PINTURA-COLOMBIA: El pavo real llega a Venezuela

En las pinturas del colombiano Jorge Iván Arango puede haber 1.000 o 2.000 pinceladas, pero quien mira uno de sus cuadros cree ver millones de trazos ágiles, alargados, puntiagudos y portadores de los colores más conocidos y también los más inverosímiles de la naturaleza en la zona tórrida americana.

Por algo el novelista y compatriota suyo Álvaro Mutis (autor del "Maqroll el Gaviero") afirmó que Arango es "el pavo real de la paleta", equiparando el esplendor cromático de sus óleos con el siempre fascinante despliegue de esa ave multicolor.

Arango ha exhibido sus pinturas en Estados Unidos, Italia, México y Perú, y desde esta semana muestra en la galería caraqueña Tamanaco una selección de trabajos "que son un homenaje a la integración de nuestros pueblos, al fin y al cabo uno solo, y al padre común y libertador Simón Bolívar", como dijo a IPS.

La exposición se bautizó "Manto de Iris", evocando la frase "Yo venía envuelto en el manto de Iris", con la que comienza la pieza literaria "Mi delirio sobre el Chimborazo", que Bolívar escribió en octubre de 1822 en la ciudad ecuatoriana de Loja.

Uno de los cuadros de Arango se titula "Propuesta de bandera bolivariana", recreación, desde hojas, ramas y flores con decenas de tonalidades, de las franjas horizontales amarilla, azul y roja que comparten como símbolo patrio Venezuela, Colombia y Ecuador.

En la decena de piezas que trajo está "La Jungla", donde pareciera que la totalidad del reino vegetal midiese 140 por 97 centímetros, o "El Tronco" y "La Cascada", los cuales "son formas de recoger la naturaleza, pero en la riqueza que no es posible atrapar con esos cuadros inertes o bodegones", dijo Arango.

También llegaron elaboraciones de mayor abstracción como "Reflejos", óleo en el que dijo haber "luchado contra cuatro luces" que se proyectan al centro del cuadro desde los ángulos, así como también la naturaleza y la luz se encuentran y combaten hasta armonizar en las obras tituladas "Día y noche", "Re sostenido menor" y "La noche".

El fallecido escritor y periodista colombiano Germán Vargas Cantillo sostuvo que en la pintura de su país "sólo hay dos artistas que logran con su obra lo esencial de la naturaleza, nuestra fauna y nuestra flora en geometría, sin ser copistas de esa misma naturaleza: Alejandro Obregón y Jorge Iván Arango".

Obregón (1920-1994) fue un expositor del expresionismo romántico que rechazaba el academicismo, pues, como decía, "no creo en las escuelas de pintura". "La pintura es una expresión individual y hay tantas tendencias como personalidades", añadía.

Arango dijo a IPS que, si debe bautizar de algún modo a su pintura, la llamaría "jorgeivanesca", aunque admite que "puede ser hipermoderna, porque pasa del modernismo" y reconoce influencias del precursor ruso de la abstracción, Vassily Kandinsky, y del fauvismo surgido en Francia hace un siglo.

"También todos reconocemos los permisos que nos da (el español Pablo) Picasso para llegar a la soltura en el arte. Pero en realidad esta es una pintura original nuestra, que no sigue a ninguna de las corrientes europeas", señaló Arango.

Agregó que, cuando algún pintor ha copiado su técnica, estilo o propuesta de un óleo en particular, algunos allegados le han sugerido demandarlo por plagio, a lo que se ha negado en redondo pues "¿qué haríamos todos demandándonos a todos, como si alguien demandase a Picasso o quizá Picasso a nosotros?"

Arango prefiere continuar con las investigaciones plásticas a las que ha dedicado 30 de sus 59 años de vida, y que luego de estudios de arquitectura y bellas artes le han llevado a la paleta, pero también a la escultura, la cerámica y el muralismo.

Para su admirador y embajador de Bogotá en Caracas, Fernando Marín, Arango es "el muralista más importante y destacado de Colombia", y pone como ejemplo el Mosaico Mural Monumental, de 327 metros cuadrados que es emblema de la ciudad de Bucaramanga, en el oriental departamento colombiano de Santander.

Allí Arango, como ha hecho en sus lienzos, recoge la exuberante flora que conoció de niño en la finca santandereana "Los Paragüitas", donde vio a su padre cultivar especies botánicas en medio de los sembrados de caña de azúcar que daban vida a la economía de Bucaramanga.

Pero también la más llamativa especie de fauna en esa región, las famosas y comestibles "hormigas culonas" (Atta laevigata), que ya usaban como parte de su dieta los aborígenes Guanes que habitaban la zona hace cinco siglos y cuya captura y preparación se distrae en explicar un Arango satisfecho de mostrar por primera vez su obra en el país de al lado.

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