ESTADOS UNIDOS: Guerra entre neoconservadores

Jubilosos por el comienzo este jueves de una segunda presidencia de George W. Bush, los neoconservadores que radicalizaron la política exterior después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 aparecen divididos en cuestiones clave.

Esos políticos, académicos y analistas de derecha y unilateralistas coinciden en la conveniencia de realizar el día 30 las cuestionadas elecciones en Iraq y en la necesidad de impedir con acciones firmes la fabricación de armas atómicas en Irán.

Sin embargo, parecen incapaces de alcanzar un consenso sobre la estrategia militar en Iraq, un eventual aumento del gasto militar o a la promoción de una política de diálogo y concesiones con Irán antes de un eventual ataque.

También están preocupados por ciertas designaciones clave para la política exterior, como la del hoy representante comercial Robert Zoellick como subsecretario de Estado (vicecanciller).

Pero la mayor fractura entre las filas neoconservadoras hasta la fecha se produjo tras la muerte en noviembre del presidente palestino Yasser Arafat.
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Los neoconservadores más radicales se mostraron profundamente inquietos tras la elección el domingo 9 del moderado Mahmoud Abbas como sucesor de Arafat, apoyado inicialmente por Bush y un gobierno israelí realineado y decidido a llevar a cabo la retirada de los asentamientos judíos de Gaza antes de fin de año.

La mayoría de los neoconservadores son judíos de derecha, muy vinculados con el conservador partido Likud, gobernante en Israel, y abogan por que la política antiterrorista de Washington apunte contra todos los grupos y países que consideran amenazas para los intereses israelíes.

Son belicistas y hostiles a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a los procesos multilaterales en general. Sus postulados sobre política exterior rechazan el pragmatismo y formulan los conflictos en términos morales.

Entre los neoconservadores desconformes con el supuesto cambio de actitud de Washington y su aliado Israel hacia la cuestión palestina se cuentan el columnista Charles Krauthammer, del diario The Washington Post, y Frank Gaffney, director del Centro de Políticas de Seguridad, un gabinete de expertos de Washington.

Ambos advirtieron que, al considerar la reanudación del proceso de paz con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Bush y el primer ministro israelí Ariel Sharon descienden por una ôpendiente resbalosa” y ponen a Israel en grave riesgo.

Los neoconservadores vieron un rayo de luz cuando Sharon anunció el viernes el corte de toda relación con la ANP hasta que ôtome las medidas necesarias para detener al terrorismo”, en represalia por un ataque de extremistas palestinos que causó la muerte de seis israelíes e hirió a cinco el día anterior, en un puesto de control militar.

La división en las filas neoconservadoras refleja la existente entre los elementos menos ideologizados del Likud, como Sharon y el viceprimer ministro Ehud Olmert, y los elementos más extremistas del partido, opuestos a cualquier retirada de los territorios palestinos ocupados, por razones religiosas o nacionalistas.

Dado que la seguridad de Israel es central en la visión del mundo de los neoconservadores, no sólo su unidad, sino también su coherencia ideológica está amenazada por la división entre los más radicales, alineados con los extremistas del Likud, y sus camaradas más pragmáticos, como Elliot Abrams, que será el máximo asesor sobre Medio Oriente de la futura secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice.

La fractura entre los neoconservadores sorprende tras el júbilo que manifestaron por la reelección de Bush en noviembre y la posterior decisión presidencial de prescindir del actual secretario de Estado, el moderado Colin Powell, en su segundo periodo de gobierno.

En cuestión de días, prominentes neoconservadores como Danielle Pletka, de la principal institución académica de esa tendencia, el American Enterprise Institute, y el subsecretario de Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional, John Bolton, eran mencionados para ocupar altos cargos en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional.

Mientras, Gaffney y otros expertos de ”línea dura” como Michael Ledeen y David Frum ambos del American Enterprise Institute, incluían a nuevos países en la lista de los que merecen un ”cambio de régimen”: Irán, Siria, Corea del Norte, China e incluso Venezuela.

Desde entonces, una serie de acontecimientos imprevistos dejaron en tela de juicio la confiabilidad de los neoconservadores.

El principal entre esos acontecimientos fue, por supuesto, el continuo deterioro de la posición de Estados Unidos en Iraq a pesar de la relativa calma en la ciudad de Faluya desde fines de noviembre fue considerado por los neoconservadores un punto de inflexión en la guerra.

Este mismo mes, uno de los principales expertos del bando pragmático o ”realista”, el general y ex consejero de Seguridad Nacional republicano Brent Scowcroft, advirtió que Iraq se encaminaba a una guerra civil, sea cual fuere el resultado de las elecciones del 30 de junio.

Ese pareció ser el fin de la tregua entre los realistas y los neoconservadores. Y también sirvió como dramático recordatorio de las desastrosamente equivocadas predicciones formuladas por los neoconservadores antes de la invasión a Iraq.

Mientras prominentes neoconservadores acusaban a la ”vieja guardia” realista por coincidir con ”la izquierda”, su discurso se ha vuelto más defensivo.

Con la insurgencia iraquí más vigorosa que nunca, muchos neoconservadores comenzaron a frotar sal en viejas heridas. Así, volvieron a quejarse de que el secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld, no desplegó suficientes tropas en Iraq.

De hecho, Rumsfeld se ha convertido en otro foco de conflicto para los neoconservadores. Algunos, como William Kristol y Donald Kagan, advierten desde las páginas de la revista Weekly Standard que el secretario de Defensa debió haber sido despedido hace tiempo.

En cambio, Perle y el historiador militar Victor Davis Hanson, defendieron a Rumsfeld.

Por otra parte, el Comité sobre el Peligro Presente, un cuerpo dominado por neoconservadores, se ha mostrado unido en la necesidad de poner fin al programa nuclear de Irán. Pero sus miembros se muestran divididos en torno de dos posibilidades: negociar con Irán o procurar, sin más, un cambio del régimen islámico.

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