DESARME-AMÉRICA LATINA: Celebración antinuclear

América Latina y el Caribe celebraron este miércoles el 40 aniversario de un pacto que libró a la región de armas nucleares y la catapultó como activista del desarme mundial.

El Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, también conocido como Tratado de Tlatelolco, fue el primero en su tipo y ejemplo que animó a otras regiones a crear instrumentos similares.

Sin embargo, el organismo encargado de administrarlo agoniza por problemas económicos.

Los 40 años del Tratado de Tlatelolco se celebraron con una ceremonia y un seminario académico en la sede de la cancillería mexicana.

Tlatelolco es la zona de la capital mexicana donde se encontraba la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores el 14 de febrero de 1967, cuando se firmó el instrumento.
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México fue su principal impulsor luego de la peligrosa "crisis de los misiles" de 1962, cuando Estados Unidos y la entonces Unión Soviética estuvieron cerca de un enfrentamiento a raíz del despliegue de proyectiles soviéticos en territorio cubano.

Todos los países de la región han firmado el Tratado de Tlatelolco, que prohíbe desarrollar e instalar cualquier tipo de armamento nuclear en la zona. Argentina y Cuba mantuvieron por varios años su renuencia a adoptarlo. Buenos Aires lo ratificó en 1994, mientras La Habana lo firmó en 1995 y lo ratificó en 2002.

El cumplimiento del Tratado recayó en el Organismo para la Prescripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Opanal), que consiguió de las grandes potencias atómicas —Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China— su adhesión a Tlatelolco con un anexo que las compromete a no emplear ese armamento en esta parte del mundo.

Además, Opanal asesoró e impulsó a la creación de otras zonas libres de armas nucleares.

Hoy 109 países se encuentran en esas zonas que adoptaron instrumentos similares: América Latina y el Caribe, el Pacífico Sur (Tratado de Raratonga, 1986), el Sudeste Asiático (Tratado de Bangkok, 1997), África (Tratado de Pelindaba, 1996), así como cinco naciones de Asia central que firmaron un acuerdo en septiembre de 2006 en Semipalatinsk.

Para impulsar el desarme global, los países se han comprometido en varias ocasiones a fortalecer el Opanal, cuya sede está en México.

Pero no han cumplido. Según informes internos, el Opanal sufre graves problemas financieros y podría pronto cerrar sus puertas, pues muchos miembros no cumplen con el pago de sus contribuciones al organismo, cuyo presupuesto anual es de unos 300.000 dólares.

El preámbulo del Tratado de Tlatelolco indica que las zonas militarmente desnuclearizadas "no constituyen un fin en sí mismas, sino un medio para alcanzar en una etapa ulterior el desarme general y completo" del mundo.

El martes, en la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas que se celebra en Ginebra hasta fines de este mes, delegados latinoamericanos señalaron que "la sola existencia de las armas nucleares representa una amenaza para la seguridad de la humanidad" y pidieron su total eliminación como "la única garantía absoluta en contra de su uso o amenaza de uso".

La declaración, firmada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela, indica que las zonas libres de armas nucleares "cumplen una importante función en el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear y contribuyen a la causa del desarme".

"El Tratado de Tlatelolco fue pionero y luz de otros instrumentos, pero lo más importante es que libró a la región de muchos dolores de cabeza, conflictos y gastos vinculados a las pretensiones de tener armas nucleares", dijo a IPS el abogado en derecho internacional y profesor universitario, Santiago Vélez.

La organización ambientalista Greenpeace felicitó a la región por sostener el compromiso antinuclear y sugirió a los países dar otro paso: frenar el uso de la energía atómica para producir electricidad. Preocupa a los ecologistas el peligro de accidentes, la acumulación de desechos muy tóxicos y la poca transparencia que suele rodear a esa actividad.

Sin embargo, los planes de Argentina, Brasil y México, únicos que utilizan esa fuente de energía en la región, indican poco eco a esa preocupación.

Los adherentes al Tratado de Tlatelolco han reafirmado su "derecho inalienable" a investigar y desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos.

Brasil, uno de los nueve países del mundo que enriquecen uranio —insumo esencial de la energía nuclear—, se propone instalar un tercer reactor, mientras Argentina y México buscan pasar de dos a cuatro.

Con esos planes, la proporción de electricidad generada en reactores nucleares, que hoy no supera 3,5 por ciento del total regional, podría más que duplicarse en una década.

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