AMBIENTE-BULGARIA: Sumergida en la basura

Las calles de la capital de Bulgaria se vieron varias veces inundadas de basura en los últimos dos años. Es que esta ciudad de un millón de habitantes es una de las pocas de Europa sin sistema de procesamiento de residuos domiciliarios.

Crédito: Kakanien Revisited Sofia
Crédito: Kakanien Revisited Sofia
"Se trata de una historia de más de 10 años de inactividad de alcaldes y consejeros de Sofia", dijo a IPS Ivaylo Hlebarov, en representación de la asociación ambientalista Za Zemiata (Por la Tierra).

Antes, los desperdicios de la capital se depositaban en un vertedero de Sudohul, en los suburbios. Pero las protestas de los residentes que no querían tener un basural en su patio trasero, obligaron al alcalde de entonces, Stefan Sofianski, a comprometer su cierre definitivo para fines de 2004.

Para octubre del año siguiente, la presión sobre el alcalde se elevó. Al interrumpirse el tránsito de los camiones de basura que iban al vertedero, éste terminó por cerrar.

Desde entonces, el municipio recoge la basura en bolsas de plástico y los almacena en varios sitios en los alrededores de la ciudad. Sin embargo, el Consejo de la Ciudad no contó con aprobación ambiental para la medida.

Según una evaluación realizada en 2005 por la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea (UE), "embolsar los desperdicios domésticos pone en peligro a las personas y al ambiente por las posibles explosiones y los olores que emanan y no se ajusta a la legislación ambiental".

"Las autoridades municipales no realizaron un estudio de impacto ambiental y los sitios donde se almacenan las bolsas no cuentan con la documentación pertinente, por lo tanto son ilegales", explicó Hlebarov.

"Pero el parlamento cambió la normativa al respecto, eliminando los estudios de impacto ambiental para facilitar la creación de nuevos lugares de almacenamiento de desperdicios sin ese requisito, es decir sin consulta pública", añadió.

Entre los sitios elegidos por la alcaldía de Sofia se encuentra Gorni Bogrov, cerca de la capital, y Tsalapitsa, en las proximidades de otra ciudad importante de Bulgaria, Plovdiv, a 135 kilómetros al este de la capital del país.

Tsalapitsa era un vertedero de Plovdiv. La municipalidad de Sofia le pagó a esa ciudad más de 30 millones de dólares para obtener derecho de uso.

Empero, sus residentes no quisieron convertirse en el basurero de Sofia y en marzo organizaron manifestaciones en contra de la decisión.

"Es un verdadero desastre ecológico para nuestro pueblo", señaló un residente de Tsalapitsa a la prensa búlgara. "Tenemos nuestros cultivos y el tipo de basura de la capital es abrumadora, simplemente es demasiado", añadió.

Las protestas en Tsalapitsa cesaron cuando ese municipio recibió más de un millón de dólares para el desarrollo de la infraestructura.

Respecto de cuál es la mejor forma de resolver el problema de la basura en Sofia, Hlebarov mencionó la creación de nuevos vertederos, mejorar un sistema de recolección mediante clasificación y la construcción de una planta procesadora.

También señaló que las organizaciones ambientalistas habían propuestos varios planes de manejo de desperdicios basados en las legislaciones búlgara y europea y las mejores prácticas registradas en el mundo.

El actual alcalde de Sofia, Boiko Borisov, propone que el manejo de la basura sea estatal.

"Quiero dejar este asunto bien claro. La municipalidad mantendrá un control firme en el manejo de los desperdicios, ya sea mediante una empresa conjunta, con dinero de bancos europeos o de inversionistas", declaró Borisov en febrero.

En abril, el alcalde se reunió con especialistas de Jaspers, Joint Assistance to Support Projects in European Regions (Asistencia conjunta para respaldar proyectos en Europa), que brinda apoyo técnico a varios de los 27 países miembro de la UE, para discutir la cuestión del manejo de los residuos sólidos de Sofia.

La alcaldía de Sofía inició el año pasado el proceso de búsqueda de inversionistas para construir una planta de procesamiento de desperdicios. Unas 40 empresas se mostraron interesadas, pero las autoridades dieron marcha atrás alegando que ellas sólo habían propuesto el procedimiento de evaluación del entorno comercial.

La prensa búlgara destacó que la naturaleza del llamado y el perfil de las compañías que se presentaron mostraban claramente las intenciones de las autoridades de construir un incinerador y no una planta para reciclar los residuos.

Organizaciones ambientalistas advirtieron que los fondos de la UE se otorgarían, con seguridad, para la construcción de una planta de reciclado y no de un incinerador, pero la municipalidad parece preferir éste último método porque de paso soluciona el problema de las bolsas de basura acumuladas.

Los residuos sin clasificar de esas bolsas ahora ya no se pueden reciclar.

Sin embargo, los argumentos contra la incineración de basura son varios. Por ejemplo, las emisiones a la atmósfera de furano, dioxinas y metales pesados, además de los altos costos de su construcción y su funcionamiento, entre otros asuntos.

Las autoridades de Sofía pueden ser indiferentes a esos riesgos. Los peligros para la salud humana y el ambiente no les impidieron embolsar los residuos sin clasificar. Y tampoco les va a impedir construir un incinerador para deshacerse en forma rápida de la basura que se acumula en las calles de esta capital.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales).

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