Las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos pueden tomar nuevo aire con el estreno de embajadores, tras las últimas críticas de Washington al presidente Hugo Chávez, quien marcó distancia con ese país desde que llegó al gobierno en 1999.
El nuevo embajador del gobierno estadounidense de George W. Bush en Venezuela es Charles Shapiro, un funcionario que estaba al frente de los asuntos cubanos en el Departamento de Estado (cancillería).
Por su parte, Caracas designó como nuevo representante en Washington a Roy Chaderton, quien ocupaba la embajada en Colombia, otro frente diplomático de primer orden para Chávez, y en la década pasada fue vicecanciller.
Paralelamente a esas decisiones, en las últimas semanas se produjo una especie de romería de políticos venezolanos, de diferente signo ideológico, con destino a Estados Unidos.
Shapiro tiene una posición claramente definida contra Cuba, mientras que es notoria la admiración de Chávez hacia el presidente de la isla de régimen socialista, Fidel Castro, al punto que ha dicho que es su hermano del alma.
Esas diferencias respecto de Cuba podrían incidir con fuerza en las ya complicadas relaciones venezolano-estadounidenses con Shapiro al frente de la representación de Washington en Caracas, sostienen analistas políticos.
Chávez, impulsor de una política exterior denominada multipolar, puso en práctica una diplomacia petrolera, sector que domina la economía del país.
Esa agenda internacional lo llevó a Iraq, en el marco de una gira realizada a mediados de 2000 por los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
El mandatario visitó a sus pares de los otros 10 países socios de la OPEP, entre ellos Iraq, para invitarlos a la segunda cumbre en los 40 años de la organización, que se celebró en septiembre de 2000 en Caracas.
Así, Chávez se convirtió en el primer jefe de Estado en visitar en una década Iraq, sometido a un embargo y aislamiento internacional desde que ese país invadiera Kuwait y se desatara la guerra del Golfo entre fines de 1990 y comienzos de 1991.
Al mismo tiempo, Venezuela comenzó a venderle petróleo a Cuba en condiciones especiales, en el marco de un acuerdo regional.
La visita a Iraq y las críticas de Chávez, por razones humanitarias, a la campaña antiterrorista de Estados Unidos, que derivó en el bombardeo contra Afganistán entre octubre y noviembre, constituyeron cuestionamientos centrales del gobierno de Bush.
Eso quedó en evidencia en las declaraciones contra Caracas pronunciadas a comienzos de febrero por el secretario de Estados de Estados Unidos, Colin Powell.
Las expresiones de Powell fueron seguidas luego por otras del director de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, quien expuso sus sospechas de que Venezuela esté otorgando facilidades a la guerrilla colombiana. Un asunto recurrente que también distancia a los dos países.
Como colofón, Bush se reunió el 23 de marzo en Lima con sus pares de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, dejando de lado a Venezuela, los cinco países miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
La explicación fue que el encuentro no se realizó en el marco de la CAN sino en el acuerdo de preferencias arancelarias andinas, otorgadas por Washington a los cuatro primeros países en compensación por su lucha antidrogas.
Sin embargo, el canciller venezolano, Luis Alfonso Dávila, recalcó una semana después de esa reunión que, si se iba a discutir de comercio y preferencias arancelarias (con Estados Unidos), no había ninguna razón para excluir a Venezuela.
Analistas políticos entienden que Chaderton, el nuevo embajador venezolano en Washington, no tiene ante sí una tarea fácil. Tradicionalmente, Caracas tuvo una posición cercana a Estados Unidos en una relación mediada por el negocio petrolero.
Venezuela recibe grandes capitales estadounidenses al tiempo que es inversionista en Estados Unidos, al que abastece de crudo como principal fuente del hemisferio occidental. Diplomáticos consultados por IPS creen que la posición de Washington hacia Chávez no ha sido más dura justamente por la variable petrolera.
Pero Chávez, con un discurso nacionalista, se ha cuidado de relacionarse con las principales firmas estadounidenses del petróleo y de otros sectores, aunque aclaró ante periodistas extranjeros que su gobierno no hará expropiaciones de inversionistas y que no pretende hacer una revolución socialista.
Como parte del nuevo aire que podrían tomar las relaciones venezolano-estadounidenses, el vicepresidente del parlamento venezolano, Rafael Simón Jiménez, visitó Washington la última semana de marzo para contactarse con legisladores y funcionarios del gobierno de Bush.
Jiménez aseveró a IPS que la visita logró despejar ruidos en las relaciones bilaterales que, a su juicio, puede tener diferencias como entre todos los países soberanos, pero no existen diferencias de principios.
El parlamentario es un veterano dirigente socialista moderado, perteneciente a un ala del Movimiento al Socialismo (MAS) que apoya al gobierno de Chávez.
En los últimos meses, Jiménez ha tenido intercambios con distintos sectores políticos del país y con representantes diplomáticos, como parte de una estrategia de amplio diálogo.
John Maisto, ex embajador estadounidense en Caracas y actual asesor en asuntos latinoamericanos del Consejo de Seguridad del gobierno de Bush, es otro que ha mostrado una apertura al diálogo y es recibe en forma cotidiana en Washington a políticos venezolanos.
Maisto acuñó la frase de no midan a Chávez por lo que habla sino por lo que hace, para trazar una estrategia diplomática pragmática en Estados Unidos ante el presidente venezolano, que tiene un encendido discurso, de tinte nacionalista y con énfasis social.
Mientras, también parece haber cambios, al menos en los que refiere a Estados Unidos, en el discurso del mandatario venezolano, que desde febrero de 1999 encabeza un proceso de cambios políticos que ha bautizado como revolución social bolivariana.
Chávez ha obviado pronunciarse frontalmente contra Estados Unidos ante los últimos señalamientos de Washington, como había sido su costumbre en los dos primeros años de gobierno, y esto tal vez pase a ser parte del nuevo aire en las relaciones diplomáticas.
En el marco de la Conferencia sobre Financiación al Desarrollo en México, y ante el pedido periodístico de una reacción ante la preocupación de Washington por Venezuela, Chávez respondió con ironía: yo también estoy preocupado por Estados Unidos, especialmente después de los sucesos del 11 de septiembre. (FIN/IPS/ac/dm/ip/02


