CAMBIO CLIMÁTICO: Mercado de valores recalentados

El embrión de la integración del mercado global de carbono comenzó a tomar forma en Portugal, bajo una lluvia de críticas al rechazo del gobierno estadounidense de George W. Bush a las metas que se impuso la comunidad mundial para reducir la emisión de gases invernadero.

Los jefes de 14 delegaciones gubernamentales firmaron en Lisboa un documento que establece la cooperación y el desarrollo de acciones concretas en esta sensible materia ambiental, así como el intercambio de experiencias e información tecnológica entre los signatarios.

Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Holanda, Italia, Noruega, Nueva Zelanda, los estados estadounidense de California, Nueva Jersey y Nueva York, así como la provincia canadiense de Columbia Británica, dieron vida y fuerza a la Asociación Internacional para la Acción contra el Carbono (ICAP por sus siglas en inglés).

Esta nueva asociación es una forma de presión a los países que aún no ratificaron el Protocolo de Kyoto, firmado en esa ciudad japonesa en 1997 en el ámbito de la Convención sobre cambios climáticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1992, y en el cual se fija el compromiso de reducción de gases de efecto invernadero.

En ese convenio, que entró en vigor en febrero de 2005, se estableció que las naciones industrializadas deben abatir para 2012 las emisiones de esos gases considerados responsables del recalentamiento global a volúmenes 5,2 por ciento inferiores a los de 1990. El principal gas contaminante es el dióxido de carbono (CO2).

En ese marco nació el llamado mercado de carbono, destinado a facilitar a los países ricos obligados por el Protocolo a alcanzar sus objetivos de reducción de gases mediante inversiones en proyectos limpios en otras naciones.

Estados Unidos y Australia, son los únicos dos países industrializados que no firmaron el Protocolo de Kyoto. China, India y Brasil, tres grandes emisores mundiales de gas, no están obligados a cumplir el compromiso por su estatuto de países en desarrollo.

Las críticas más ácidas a Bush se originaron en la videoconferencia del gobernador del occidental estado de California, Arnold Schwarzenegger, ambos del Partido Republicano, que había confirmado su viaje a Lisboa, pero que debió suspenderlo debido a los graves incendios registrados en su distrito.

"Sólo porque Washington no está encabezando el proceso de las alteraciones climáticas, eso no quiere decir que los americanos (estadounidenses) no tengan una gran participación en el combate a este problema", afirmó el actor ahora convertido en político, que sigue usando sus dotes histriónicas para lanzar un mensaje duro y que pretende ser convincente.

La reunión del lunes en Lisboa fue calificada por el gobernador de "paso histórico", recordando que California "creó el primer mercado de carbono del mundo", ejemplo que, señaló, "ya fue seguido por otros 26 estados norteamericanos (estadounidenses)", lo cual le alienta para continuar en "la línea del frente" en el combate al recalentamiento global.

En la sala, escucharon con atención el presidente semestral de la Unión Europea (EU) y primer ministro de Portugal, José Sócrates, el titular de la Comisión Europea (brazo ejecutivo del bloque), el también lusitano José Manuel Durão Barroso, el comisario comunitario de Ambiente, Stavros Dimas, así como ministros, o sus representantes, y gobernadores estaduales.

Al intervenir en el encuentro, Sócrates sostuvo que "el mercado y el ambiente no tienen porqué ser enemigos, sino por el contrario, pueden ser adversarios de un enemigo común: las alteraciones climáticas", subrayando que ese es el mensaje que la UE quiere pasar hoy al resto del mundo.

La ICAP permitirá a los países a sobrepasar las cuotas de producción de gas con efecto invernadero y negociar derechos de emisión con otros estados, lo que reduciría el costo de los cortes de emisiones.

Cálculos del Banco Mundial divulgados a inicios de éste año, indican que en los primeros nueve meses de 2006, el mercado del carbono alcanzó a 22.000 millones de dólares, un valor que duplicó en relación a 2005.

La creación de un mercado de carbono "es la mejor forma de combatir el flagelo de las alteraciones climáticas", dijo Sócrates y explicó que sólo de esa manera "comenzamos a tener costos para la polución, lo que es el mejor estímulo para el cambio de consciencias e innovación tecnológica", así como más eficiente y económica para enfrentar los cambios climáticos.

"Mientras más transacciones tengamos, mejores resultados vamos a obtener", opinó el gobernante lusitano, que calificó el mercado del carbono de muy relevante para ayudar a los países del Sur del mundo en el combate al cambio climático, "y no por caridad, sino para exportar desarrollo sustentable".

Durão Barroso, por su parte, calificó el documento firmado en la víspera de "señal" para otros países, especialmente para los industrializados como Estados Unidos, que al tener "una responsabilidad especial", puesto que es responsable de más del 20 por ciento de las emisiones de gases invernadero en el mundo, deberían asumir el liderazgo de la reducción de las emisiones.

"Fijar un precio al carbono es el impulso vital necesario para asegurar un saludable mercado de tecnologías limpias, es una de las prioridades para la innovación, la creación de mercados y la actividad futura", expresó el presidente de la Comisión de la UE.

"Estamos desilusionados porque nuestro gobierno federal no está aquí", expresó por su parte Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York, quien sin embargo se mostró optimista sobre el futuro, ya que confesó "no tener dudas" de que el sucesor de Bush va a adoptar una postura diferente y asumirá "la enormidad" del problema de los cambios climáticos.

El Protocolo de Kyoto había sido firmado por el entonces gobierno de Bill Clinton (1993-2001), del hoy opositor Partido Demócrata, pero Bush retiró la firma poco después de asumir la presidencia.

El cambio climático, respondió Spitzer a una consulta de IPS, "es talvez el mayor desafío global que enfrentamos", por lo que tratar del problema "es una obligación moral".

Linda Adams, directora de la Agencia para Protección del Ambiente de California, subió al palco en representación de Schwarzenegger, para advertir que, en caso de no tomarse medidas, en ese Estado el escenario sería tan dramático al final del siglo, que la temperatura podría aumentar 10 grados, con gravísimas consecuencias, en especial en el abastecimiento de agua.

El común denominador de todos los participantes fue la absoluta necesidad de la participación de Estados Unidos en un mercado global de carbono.

"Espero que la presencia de gobernadores de Estados Unidos signifique que podamos trabajar juntos para la creación de este mercado global de emisiones de carbonos", apuntó por su parte el comisario Dimas, quien deploró "la postura negativa" de Bush sobre el Protocolo de Kyoto.

El ministro portugués de Ambiente, Francisco da Graça Nunes Correia, consideró que "esta acción de la ICAP, demuestra que la política climática no es únicamente un imperativo moral, sino también una buena política económica" y subrayó que solo un futuro de bajo carbono puede evitar un desastre de consecuencias económicas, de seguridad y humanitarias.

Nunes Correia recordó que la UE decidió en la pasada primavera boreal reducir hasta 20 por ciento sus emisiones contaminantes y hasta 30 por ciento, si otros países industrializados asumieren igual compromiso.

Este martes, este funcionario portugués preside en Luxemburgo un consejo con sus pares de la UE, destinado a preparar una postura común de los 27 países del bloque para la conferencia de Bali, donde representantes de todo el mundo se reunirán entre el 3 y el 14 de diciembre para intentar un nuevo acuerdo global sobre recalentamiento del planeta, sustituto del Protocolo de Kyoto.

La organización no gubernamental ambientalista Quercus, en declaraciones a los periodistas al margen de la conferencia, aplaudió la reunión de Lisboa calificándola de "primer paso" a favor de la creación de un mercado global del carbono y "una forma de presión sobre Estados Unidos, que aún no ratifica el Protocolo de Kyoto".

Francisco Ferreira, presidente de Quercus, dijo que es "un mensaje mundial, porque Europa ya tiene un mercado de carbono y las grandes empresas ya compran y venden derechos de emisión de carbono"

Ahora, se trata de ejercer una presión cada vez mayor a Estados Unidos "para que la futura administración pueda adoptar este sistema global", concluyó el activista.

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