AMBIENTE-CUBA: Preparados para la adversidad

Las autoridades cubanas desactivaron el dispositivo montado en todo el territorio para minimizar el impacto del huracán Dean, que tras pasar de largo frente a sus costas causó estragos en Jamaica y otras islas del Caribe y llegó este martes casi sin fuerzas a la península de Yucatán.

"Esta vez nos libramos… Veremos qué pasa con el próximo", dijo a IPS Caridad Ramírez, residente en el municipio habanero de Plaza y a escasas cuadras del mar, mientras guarda un paquete de velas, cuatro pilas para su pequeña radio y tres latas de pescado en conserva que compró para "esperar a Dean".

"Siempre hay que tener algo. Cuando pasa un ciclón cortan el gas, la luz, no hay agua. Son días complicados", comentó. Quizás alcance a engrosar con otras compras su modesta reserva o tal vez no. Ramírez, de 50 años, sólo adhiere a la divisa de que, también en materia de huracanes, más vale prevenir que lamentar.

Dean, el primero de la temporada ciclónica que se extiende de junio a noviembre, obligó a la evacuación de varios miles de personas, principalmente en Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma, en la porción más oriental del país, especialmente para protegerlas de las marejadas y penetraciones del mar.

Las autoridades también informaron sobre daños en viviendas e instalaciones sociales costeras, especialmente en esos territorios. En algunos puntos, el mar penetró 11 metros con olas de cinco a siete metros, y se sintieron rachas de hasta 80 kilómetros por hora. No se reportaron personas muertas o heridas.
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La protección de personas y recursos en situaciones de desastres en Cuba está a cargo de la Defensa Civil, un organismo adscrito al Ministerio de las Fuerzas Armadas bajo cuya dirección se pone a punto todo el sistema de prevención en cuanto se avizora la formación de una depresión tropical en el área.

Las fases que se establecen ante la amenaza de un ciclón tropical, que son informativa, alerta, emergencia y recuperativa, permiten poner en marcha una serie de medidas para enfrentar el fenómeno, entre ellas la masiva evacuación de familias que residen en zonas en peligro de inundaciones u otros riesgos.

En materia informativa, el jefe del Centro de Pronósticos el Instituto de Meteorología, José Rubiera, y su equipo de expertos concentran la atención nacional con sus continuos reportes sobre el seguimiento, paso a paso, del ciclón y su trayectoria.

"A veces nos parece exagerado, pero es mejor saber lo que está sucediendo", comentó Ramírez.

Todo este sistema se diseñó, y con el tiempo se fue perfeccionando, tras la dramática experiencia del huracán Flora que del 4 al 7 de octubre de 1963 devastó la región oriental y ocasionó la muerte de más de 1.000 personas e incalculables pérdidas económicas.

En la actualidad, Cuba cuenta también con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que coordina proyectos para promover la reducción del riesgo de desastres mediante sistemas de alerta temprana e innovaciones para la construcción de viviendas más resistentes a los huracanes.

El PNUD y otras agencias del sistema de la Organización de las Naciones Unidas presentes en Cuba también respaldan la creación en los últimos años de los Centros de Gestión de Riesgos en los territorios con mayor peligro de desastres y cuyo funcionamiento descansa en las autoridades municipales del lugar.

Según fuentes oficiales, estas entidades están concebidas para favorecer la coordinación interinstitucional requerida para establecer un consenso y definir los roles de todos los actores, incluyendo a la población, en las acciones para la reducción de riesgo.

Por otra parte, la función principal de los centros es recopilar y almacenar la información disponible que, una vez analizada, permita elaborar estrategias, programas y proyectos para reducir la vulnerabilidad y el riesgo en correspondencia con la política del país en materia de defensa civil.

A la vez, Cuba tiene una participación activa en la Iniciativa para el Manejo de Riesgo en el Caribe (CRMI), la red del PNUD para el intercambio de conocimientos y experiencias entre las naciones de la región, superando las barreras lingüísticas y culturales.

"Pensamos que en el Caribe se pueden ayudar unos a otros. Cuba es una fuente importante de capacidad científica, que está dispuesta a compartir con otras naciones del área", comentó a IPS, Karen Bernard directora del CRMI en La Habana.

El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología no hizo público sus predicciones de huracanes para esta temporada, prevista como muy activa por instituciones de Estados Unidos.

William Gray y Philip Klotzbach, investigadores de la estadounidense Universidad Estatal de Colorado, prevén que en el océano Atlántico se formen 17 tormentas tropicales en lo que resta del año, nueve de los cuales alcanzarían la categoría de huracán y de éstos cinco serían intensos, es decir, que llegarían a categorías entre tres y cinco de la escala de Saffir-Simpson.

A su vez, la Administración Nacional Atmosférica y Oceanográfica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés) predijo entre 13 y 16 tormentas tropicales, de las cuales entre siete y nueve podrían convertirse en huracanes, al exceder sus vientos los 118 kilómetros por hora.

La influencia de un evento ENOS (El Niño/fase cálida de la Oscilación del Sur), unido a la frecuente influencia de capas de aire en el océano Atlántico procedentes del Sahara durante agosto, hizo menos activa la temporada ciclónica de 2006 en el Caribe y el golfo de México.

En ese sentido, el año resultó beneficioso para Cuba, pues tras muchos meses de sequía intensa, las tormentas tropicales Alberto y Ernesto proporcionaron lluvias de entre 100 y 400 milímetros en las porciones occidental y oriental del país.

Pero en 2005, la mayor isla del Caribe fue golpeada por los huracanes Dennis, que provocó 16 muertos y daños materiales que sobrepasaron los 1.300 millones de dólares, Rita y Wilma, causante de la mayor inundación de la historia de La Habana por penetración del mar.

En 2004 se registraron 14 ciclones en el Atlántico norte, seis de ellos muy intensos, y Cuba fue gravemente afectada por los huracanes Charley e Iván, con un saldo de tres personas muertas y miles de viviendas destruidas.

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