POBLACIÓN-SINGAPUR: Bebés o inmigrantes

El llamado patriótico del primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, fue radical: o nacen más bebés o el país se verá obligado a abrir las puertas a más inmigrantes para sostener el crecimiento económico y la calidad de vida de la población.

Lee advirtió que Singapur necesitará 14.000 nacimientos más cada año, 50 por ciento más que en la actualidad, con la intención de asegurar una la población suficiente para mantener la economía.

Una serie de políticas introducidas hace dos años para estimular el crecimiento vegetativo —licencias maternales más extensas y subsidios para la atención a la infancia, entre otros— no tuvieron efectos visibles.

En 2005, esta rica ciudad-estado de cuatro millones de habitantes registró una caída histórica en su fertilidad, hoy de 1,24 por mujer.

La alternativa, según Lee, es recibir inmigración. La Encuesta General de Hogares reveló el año pasado que la población permanente aumentó 8,7 por ciento entre 2000 y 2005, con 30.000 nuevos habitantes. En el mismo periodo, los nacimientos aumentaron 0,9 por ciento (28.000) al año.

"Si queremos que nuestra economía y fortaleza internacional crezcan, necesitamos una población que crezca", alegó Lee.

En los últimos años se han radicado en Singapur cada vez más profesionales asiáticos, especialmente procedentes de China, India, Filipinas, Malasia y Hong Kong. Muchos obtuvieron la residencia permanente, pero pocos alcanzaron la ciudadanía.

Kwan Chee Wei, asesor regional en recursos humanos de una empresa multinacional, señaló que muchos llegan a Singapur buscando progresar en sus carreras o por el estilo de vida, y no están interesados en cambiar de nacionalidad.

Pero muchos inmigrantes con los que habló IPS, especialmente a residentes permanentes que proceden de países industrializados, lamentaron la negativa de Singapur a admitir la doble ciudadanía.

Sin embargo, cada vez más naturales de India y China tramitan la nacionalidad singapurense, a tal punto que se despertó entre los nacidos cierto resentimiento hacia esas comunidades, pues las perciben como competidoras en el mercado laboral.

Lee intentó aventar esos temores. Exitosos inmigrantes asiáticos crearon empleos para todos los habitantes de Singapur gracias a su espíritu emprendedor. "Si logramos que venga aquí el extranjero correcto, él crea miles de trabajos para los singapurenses", aseguró.

En la fecha patria de la ciudad, el 20 de este mes, el primer ministro que países industrializados como Estados Unidos, Canadá y Australia salieron a la caza de talentos de Singapur, ofreciéndoles becas y empleos. Muchos se sienten atraídos por esas ofertas.

"Los países y la opinión pública mundial conocen a Singapur. Ya no piensan que Singapur está en alguna parte de China. Pero no saben que está buscando talentos", dijo Lee. "Tenemos que promover nuestro programa de inmigración en el exterior."

Los singapurenses son conocidos por su actitud reticente y su apatía política, pero desde el discurso de Lee las páginas de cartas de los periódicos se inundaron de quejas por este nuevo cambio de política.

Lim Boon Hee escribió: "Estén abiertos al talento extranjero, pero no renuncien al nuestro." También se preguntó si "un talento extranjero más hábil significa un lugar menos para nuestros hijos, nacidos aquí, en instituciones de educación superior".

Otro lector, Jimmy Ho Kwok, sospecha de que los empleadores darán la bienvenida a inmigrantes del mundo en desarrollo con títulos académicos para pagarles menos que a los graduados locales.

El sindicalista G. Muthukumar mencionó como ejemplos a profesionales de tecnología de la información de India y vendedores de Filipinas y Birmania.

Mientras, el ministro de Recursos Humanos, Ng Eng Hen, habló de cómo los técnicos extranjeros apuntalaban en Singapur el sector del mantenimiento, reparación y puesta a punto de aviones, mientras que a este país le insumió seis años entrenar a la próxima generación de operarios de esta rama de actividad.

"Dar la bienvenida a inmigrantes que llegan a nuestras costas no es la solución para la reducción en los nacimientos", opinó Zeena Amir, ejecutiva de ventas, soltera y menor de 30 años.

"Resultaría más beneficioso para los singapurenses y también tendría más sentido a largo plazo trabajar para controlar el creciente costo de vida", agregó.

Singapur es víctima de su propio éxito. En las últimas dos décadas, este país alentó una generación de mujeres jóvenes altamente educadas que ahora disfrutan sus carreras y consideran que criar hijos no sólo es una carga económica, sino también un obstáculo en su desarrollo profesional.

"Los hijos ya no son una ventaja, sino una desventaja", dijo la joven abogada Shirley Tan. "La atención a los niños y la educación son tan caros que no puedo afrontar económicamente quedarme en casa a cuidarlos."

Mientras esta nación diminuta y ambiciosa intenta consolidar su éxito económico, es probable que el debate sobre la alternativa bebés-inmigrantes continúe durante algún tiempo.

"Algunos ven a los extranjeros como competencia en cuanto a sus medios de vida", observó el parlamentario oficialista Alvin Chan. "Tendremos que explicarles que ese no es realmente el caso." (FIN/IPS/traen-js-mj/ks/rdr/ap pr ip dv/06)

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