PERIODISMO-IRAQ: Peligro, fuego amigo

«No puedo ir sólo a lugares donde no hay peligros», responde con sencillez la periodista independiente italiana Giuliana Sgrena cuando le preguntan por qué escogió informar sobre sitios en conflicto como Afganistán, Argelia, Somalia e Iraq.

En una noche de febrero de 2005, Sgrena, el conductor del coche y un traductor regresaban de la Mezquita Mustafá, en el norte de Bagdad, donde ella había entrevistado a evacuados de la central ciudad de Faluya para oír sus testimonios sobre los ataques contrainsurgentes de Estados Unidos.

Sorpresivamente, apenas se abrieron las puertas de la mezquita, varios automóviles bloquearon al vehículo en que viajaba a Sgrena. Hombres armados, con «odio en sus ojos», se llevaron a la periodista. Su conductor y su traductor lograron escapar bajo una lluvia de balas.

Sgrena dijo que siempre estuvo en contra de la invasión a Iraq y que su trabajo claramente reflejaba esa postura. Por eso estaba confundida por su secuestro.

«Me sentí rehén de mis propias convicciones. Soy una periodista, soy pacifista y siempre estuve en contra de esta guerra, así como de la guerra en Afganistán», dijo Sgrena el miércoles, al hablar en un encuentro en Nueva York organizado por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas.
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«¿Por qué raptar a una periodista que siempre peleó contra la guerra?», se pregunta en su nuevo libro «Friendly Fire» («Fuego amigo»), en el que, entre otras cosas, narra las cuatro semanas que pasó en cautiverio por insurgentes iraquíes, que finalmente la dejaron libre tras una exitosa negociación.

Pero la alegría le duró poco. Apenas liberada, Sgrena y dos funcionarios de inteligencia italianos, Nicola Calipari y Andrea Carpani, se dirigían por una oscura y húmeda ruta hacia el Aeropuerto Internacional de Bagdad. Carpani iba al volante y Calipari estaba en el asiento trasero junto a Sgrena.

Carpani hablaba por su teléfono celular con Luciana Castellina, una de las fundadoras del diario Il Manifesto, para el cual Sgrena escribía, informándole su posición tras la liberación. Castellina los esperaba en el aeropuerto.

Hay informes contradictorios sobre lo que ocurrió a continuación.

Según una investigación del ejército de Estados Unidos, uno de sus soldados, Mario Lozano, constató que el automóvil se acercaba a un «puesto de control de tráfico» establecido al borde de la ruta. El automóvil viajaba a una velocidad de 80 kilómetros por hora y se encontraba a unos 140 metros de la posición de Lozano cuando éste lo vio, según el informe.

La investigación militar indica que Lozano hizo una señal con un foco de luz al automóvil para que éste redujera la velocidad, pues se acercaba a la «línea de alerta» y a la posición de los soldados. Otro uniformado enfocó una luz láser verde sobre el parabrisas del vehículo, pero éste no aminoró la marcha.

Lozano «siguió iluminando con el foco y le gritó al conductor del vehículo para que se detuviera. Fue un esfuerzo vano, pero una reacción instantánea basada en su entrenamiento», dice el informe.

«El coche prosiguió a alta velocidad, más cerca de los soldados que ningún otro vehículo esa noche. Cuando el auto llegó a la «línea de alerta», Lozano, todavía con el foco en su mano izquierda, usó su mano derecha para hacer entre dos y cuatro tiros contra una zona de pasto lindera como una señal de advertencia», añade.

Como el automóvil mantuvo su velocidad, según el informe, Lozano tiró el foco de luz y, usando ambas manos, disparó otra ráfaga «hacia el motor del coche para detenerlo». Todo ocurrió en un lapso de siete segundos. Calipari murió en el incidente, mientras Carpani y Sgrena resultaron heridos.

La investigación concluyó que Lozano «cumplió con las reglas» y «no intentó herir a nadie del vehículo».

Pero Sgrena rechaza la versión militar. «El conductor gritó: ‘¡Nos atacan, nos atacan!'», contó. La periodista señaló que todos en el auto estaban convencidos de que sus captores habían regresado para atacarlos.

«No creo que haya sido un accidente. Hay varios elementos que indican que no se trató solo de un accidente», afirmó.

La periodista subrayó que, debido a la lluvia, la oscuridad y la humedad de la ruta, Carpani conducía a baja velocidad, unos 45 kilómetros por hora. Además, no hubo disparos de advertencia, aseguró.

«El auto fue iluminado por un foco de alerta en forma simultánea con los disparos, no antes, y fue impactado desde la derecha hasta la altura de los pasajeros, no en el motor, que recibió un solo disparo», asegura en su libro.

Ante los primeros disparos, Calipari cubrió a Sgrena con su cuerpo para impedir que fuera herida. Cuando el ataque terminó, descubrieron que Calipari estaba muerto. Sgrena recibió un disparo en su hombro izquierdo.

«Nosotros hemos repetidamente expresado nuestra preocupación sobre los procedimientos de los estadounidenses en los puestos de vigilancia», dijo a IPS Joel Campagna, coordinador de programas para Medio Oriente y África del Norte en el Comité para la Protección de Periodistas, con sede en Nueva York.

«El caso de Sgrena demostró el fracaso de los militares estadounidenses en desarrollar y poner en práctica procedimientos adecuados y seguros en puestos de vigilancia», sostuvo.

Lozano fue librado de culpa en la investigación militar, pero fiscales italianos la semana pasada iniciaron una campaña para acusarlo de asesinato e intento de asesinato. Incluso, designaron a un abogado para defender al soldado, que sería juzgado en ausencia.

Sgrena sostiene que sus polémicos informes sobre lo que ocurría en Iraq la habían convertido en principal objetivo del «fuego amigo». La periodista había acusado a las fuerzas estadounidenses de usar el agente incendiario napalm contra rebeldes den Faluya, así como de violar a mujeres iraquíes..

La periodista dijo que aún no se ha recuperado ni física ni emocionalmente de la experiencia, y señaló que, aunque su voluntad no se ha debilitado, no regresará a Iraq.

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