EEUU-IRAQ: Duelo al sol entre un almirante y un general

En contraste con algunos legisladores que esta semana trataron como una celebridad al general David Petraeus, comandante de las fuerzas de Estados Unidos en Iraq, su superior inmediato lo ridiculizó en la primera reunión que tuvo con él en marzo, en Bagdad.

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El almirante William Fallon, jefe del Comando Central estadounidense, con jurisdicción sobre Medio Oriente, le dijo a Petraeus que lo consideraba "una pequeña basura besa culos", según fuentes del Departamento (ministerio) de Defensa que conocen los detalles de la audiencia.

"Odio a esta clase de gente", agregó Fallon, en respuesta a comentarios de su subalterno que él interpretó como un intento de adularlo.

En la visita de Fallon a Bagdad hubo otras reuniones entre ambos, todas ellas caracterizadas por una extrema tensión. El jefe del Comando Central, incluso, llegó a desarrollar una estrategia alternativa a la recomendación de Petraeus de continuar incrementando la presencia militar estadounidense en Iraq.

La enemistad entre ambos comandantes se hizo pública cuando el diario The Washington Post publicó el domingo un informe sobre las discrepancias dentro del gobierno de George W. Bush sobre la estrategia en Iraq.
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El periódico citó a un funcionario quien, escudado en el anonimato, dijo a su entrevistador que calificar a la relación entre ellos como "mala" sería reducir el problema a su mínima expresión.

Según las fuentes, el episodio reflejó tanto el disgusto de Fallon por el estilo de Petraeus como sus diferencias políticas sobre la guerra.

El jefe del Comando Central insultó a su subordinado un mes después de que Petraeus aceptara una misión directa del presidente Bush: convertirse en su vocero para convencer al Congreso legislativo de las bondades de aumentar la cantidad de soldados estadounidenses en Iraq.

A principios de febrero, Petraeus, quien aún no había asumido el mando de las tropas en Iraq, se instaló en la oficina del representante Mitch McConnell, del gobernante Partido Republicano, en vísperas del debate en el Senado sobre el incremento de tropas. Asumía así un papel político altamente inusual para un militar.

Según The Washington Post, varios senadores fueron invitados a la oficina de McConnell para escuchar los argumentos del general en favor de la ofensiva en Iraq.

Fallon se opuso a esa misión por considerar que, al cumplirla, Petraeus ubicaba su propio interés personal por encima de la responsabilidad de establecer una sólida estrategia militar en Medio Oriente y Asia sudoccidental, el principal cometido del Comando Central.

El almirante consideraba que Estados Unidos debía retirar tropas de Iraq en forma urgente, dadas las mayores amenazas que percibía en otras partes de la región. "Está muy preocupado por Pakistán y tratando de mantener un dificultoso statu quo con Irán", señaló una fuente que conoce su pensamiento.

Cuando el almirante se hizo cargo del Comando Central, en marzo, Pakistán se había convertido en el principal santuario de la red terrorista Al Qaeda, desde donde planificaba y ordenaba sus operaciones. Asimismo, lo consideraba un país muy inestable, poseedor de armas nucleares y el mayor número de extremistas islámicos en el mundo.

Los planes para incrementar las tropas en Iraq limitaban las opciones de respuesta de Estados Unidos en caso de que surgiera una crisis en la región.

Según el diario The New York Times, Fallon estaba determinado a obtener resultados lo antes posible. La idea de una guerra prolongada le daba la imagen de un conflicto extendido, del que Iraq era sólo un capítulo.

El almirante también expresó grandes dudas sobre la idea básica que sustentaba la ofensiva en Iraq, según la cual esa estrategia allanaría el camino hacia la reconciliación política en ese país.

El informe del 9 de septiembre de The Washington Post incluía declaraciones de otro funcionario del gobierno, también anónimo, para quien Fallon afirmó desde el primer día que la estrategia no funcionaría.

Una de las primeras indicaciones del almirante a sus subordinados, cuando asumió el Comando Central, fue evitar el empleo del término "guerra prolongada", que tanto Bush como el secretario (ministro) de Defensa, Robert Gates, usaban para describir la lucha contra el terrorismo.

Fallon señaló su disconformidad con la política de ocupación de Iraq por tiempo indefinido. Fuentes militares explicaron que le preocupaba el concepto de una guerra prolongada, que podría enfadar al público árabe, pues sugería que Estados Unidos permanecería indefinidamente en Medio Oriente.

El almirante comenzó a elaborar planes para redefinir la misión estadounidense en Iraq, que incluían el retiro de tres cuartas partes de las tropas en ese país para fines de 2009, según The Washington Post.

El conflicto entre Fallon y Petraeus alcanzó su máxima intensidad en septiembre. Según el diario, el almirante expresó ideas totalmente opuestas a las del general en una charla con Bush.

Mientras Petraeus defendió el aumento de la presencia militar estadounidense en Iraq, Fallon recomendó una retirada estratégica para contar con tropas suficientes que permitieran responder a otras amenazas potenciales en la región.

El almirante siente un "disgusto visceral" por lo que considera una conducta obsecuente de Petraeus, una percepción que, según una fuente militar, tiene profundas raíces institucionales.

Fallon tiene 35 años en la Armada estadounidense, operando en una cultura institucional según la cual se espera que un oficial haga enemigos mientras avanza en su carrera.

"Si usted es capitán, y no tiene dos o tres adversarios, no está haciendo bien su trabajo", comentó la fuente.

El almirante se ganó una reputación de no evitar el conflicto con figuras poderosas cuando se desempeñó como jefe del Comando del Pacífico, desde febrero de 2005 hasta marzo de este año.

En ese sentido, presionó vigorosamente para que se adoptara una línea conciliadora hacia China, lo cual lo enfrentó con otros militares y funcionarios del gobierno que señalaban al gigante asiático como un futuro rival y una amenaza.

Fallon demostró su independencia una vez más en febrero, cuando se opuso a la propuesta de enviar al golfo Pérsico (o Arábigo) una tercera fuerza de tareas de portaaviones y sus naves escolta.

Cuestionó la necesidad militar de ese movimiento, que podría haber indicado a Irán una disposición de ir a la guerra. También dijo que prefería renunciar antes que aceptar un conflicto armado con el régimen islamista en Teherán.

Por el contrario, un elemento clave en la carrera de Petraeus en el ejército fue servir como ayudante de generales en altas posiciones de comando.

Fue asistente ejecutivo del jefe de Estado Mayor del ejército, general Carl Vuono, y luego del jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas, general Henry Shelton. La experiencia le señaló que cultivar la relación con oficiales superiores era la llave del éxito.

Los contrastantes estilos de ambos comandantes y sus diferencias respecto de Iraq se unieron para producir uno de los enfrentamientos más intensos entre líderes militares en la historia reciente de Estados Unidos.

* Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad nacional de Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra en Vietnam", su último libro, fue publicado en junio de 2005.

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