TRABAJO-BRASIL: Crece empleo, persiste informalidad

Brasil celebró haber llegado a 30 millones de puestos de trabajo con «cartera firmada», es decir formales, aunque aún representa menos de un tercio de la población económicamente activa, lo cual indica una elevada informalidad en la economía.

Los datos del Ministerio de Trabajo y Empleo, que llegan hasta mayo, destacan la generación de 1,75 millones de nuevo empleos en los 12 últimos meses, 6,2 por ciento más que en igual período anterior, con lo cual la cantidad de trabajadores formales superó por primera vez en la historia del país los 30 millones.

Eso significa un crecimiento superior al del producto interno bruto (PIB), que fue de 5,4 por ciento el año pasado y se prevé que bajará a menos de cinco por ciento este año.

Esa tendencia debe sostenerse en lo que queda del año, aseguró el ministro de Trabajo, Carlos Lupi, pese al aumento de la inflación y de la tasa de interés del Banco Central, elevada de 11,25 a 12,25 por ciento en los tres últimos meses para contener presiones inflacionarias.

Aun si la crisis internacional se agrava, el empleo en Brasil seguirá en expansión vigorosa, aunque a un ritmo un poco más lento, avaló Lauro Ramos, coordinador de Mercado de Trabajo del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), órgano gubernamental de apoyo a planificación de largo plazo.

La generación de puestos de trabajo supera el PIB porque, además del crecimiento económico acentuado en los últimos años, el aumento de equipos de inspectores del Ministerio del Trabajó obligó a las empresas a cumplir con las leyes laborales, indicó Hamilton Moretto, investigador del Centro de Estudios Sindícales y de Economía del Trabajo (CESIT), de la Universidad de Campinas (Unicamp).

En muchos casos "compensa formalizar la relación ante el riesgo y los costos más elevados de una multa y otras puniciones", sostuvo Moretto ante la consulta de IPS.

El aumento del empleo formal en Brasil, inicialmente impulsado por un fuerte incremento de las exportaciones, ocurre desde la devaluación de la moneda nacional frente al dólar en 1999 y de forma más acentuada a partir de 2003, recordó.

Luego la industria, especialmente en São Paulo, revertió la reducción absoluta de empleos provocada por la reestructuración productiva de los años 90.

La recuperación tiene lugar después de más de 20 años de recesión económica y de una evolución "errática" de la economía desde entonces, hasta el crecimiento de los últimos años, señaló Moretto.

"El gran problema es cómo inhibir la rotación de la mano de obra, que no disminuyó y no se altera por el crecimiento económico", destacó, refiriéndose a que incluso el empleo formal en Brasil es extremadamente inestable, con un tercio de los trabajadores perdiendo o cambiando de trabajo cada año.

Sigue muy elevada la cantidad de despidos antes de cumplidos los tres meses de admisión, cuando las empresas están exentas de algunas obligaciones laborales, acotó.

Pese al progreso de los últimos años, los trabajadores en la informalidad, como los que actúan por cuenta propia en labores domésticas sin derechos sociales, a veces sin remuneración, o en el comercio ilegal, suman la misma cantidad de los formales, según las más recientes estimaciones.

"No se logró aún volver a la situación del comienzo de la década de 80, cuanto los de "cartera firmada" alcanzaban 66 por ciento" de la población ocupada, apuntó Moretto.

La llamada flexibilización de las relaciones laborales, recomendada por muchos como condición para superar el alto índice de informalidad, no parece ser una solución, según el profesor de la Unicamp. La enorme proporción de despidos anuales comprueba una gran flexibilidad, ya que "el costo del despido no inhibe" la acelerada rotación de empleados, arguyó.

Pero el economista no cree que el alto nivel desempleo, cuyo índice oficial fue de 8,5 por ciento en abril, ni de ocupación informal sea una tendencia irreversible en Brasil, ante las nuevas tecnologías y sistemas productivos que ahorran mano de obra. Sectores industriales, como el automotor, que aumentaron la productividad por mano de obra empleada, pero son dinámicos, estimulan la creación de empleos en otros sectores, especialmente de servicios.

Además el incremento de la construcción, tanto de viviendas como de infraestructura, estimuladas por el plan de crecimiento económico del gobierno izquierdista de Inácio Lula da Silva, contribuye a que el empleo formal vuelva a los niveles del inicio de los años 80, opinó.

Un estímulo seria un tratamiento diferenciado a las pequeñas empresas, que por su proliferación generan muchos empleos, pero donde el peso salarial cuesta más que en las grandes corporaciones. En Brasil las llamadas microempresas ya disfrutan de ventajas tributarias, pero seria recomendable ampliar los estímulos a favor de más empleos, según Moretto.

Quintito Severo, secretario general de la Central Única de Trabajadores (CUT, la mayor organización sindical de Brasil), destaca la necesidad de "políticas que mantengan el crecimiento económico", especialmente la reducción de las tasas de interés, cuya elevación "afecta la economía y la expectativa de aumento del ingreso" de los trabajadores.

Con más ingreso e inversiones en la producción, especialmente industrial, se fortalece el mercado interno, que es clave para la generación de empleos, destacó a IPS.

Las centrales sindicales intensificaron también el movimiento para reducción de la jornada semanal de trabajo, de 44 a 40 horas, manteniendo el nivel de salarios, como forma de ampliar el empleo formal en Brasil.

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