son relativamente abiertos, como éste (Sudáfrica), pero todos ellos enfrentan desafíos en esta materia.
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Uno que atraviesa todas las fronteras es el de las migraciones. En Estados Unidos hay 12 millones de extranjeros indocumentados, así que hay que ver cómo se normaliza la situación de un grupo de personas sin Estado y sin derechos. Aquí usted tiene a los refugiados zimbabwenses.

IPS: Su fundación es también la más destacada entre las que financian las iniciativas de la comunidad lesbiana, gay, bisexual, transgénero e intersexo (LGBTI) en Sudáfrica.

GERALD KRAAK: Al emplear todos los fondos hay que centrarse en lograr el máximo impacto en el menor periodo de tiempo. Nosotros encomendamos a los expertos de cada una de las jurisdicciones que nos aconsejaran sobre cuáles eran los asuntos clave en materia de derechos humanos.

Lo que resultó de ese ejercicio sudafricano fue que la comunidad LGBTI era particularmente vulnerable, como lo eran los refugiados, los inmigrantes, y los pobres de las zonas rurales.

Cuando The Atlantic Philanthropies llegó (a Sudáfrica) ya había una comunidad LGBTI organizada, pero era dispar y débil, pautada por la crisis, no programática o estratégica. El perfil del movimiento era blanco, masculino y de clase media.

Comenzamos (a trabajar) para cambiar eso, para fortalecer y profesionalizar las organizaciones, para (estimularlas) en municipios y áreas rurales a fin de hacer crecer sus bases entre gays y lesbianas de comunidades pobres y negras, y para cambiar la demografía del liderazgo a fin de que incluya a más negros y mujeres.

En los últimos seis años, esa decisión de tomar a un grupo particularmente vulnerable e invertir fuertemente en él ha arrojado los resultados (que esperábamos).

El sector también ha sido sabio en términos de su estrategia de cabildeo y litigio, con algunos avances significativos, como el reconocimiento del matrimonio entre homosexuales.

IPS: A muchas organizaciones de la sociedad civil les preocupa lo que ocurrirá cuando The Atlantic Philanthropies cierre sus puertas.

GM: Tenemos que pensar en este problema en todas partes. Las coberturas del sector juvenil en Estados Unidos están en general relativamente bien financiadas. Cuando desaparezcamos, la pérdida será menos significativa para ellos que, por ejemplo, para el área de los derechos humanos, que gira en torno a la libertad y la seguridad e intenta deshacer las políticas del gobierno de (George W.) Bush (2001-2009).

Somos, por lejos, uno de los mayores proveedores de fondos en esta área. Tenemos que llegar hasta el final.

Justo ahora, la capacidad de aprovechar las fuentes de dinero está más complicada. La gente tiene menos dinero. Una de las cosas que esperamos hacer es crear una fundación de la comunidad lésbica y gay en la que colocaremos una suma significativa, y haremos que otros donantes también lo hagan.

Las cuestiones LGBTI son difíciles de financiar. Si uno trabaja de la manera que lo hemos hecho, centrándose en comunidades de dentro de la agrupación LGBTI, como personas de color (es decir, de raza mixta, que incluye a los indo-asiáticos) y lesbianas, entonces uno tiene la obligación de no simplemente mover el piso.

GK: En nuestro programa rural estamos sometiendo a las organizaciones a un esquema de tres años que gira en torno a cuestiones de sustentabilidad, para hacer que logren recaudar recursos de otras fuentes. Queremos extender esto a otros programas.

IPS: ¿Cómo entienden ustedes la evidente falta de entusiasmo de los sudafricanos a la hora de financiar causas?

GK: Estadísticamente, los individuos y las fundaciones internas dan más que los gobiernos o los donantes internacionales, pero el problema es que tienden a ser conservadores en sus objetivos. Las corporaciones financiarán una escuela o una clínica que usa su fuerza laboral, pero no financiarán algo tan intangible como los derechos humanos.

Es fácil juntar fondos para los niños, pero es más difícil conseguir financiamiento para las oficinas de asesoramiento legal, porque son algo abstracto. El financiamiento corporativo siempre está interesado en ver un retorno, pero no puede ver cuál será el beneficio de financiar oficinas de asesoramiento legal.

IPS: ¿Cuál es su impresión del desempeño de Sudáfrica en la consolidación de su democracia?

GM: La democracia de Estados Unidos tiene 233 años y está en peligro, así que la democracia nunca está realmente segura. De todos modos, en este país hay un inmenso grado de participación. La concurrencia a las últimas elecciones fue alta. Hay un optimismo cauto, por lo menos de nuestra parte, sobre los primeros meses del gobierno de (Jacob) Zuma.

Los pasos que éste adoptó a propósito del sida —síndrome de inmunodeficiencia adquirida— (luego del negacionismo que caracterizó al de su antecesor, Thabo Mbeki, 1999-2008) subrayan la importancia de las organizaciones de la sociedad civil, cuya presión impulsó (a la acción) al gobierno de Zuma.

Ningún país debería confiar en el sector político para hacerse cargo de todo. Como dijo Frederick Douglass (abolicionista estadounidense (1818-1895), el poder sin esfuerzo no sirve para nada. Por eso es importante influenciar al gobierno mediante la fortaleza de las organizaciones de la sociedad civil.

La pregunta para las organizaciones no gubernamentales siempre es de dónde vendrán los recursos. En todos los países que han atravesado una transición con la participación de donantes externos, la transformación pierde su encanto para ciertos donantes.

Aunque yo exhorto a los donantes internacionales a seguir participando, en definitiva la mayor parte del apoyo a la sociedad civil tendrá que venir desde dentro de este país, que tiene muchos pobres pero también mucha riqueza.

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