ELECCIONES-BRASIL: La oposición desaparecida

Los ciudadanos brasileños están convocados el próximo domingo para elegir alcaldes y concejales en sus 5.563 municipios, culminando así una campaña que se destacó por el silencio de los opositores al gobierno nacional y la tendencia de continuidad de las actuales administraciones.

Veinte de los 26 alcaldes en funciones en las capitales estaduales del país intentan ser reelegidos, 16 de los cuales aparecen como favoritos para los consultados en las encuestas de opinión de voto.

En caso de que alguno de los más votados no logre la mitad más uno de los votos, que se necesitan para ser elegido directamente, deberán competir en una segunda vuelta el 26 de este mes.

En Brasil, la reelección de gobernantes es permitida desde 1997, pero la tendencia a mantener el mismo partido o coalición en la gestión municipal viene desde que la Constitución aprobada en 1988 fortaleció los presupuestos de las alcaldías, explicó a IPS Alessandra Aldé, profesora de política en la Universidad del Estado de Rio de Janeiro.

Así, varias capitales vivieron largos ciclos continuistas en las dos últimas décadas, una situación que se explica porque "los electores son conservadores, quieren asegurar conquistas" y es en los municipios que más se manifiesta el voto pragmático, según Aldé, también investigadora del Instituto Universitario de Investigaciones de Rio de Janeiro (Iuperj).

Pero esa tendencia se intensificó este año, teniendo "como factor fundamental" el buen desempeño de la economía de Brasil, que crece con estabilidad y generando más empleos, destacó Marcos Verlaine, del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP). De este modo los gobiernos locales disponen de más recursos para inversiones y servicios.

También ayuda el hecho de que el parlamento nacional no afronta ninguna crisis en este momento, lo cual ha creado un ambiente de tranquilidad que dejó sin banderas a la oposición, después de años de que ésta se dedicada a explotar escándalos de corrupción e irregularidades del oficialismo, acotó el asesor parlamentario.

Hoy los candidatos de partidos de oposición al gobierno nacional evitan repetir críticas y contraponerse al izquierdista presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

La popularidad de Lula, cuyo gobierno recibe una aprobación de 64 y de 68,8 por ciento de los entrevistados en dos encuestas hechas a mediados de septiembre, lo convirtió en aliado requerido incluso por enemigos del pasado. Videos mostrando opositores atacando a Lula en años anteriores se tornaron armas temibles.

Por eso se espera que los comicios de este mes hagan crecer la cantidad de municipios gobernados por los principales agrupaciones políticas de la coalición a cargo del Poder Ejecutivo nacional, el Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula en 1980 con una orientación izquierdista, y el Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), un conglomerado ideológico de centro.

Aunque, paradógicamente, la popularidad de Lula no beneficia al PT, porque al ser muy amplia la coalición oficialista, el presidente debió manifestar apoyo a una gran variedad de candidatos de los más distintos partidos, matizó Aldé.

Pero, en este marco, atacar a un presidente tan popular puede ser fatal, como comprobó el candidato favorito a la alcaldía de Salvador, capital del nororiental estado de Bahía, que cayó en las encuestas después que adversarios divulgaron sus actitudes de opositor radical de Lula en el pasado.

En Brasil se está consolidando un "pacto socialdemócrata clásico al estilo europeo", encabezado por el PT, y la oposición "aún no se dio cuenta", evaluó Ricardo Guedes, el cientista político que dirige el Instituto Sensus, cuya encuesta de dos semanas atrás apuntó 77,7 por ciento de aprobación popular al desempeño de Lula como mandatario.

Se trata de implantar un sistema político dominado por dos fuerzas cercanas al centro que se alternan en el poder, explicó. El crecimiento económico actual permite ampliar programas sociales, empleos y salarios, reduciendo la desigualdad, hasta que se agote el ciclo, cediendo el turno a los conservadores, como ocurre en muchos países europeos.

Ese pacto exige expurgar del sistema a los radicales de izquierda y de derecha, que perdieron fuerza movilizadora en Brasil, ante el éxito del "modelo" adoptado por Lula y su coalición, de promoción del crecimiento y del sector privado, al lado de programas sociales que benefician millones de familias pobres, observó Guedes.

La economía local no se compara a las europeas, mucho más ricas, pero la distancia es mucho menor si se considera el poder de compra de los brasileños, la riqueza no monetaria del país, es decir la parte informal de la economía, razonó.

El análisis de Guedes, cuya tesis de doctorado fue exactamente sobre pactos socialdemócratas, contempla una ironía de la historia. La principal fuerza de oposición, a la que le correspondería el papel de los conservadores en Gran Bretaña y de los republicanos en Estados Unidos, adoptó justamente el nombre de Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB).

Fundado en 1988, llevó a su principal líder, el sociólogo Fernando Henrique Cardoso, a la presidencia de Brasil en 1994 y lo reeligió en 1998 para encabezar hasta 2002 un gobierno que se dedicó a combatir la inflación, establecer la austeridad fiscal y privatizar varios sectores de la economía.

Cardoso empezó a ampliar la red de protección social, pero fue el gobierno de Lula y del PT el que impulsó programas sociales masivos, como la Beca-Familia que beneficia a 11 millones de familias, y amplió la previsión social, un sistema que paga beneficios a 25,7 millones de personas, casi la cantidad de empleados formales de Brasil.

Para atender los derechos sociales reconocidos por la Constitución de 1988 a los más variados sectores, desde los trabajadores rurales informales a los indígenas y los discapacitados, la carga tributaria brasileña, de más de 35 por ciento del producto interno bruto, se acerca a las practicadas por la socialdemocracia europea, casi duplicando el usual en América Latina.

Ese proceso explica la popularidad de Lula y de su gobierno, identificados con una política a favor de los pobres y de la reducción del hambre y la desigualdad, que se reflejarán en las elecciones municipales de este domingo.

Además de la desventaja en términos nacionales, el PSDB se dividió en São Paulo, donde tiene lugar la disputa más importante por tratarse del municipio más rico y el más poblado de Brasil, con 11 millones de habitantes.

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