FINANZAS: ONU promueve inversión responsable

Suman cuatro billones de dólares las acciones en poder de las firmas de inversión que, en apenas un mes, adhirieron a una serie de principios de responsabilidad ambiental y social propuestos por la ONU.

Docenas de inversores institucionales se comprometieron a apoyar los Principios de Inversión Responsable, seis pautas ambientales, sociales y de gobernanza corporativa a las que deberían ceñirse las compañías a los que esos fondos vierten su dinero.

La última tanda de incorporaciones se dio en una discreta reunión en París, a comienzos de este mes: 18 empresas se unieron a las 32 que ya habían firmado los Principios desde que el secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), Kofi Annan, los presentó en abril.

Entre los adherentes a los Principios figuran fondos de inversión, muchas veces de retiro, administrados en representación de educadores, pensionistas, sindicalistas y empleados del gobierno.

Esas firmas incluyen el Sistema de de Retiros de Empleados de la Ciudad de Nueva York, la Caja Común de Pensiones del. Personal de las Naciones Unidas, BNP Paribas de Francia, ABN AMRO de Holanda y el Fondo de Pensiones del Gobierno de Tailandia.

La Iniciativa de Finanzas del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el Compacto Global de la ONU, organismo que alienta la cooperación entre esa agencia y el sector privado, dirigen el nuevo emprendimiento.

"Los Principios ofrecen un proyecto para lo que rápidamente se está convirtiendo en la única manera de hacer negocios en los mercados globalizados del siglo XXI", dijo Monique Barbut, directora de la División de Tecnología, Industria y Economía del Pnuma.

Los Principios tienen su raíz en la preocupación por que "la toma de decisiones en materia de inversión no refleja de modo suficiente consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza corporativa o, dicho de otro modo, los principios del desarrollo sustentable", dijo Annan al presentarlos.

La ONU aclaró que la suya no es una campaña de desinversión, es decir, de reducción de inversiones en empresas o o países por razones políticas o sociales.

Ese había sido, por ejemplo, el caso del retiro de Sudáfrica en los años 80 de numerosas compañías en protesta contra el apartheid (régimen de segregación racial institucionalizada en detrimento de la mayoría negra que finalizó en 1994).

"Esto no es pedir a los dueños de acciones e inversores institucionales o administradores de bienes que no inviertan en las compañías, sino más bien que se comprometan con las empresas y las conduzcan por un camino de mejora continua", dijo a IPS el portavoz de la ONU Matthias Stausberg.

La ONU cree que los grandes inversores están tan diversificados y tienen tal cantidad de acciones en firmas de todo el mundo que la desinversión no sería práctica.

Solamente los fondos de pensión —públicos y privados— representan más de 35 por ciento de la inversión global total, y pueden tener un impacto enorme.

La ONU está feliz con la aprobación de los Principios por parte de inversores hasta ahora, que incorporaron acciones a la iniciativa por valor de unos cuatro billones de dólares.

"Es una asombrosa cantidad de dinero", dijo Stausberg. "Establecimos un muy buen impulso y todo indica que más instituciones se unirán y suscribirán estos Principios de Inversión Responsable. Esperemos que esto pueda convertirse en una iniciativa poderosa."

En el marco del plan, lo signatarios esperan crear una red con los mayores inversores institucionales del mundo, que compartirán ejemplos de buenas prácticas, así como orientación de la secretaría de la iniciativa.

También se prevé que esas compañías ahorren dinero, dado que la colaboración conducirá a la reducción en los costos de investigación e implementación.

Pero aún quedan muchas preguntas.

Por un lado, la adhesión a los Principios es voluntaria, y acuerdos anteriores del mismo tenor y propósito, como los Principios de Ecuador presentados por el Banco Mundial en 2003, no alteraron significativamente el modo como las multinacionales conducen sus negocios en todo el mundo, a menudo en detrimento de los criterios de acción más aceptados en materia ambiental y social.

Los Principios carecen de detalles y también de mecanismos para su implementación. Hasta ahora, la mayoría de los inversores firmantes proceden de unos pocos círculos de inversión socialmente responsables. El plan no ganó muchos nuevos adeptos, sino la adhesión de convencidos.

Los fondos de inversión socialmente responsable siguen siendo minoría en todo el mundo. En Estados Unidos, la economía más grande del mundo con los mercados financieros más vibrantes, representan apenas 3,9 por ciento de los más de cuatro billones de dólares invertidos en acciones, bonos y fondos mutuales.

Tradicionalmente, esos inversores compran acciones en compañías que adhieren a determinados criterios sociales, morales, religiosos y ambientales e investigan su cumplimiento.

Entre los principios a los que adhieren figuran el respeto por el ambiente y los derechos humanos y el rechazo a las pruebas con animales, la energía nuclear y servicios y productos tales como armas, pornografía, alcohol y tabaco y servicios como las apuestas.

Pero según el Foro para las Inversiones Sociales, organización sin fines de lucro con sede en Washington que promueve la inversión responsable, hay espacio para la esperanza.

Las consideraciones sociales, ambientales y de gobernanza corporativa están al alza en las salas de juntas de las empresas, según el Foro.

Consideraciones clave en resoluciones sociales y ambientales de accionistas incluyen la reducción del uso de sustancias tóxicas o de su desecho, de emisión de gases que agravan los efectos del cambio climático y de la contaminación.

La organización señaló en un informe a comienzos de este año que las acciones de inversión socialmente responsable ascendieron a más de 258 por ciento de 639.000 millones de dólares en 1995 a 2,29 billones de dólares en 2005, dejando atrás el amplio universo de las acciones bajo administración profesional en 10 por ciento.

Las inversiones totales aumentaron aproximadamente 249 por ciento, de siete billones de dólares a 24,4 billones de dólares en relación al mismo periodo.

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