UCRANIA: Entre el azul y el naranja, la historia

Los políticos prooccidentales de Ucrania promueven un nacionalismo étnico y cultural construido en oposición a Rusia. Ése es uno de los orígenes de la profunda división que sufre ese país, según el historiador ruso Alexei Miller.

Los ucranianos radicados en el occidente del territorio tienden a ver a Rusia como un enemigo eterno, mientras la mayoría de los del este ven a este país vecino como parte de su ser nacional.

El nacionalismo, parte esencial de la plataforma de los partidos prooccidentales ucranianos, ha sido minimizado con frecuencia por la prensa y los analistas internacionales, quienes tienden a concentrarse en su supuesto liberalismo y su afinidad con la economía de mercado.

Miller, experto en nacionalismos de Europa oriental de la Academia de Ciencias en Moscú, conversó con IPS al respecto.

IPS: —¿Cuáles son las principales líneas divisorias de la sociedad ucraniana?

ALEXEI MILLER: —Hay un nacionalismo etno-cultural, según el cual un ucraniano bueno es uno que habla ucraniano y cree que la cultura rusa es foránea.

En contraste, la mayoría de la población del este del país habla ruso y reivindica una cultura combina la rusa y la ucraniana. Se trata de ciudadanos ucranianos leales y patriotas, pero no consideran que la cultura rusa les sea ajena. No necesariamente se preguntan de qué lado estuvieron sus compatriotas durante la Segunda Guerra Mundial ni necesariamente creen que quienes se alinearon entonces con los alemanes son ucranianos ejemplares.

El gran problema, hoy, es que los cultores del nacionalismo étnico creen que el oriente del país es un objeto de ingeniería social. El este, dicen, no es propiamente ucraniano. Mientras, los orientales reivindican el derecho de definir qué significa, para ellos, la "ucranianidad".

—¿El panorama que pinta la prensa ucraniana de la población del este ignora la realidad?

—No tiene ningún sentido, en absoluto. Hay muchos mitos e imágenes falsas dirigidas a legitimar una actitud hacia los ucranianos orientales, según la cual éstos deben ser moldeados para convertirlos en gente adecuada.

Existe una tendencia a describir el este "azul" como tierra de criminales y tiranos, y al occidente y centro "naranja" como representante de la democracia y la orientación económica occidental. Pero ese panorama es falso. La transformación económica de Ucrania oriental es mucho más dinámica que la del oeste.

—¿Cuáles son los orígenes del nacionalismo ucraniano?

— Uno de los elementos cruciales ha sido la emancipación de Ucrania del concepto de nacionalismo ruso, que reivindicaba ese territorio como parte de Rusia.

Los rusos del siglo XIX concibieron diferentes especies de rusos: los Grandes Rusos (lo que hoy conocemos lisa y llanamente como "rusos"), los Rusos Blancos (los de Belarús) y los Pequeños Rusos (los ucranianos).

Esos nacionalistas reivindicaban entonces el territorio de Ucrania, pues consideraba que todos los eslavos del Este eran rusos. Pero eso no significaba que el nacionalismo ruso pretendiera transformar a todos los eslavos orientales en Grandes Rusos.

Los nacionalistas ucranianos debieron inventarse un nombre para su nacionalidad con el fin de separarse de la nación rusa. Hay ejemplos de eso en toda Europa. La cuestión es que, a la hora de construir un proyecto nacional ucraniano, lo primero que se hace es argumentar que Ucrania no es Rusia, para distanciarse de ella, y eso es un legado del nacionalismo ucraniano.

—¿La experiencia soviética afectó al nacionalismo ucraniano de algún modo?

—Hubo diferentes periodos. El proyecto soviético reconocía a Ucrania como nación separada. Los Grandes Rusos se convirtieron en rusos a secas, y eran hermanos con los ucranianos, parientes cercanos que construían juntos un futuro socialista en la forma de la Unión Soviética.

Como la Unión Soviética reconoció a Ucrania como república, un ucraniano podía serlo sin ser hostil a Rusia. (Ucrania occidental fue, hasta 1939, parte de Polonia, y se unió ese año a la Unión Soviética tras el pacto entre Adolf Hitler y José Stalin.)

En los años 20 presenciamos una ucranización de la República Socialista Soviética de Ucrania. Fue, más bien, una reversión del antiguo proyecto ruso, que quedó archivado. Para 1917, había solo una ciudad de su territorio, Poltava, donde la mayoría hablaba el idioma ucraniano. Cuando el régimen soviético lanzó la ucranización, hubo muchas protestas de rusohablantes que fueron ignoradas.

La política de ucranización duró hasta los años 30. A partir de entonces se introdujo gradualmente el idioma ruso, pero aún debemos estudiar qué parte de Ucrania oriental se rusificó antes de 1917 o después de 1945, y hasta qué punto ese proceso respondió a la migración forzada de trabajadores en ambas direcciones, entre otras cosas.

—La memoria de la Segunda Guerra Mundial aún es hoy motivo de disputa en Ucrania.

—La mayoría de los soldados ucranianos, particularmente del este, lucharon en el Ejército Rojo (soviético). Mientras, algunos occidentales, que habían vivido bajo el régimen soviético, terminaron aliados de Alemania.

Pero la memoria de esa guerra fue muy utilizada por la propaganda soviética, según la cual se trató de un conflicto entre la causa justa y la causa errónea. Eso selló profundamente la conciencia de todos los soviéticos, incluidos los ucranianos.

Eso creó una nueva situación, con dos versiones sobre lo que significa ser ucraniano.

—Esa división persiste hasta nuestros días.

—Luego de la anexión de Ucrania occidental por la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial, el control de Moscú fue aun más tirante en el este.

Luego de los años 60 y 70, la idea soviética predominante era que los ucranianos buenos hablaban ruso. Hubo una política de minimizar el estatus de Ucrania. Eso debía cambiar con la independencia, pero no tenía sentido seguir programas para "erradicar la influencia colonial", porque ése era el discurso de los "combatientes" contra el "legado colonial ruso".

—¿Las posiciones son irreconciliables?

—Ambos bandos mantienen mucha hostilidad, como se ha visto en varias elecciones. Pero puede haber un terreno común.

Los del este podrían reconocer que, en las condiciones de la Segunda Guerra Mundial, combatir del lado alemán contra los soviéticos no te convierte necesariamente en un criminal de guerra. Por su parte, el lado occidental debería reconocer que no se puede erradicar el idioma ruso.

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