EL SALVADOR: «La violencia es nuestra compañera de vida»

Dice que ha leído la Biblia tres veces y que los pandilleros son, «además de victimarios, víctimas del sistema de violencia» de El Salvador. Es uno de los jefes naturales de la Pandilla 18, entrevistado en exclusiva por IPS.

Crédito: Luis Galdamez/IPS
Crédito: Luis Galdamez/IPS
Hablar con "Puppet" (títere) tomó meses, varios intentos fallidos y medidas de seguridad muy similares a las requeridas para contactar a grupos guerrilleros en tiempos de la guerra civil (1980-1992).

Para llegar al lugar indicado, fue necesario serpentear las calles de un pueblo del que no se puede revelar el nombre, en el occidente de este país centroamericano.

También hubo que sortear las desconfianzas del interlocutor, de 28 años, hacia los periodistas. Tienden "sólo a mostrar la cara perversa de las pandillas", asevera. Tal vez para enmendar la falta, precisamente él quiere ser algún día periodista.

Por mucho tiempo se dedicó a la distribución de droga y el robo a escala mayor. "Eso me dio posibilidades de mucho dinero y carros", algo que, insiste, ha dejado en el pasado.
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Puppet admite que las pandillas se dedicaron también a la extorsión y que muchos pandilleros, a título personal, son contratados por el crimen organizado como sicarios.

Su semblante no admite dudas. En sus brazos y pecho lleva tatuajes que lo han marcado para siempre, ya que un pandillero "nunca deja de ser parte de la pandilla aunque ya no esté activo". Tiene una hija de cuatro años, Puka. Y no abandona nunca su teléfono celular.

Lo que sigue es un fragmento de la conversación que IPS mantuvo con Puppet.

IPS: ¿Cuántos años tenías cuando ingresaste a la pandilla?

PUPPET: Tenía 13 años.

IPS: ¿Qué te motivó?

P: Después que terminó la guerra, esa era la moda. Pura curiosidad. Yo siempre he tenido el apoyo de mi familia, a pesar de mis locuras y en lo que me he convertido. Siempre viví y mantuve una muy buena relación con mis padres. Mi familia nunca fue el motivo para que yo ingresara a la pandilla.

IPS: ¿Pasaste el ritual de iniciación (una golpiza de varios miembros por 18 segundos)?

P: Claro, es la regla.

IPS: ¿Qué hacías en esos días?

P: Nuestras actividades eran proteger y defender a nuestro barrio de otras pandillas, ya que éstos llegaban a robar y abusar de los más chicos. De esa forma nos ganamos el respeto de los residentes de la comunidad, al darse cuenta que nosotros los protegíamos. Una protección que no tenían ni de la policía.

IPS: ¿Cómo se defendían?

P: En un principio no teníamos armas de fuego, sólo contábamos con navajas, machetes, bates y piedras.

IPS: ¿Y ustedes no hacían lo mismo en el barrio dominado por la otra pandilla?

P: Donde yo crecí, aprendimos que las familias y quienes no son miembros de las pandillas no son tus enemigos; tus enemigos son las otras pandillas. Por eso crecimos en miembros. Incluso, en los barrios bajo nuestro control no se exige renta ni hay robos, porque nosotros protegemos esas comunidades.

IPS: ¿Consumen drogas?

P: La droga —marihuana y alcohol— dentro de este medio es normal. Desde el 95 la venta de cocaína y el crack es parte del negocio, pero está prohibido el consumo por los daños a la salud. Nosotros vendemos droga para sobrevivir. La misma policía nos vendía droga que había decomisado en otros lugares. Esa droga la compran abogados, jueces, secretarias, doctores y adinerados.

Por un año fui adicto a la cocaína, pero me di cuenta del daño que me causó y a mi familia; logré rehabilitarme. Dios me ayudó para dejar las drogas.

IPS: Si saben que la cocaína causa daño, ¿por qué la venden?

P: De eso sobrevivimos. A los pandilleros casi nadie les da trabajo. Necesitamos comer, vestirnos, y nuestros hijos ir a la escuela, alimentarse.

IPS: ¿Cómo llegaste a ser líder?

P: Hay mucha gente dentro de la pandilla que me toma en cuenta. Incluso, puedo llegar a cualquier parte del país y me conocen y saben de la capacidad que podría tener para ayudarles a hacer muchas cosas, y posiblemente tengo ese perfil. Cada zona tiene un líder. Lo de los líderes nacionales en el pasado fue una estupidez.

Me reconocen y respetan como líder, quizás porque me conocen como he sido desde muy joven, por mi comportamiento con los 'homeboys' (compañeros). Nunca me ha gustado dañar a la gente de mi barrio. Si uno respeta, lo van a respetar. Incluso cuando a alguien de la misma pandilla se le pasa la mano con los residentes del barrio…

IPS: ¿Qué sucede?

P: Primero me gusta hablar con ellos y plantearles que están haciendo algo incorrecto. Ahora, si ya se habló y el pandillero no comprendió, habrá que castigarlo porque en la pandilla existen reglas. El descontón, una paliza.

IPS: ¿En casos extremos, el ajusticiamiento?

P: También. Eso es una regla de toda organización en todo el mundo.

IPS: ¿Qué significa la violencia para ustedes?

P: Es parte de la historia salvadoreña: violencia intrafamiliar, abuso y abandono infantil, desintegración, violencia delincuencial e institucional, y abusos y tortura psicológica policial y en las cárceles, aunque las autoridades aseguren que las pandillas somos las causantes de la violencia casi de forma exclusiva.

Yo sé de dos pandilleros que se volvieron locos en la cárcel de máxima seguridad de Zacatecoluca (centro del país), producto del encierro total. Uno de ellos terminó comiendo jabón.

Nosotros somos, además de victimarios, víctimas del sistema de violencia del país. La violencia se ha convertido en la compañera de vida para todos los salvadoreños.

IPS: Especialistas en seguridad y autoridades aseguran que las pandillas han sufrido una metamorfosis desde que el gobierno de Francisco Flores (1999-2004) implementó el plan de "mano dura" en 2003 y 2004. De organizaciones juveniles pasaron a bandas criminales.

P: Eso es así en ciertas zonas. En mi caso, estoy en semiclandestinidad. Las pandillas han tenido que buscar otros métodos para sobrevivir en un medio que nos obliga a ya no permanecer en las calles.

Se debe recordar que ha habido cambios en los planes gubernamentales para perseguirnos. Y si ellos dan un paso, nosotros damos otro paso adelante para defendernos de la muerte, de ir a la cárcel. A las pandillas ya no las pueden detener, incluso con la utilización de grupos de exterminio. Por eso nos vinculan al crimen organizado, para tener la solvencia de exterminarnos.

Nos hemos descentralizado y actuamos por grupos. La estructura es más horizontal, los mandos verticales son cosa del pasado. Cuando se necesita una reunión de carácter nacional sólo se convocan a las "piezas" (miembros) que permiten tomar decisiones globales, aunque si se toman decisiones que algunos líderes locales las consideran contraproducentes, no se realizan en ciertos lugares. Existe autonomía.

IPS: ¿Es difícil juntar a varios líderes?

P: … (Sonríe y toma su celular)

IPS: ¿Han pasado a ser parte del crimen organizado?

P: Si fuéramos parte del crimen organizado no tendríamos buena parte de los pandilleros presos y seríamos prósperos, tuviéramos a la policía de nuestro lado, como hacen las mafias en otros países.

IPS: Las autoridades responsabilizan a las pandillas de la mayoría de delitos y de 70 por ciento de los asesinatos.

P: No es humanamente posible… Muchos grupos se escudan en las pandillas. Somos los chivos expiatorios. Existen otros grupos criminales, hay mucha gente que tiene hambre y que comete hechos delictivos. Pero, como dice el refrán, "hazte de fama y échate a dormir".

IPS: ¿Cuál es tu futuro como pandillero?

P: En mi zona, mi "clica" (pandilla) está desarticulada. La gran mayoría está preso, y el que sale, casi de inmediato lo vuelven a encarcelar, haya o no delinquido nuevamente. La policía y la fiscalía meten a la cárcel a los pandilleros sin pruebas.

Tengo amigos que por años ya no estaban activos en la pandilla y sólo por vivir en mi barrio los han capturado nuevamente, los han vinculado a delitos en los que no estaban involucrados y han condenado a muchísimos años de cárcel.

Quiero terminar de estudiar y ser periodista. Mi meta, dentro de cinco años, si no estoy preso, es vivir en un lugar estable, trabajar y quizás tener un nuevo hogar, otro hijo. Ayudarle a mi Puka.

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