EEUU-CUBA: Washington ante su propia transición

Pese a la histórica renuncia del presidente cubano Fidel Castro, los estadounidenses deben esperar 11 meses, hasta que se marche su propio mandatario en funciones, para revisar la hostilidad que Washington ha ejercido por casi 50 años contra la isla caribeña.

Crédito: Gobierno de Cuba
Crédito: Gobierno de Cuba
Esta es la conclusión a la que llegan todos los analistas en Washington, al considerar que mientras George W. Bush ocupe la Casa Blanca es nula la probabilidad de algún gesto conciliador de Estados Unidos hacia quien se erija como nuevo líder en Cuba, en especial si es el hermano de Fidel Castro, Raúl.

La decisión de Castro de no aceptar una nueva reelección como presidente, anunciada este martes, "ofrece una extraordinaria oportunidad para rediseñar la política estadounidense y nuestras relaciones con América Latina", pero "no veo a este gobierno aprovechando la ocasión", dijo el coronel retirado Lawrence Wilkerson, quien sirvió como jefe de gabinete del ex secretario de Estado (canciller) Colin Powell, entre 2002 y 2005.

Bush, de gira por África, dijo a la prensa en Ruanda que la partida de Castro "debería ser el comienzo de una transición democrática" y reclamó que Cuba celebre elecciones "libres y limpias" para formar nuevo gobierno.

"Quiero decir libres y limpias, no ese tipo de escenificación electoral que los hermanos Castro tratan de hacer pasar como verdadera democracia", subrayó, insistiendo también en que el primer paso de una transición debería ser la liberación de los presos políticos.
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Si bien Bush no dio señas de que su gobierno esté dispuesto a aflojar el duro embargo económico de 46 años contra Cuba a cambio de reformas, el subsecretario de Estado John Negroponte dijo a periodistas que "no imagino que eso ocurra pronto".

El portavoz de la cancillería, Tom Casey, definió a Raúl Castro —que ejerce las funciones de presidente interino desde julio de 2006 ante la enfermedad de su hermano— como un "Fidel liviano" y "la continuidad de la dictadura castrista".

"Debemos esperar hasta el 20 de enero (cuando se produzca la investidura de quien suceda a Bush) para ver si un nuevo presidente considera que existe una gran oportunidad de hacer algo diferente", dijo Sarah Stephens, directora del Centro para la Democracia en las Américas, firme promotora del acercamiento a La Habana.

Pero las reacciones de los principales precandidatos a la presidencia de las dos grandes fuerzas políticas no han sido alentadoras, si bien los senadores del opositor Partido Demócrata, Hillary Rodham Clinton y Barack Obama, se mostraron mucho más comunicativos que el favorito republicano, John McCain.

De hecho, el senador McCain se hizo eco del gobierno: "La libertad del pueblo cubano no está cercana aún, y los hermanos Castro intentan mantenerse en el poder", dijo en un comunicado difundido desde su oficina de campaña, que tampoco se refirió a si Washington debería prepararse para aliviar el bloqueo o aproximarse a un nuevo gobierno, en reconocimiento de posibles reformas.

"Hay que presionar al régimen cubano para que libere sin condiciones a los presos políticos, legalice a todos los partidos, sindicatos y medios de prensa y convoque elecciones con observación internacional", agregó la declaración.

Clinton también reclamó al gobierno cubano la libertad de los presos y la implementación de reformas.

"Las nuevas autoridades afrontarán una dura opción, continuar con las políticas fracasadas del pasado que ahogaron las libertades y atrofiaron la economía, o dar un paso histórico sumando a Cuba a la comunidad de naciones democráticas", dijo.

"Le diría a la nueva dirigencia que el pueblo de Estados Unidos está listo para acercarse, si toma el rumbo de la democracia con reformas sustanciales", añadió.

La precandidata demócrata sostuvo que comprometería "a nuestros socios en América Latina y Europa que apuestan con firmeza por una transición pacífica en Cuba y quieren que Estados Unidos juegue un papel constructivo hasta el final".

En un pronunciamiento mucho más breve, Obama reiteró las demandas de Clinton a favor de la libertad de los "presos de conciencia" y subrayó que la renuncia de Castro es un "primer paso esencial, pero lamentablemente insuficiente para llevar libertad a Cuba".

Sin embargo, fue el único de los tres precandidatos en referirse de forma explícita al embargo. "Si el gobierno cubano empieza a conducir a Cuba hacia un cambio significativamente democrático, Estados Unidos debe estar preparado para dar pasos hacia la normalización de relaciones y el alivio del embargo de las últimas cinco décadas", dijo Obama.

En efecto, según una calificación realizada a los tres postulantes de acuerdo a sus posturas políticas en media docena de aspectos vinculados a la política hacia Cuba, el no gubernamental Latin American Working Group dio a Obama el mejor puntaje: una B, comparada con la D que obtuvo Clinton y la F de McCain.

Si bien Obama, como los otros dos, ha votado en contra de levantar el bloqueo y la prohibición de viajes de ciudadanos estadounidenses a Cuba, adoptó posturas mucho más liberales en cuanto a permitir que los cubano-estadounidenses visiten y envíen dinero a sus familias en el país isleño.

Los aspirantes a la presidencia se mueven con mucha cautela para evitar el rechazo de la muy organizada comunidad cubana anticastrista del sureño estado de Florida, un distrito clave para definir los comicios de noviembre y que de hecho inclinó la balanza a favor de Bush en las elecciones de 2000.

"Uno espera que cualquier candidato demócrata se adhiera a un postura de centro, o incluso más de derecha, para evitar la catástrofe electoral de 2000 en Florida", opinó el experto en Cuba, Peter Kornbluh, del no gubernamental National Security Archive.

De hecho, varios importantes legisladores de origen cubano se apuraron este martes a advertir que, pese al anuncio de Castro, no tiene sentido un cambio de política. "Por ahora nada ha cambiado en la Cuba totalitaria", dijo el representante republicano Lincoln Diaz-Balart.

Su colega y correligionaria Ileana Ros-Lehtinen, integrante del Comité de Asuntos Exteriores de la cámara baja, se mantuvo en la misma línea.

"No importa si Fidel, Raúl o cualquier otro es nombrado jefe de lo que sea en Cuba", afirmó.

Observadores independientes no consideran la partida formal de Fidel del mismo modo.

Su renuncia "es una señal de que habrá más espacio para otros", apuntó Julia Sweig, especialista en Cuba del Consejo de Relaciones Internacionales, quien estima posible que Raúl promueva cambios en la agricultura y la pequeña empresa con el fin de reducir el papel del Estado en la economía, un proceso ya ha iniciado en su interinato.

También bajo la administración de Raúl Castro se produjo el domingo la liberación de cuatro prominentes presos políticos que formaban parte del grupo de 75 detenidos y condenados en 2003 bajo cargos de conspiración.

Para muchos, Washington debería utilizar la renuncia de Castro como oportunidad para tender una mano al nuevo régimen, si no por otra razón, al menos para "obtener un enorme apoyo internacional y en especial de América Latina", según Sweig.

"Raúl Castro ya ha dicho en tres oportunidades que está interesado en un diálogo sin condiciones con Washington para intentar resolver los asuntos bilaterales más relevantes", subrayó William LeoGrande, especialista en Cuba de la American University y decano de su Escuela de Gobierno.

"Las autoridades cubanas están en el proceso de considerar algún tipo de cambio económico, y tendría sentido que Estados Unidos fuera capaz de influir de un modo positivo en él. Pero uno no puede ejercer ninguna influencia si no establece contacto", finalizó.

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