Miembros del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), un grupo rebelde de Uganda, obligaron a unas 60 personas en el sur de Sudán a comer un cadáver que estaban a punto de enterrar antes de matarlas a tiros.
Los rebeldes se encontraban en las montañas Agoro, sobre la frontera con Uganda, huyendo de las fuerzas del gobierno ugandés, informó el mayor Shaban Bantariza, portavoz del ejército.
El ataque, cometido el pasado viernes, marcó un punto de inflexión en la táctica del LRA, que si bien es responsable de numerosas violaciones a los derechos humanos en Uganda, nunca antes había atacado a civiles sudaneses.
El LRA, encabezado por el autoproclamado profeta Joseph Kony, lucha desde 1986 contra las tropas del gobierno en el norte de Uganda desde bases establecidas en el sur de Sudán, con el fin de derrocar al presidente Yoweri Museveni e instaurar un Estado fundamentalista cristiano.
Los rebeldes suelen amputar los labios y brazos de residentes de los distritos septentrionales, lo cual provocó el desplazamiento de cientos de miles de personas, según agencias humanitarias.
Además, Kony secuestró entre 1986 y 1999 a 12.000 niños de escuelas y aldeas de los distritos del norte de Uganda, a los que mantiene incomunicados en el sur de Sudán.
Los insurgentes envían a los varones al frente de guerra y convierten a las niñas en esclavas sexuales, denunciaron el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y otros organismos.
El ataque de la semana pasada contra civiles sudaneses parece ser una señal de desesperación de los asediados rebeldes.
Cuando expulsamos a Kony de sus campamentos (en el noreste de Uganda), huyó a las montañas Acholi y Agoro. Allí prometió no tener problemas con la población local, pero cuando comenzó a faenar su ganado y comerse sus alimentos, los residentes se volvieron contra los rebeldes, explicó Bantariza.
Kony estaba en esa área cuando se encontró con una procesión fúnebre. Ordenó a las personas que se detuvieran, cortaran el cadáver, lo cocinaran con sorgo y lo comieran si deseaban seguir con vida, relató el portavoz del ejército ugandés.
Los dolientes obedecieron sus órdenes, pero luego (Kony) ordenó a sus fuerzas que los ejecutaran, afirmó Bantariza.
Numerosos residentes locales huyeron del área y buscaron refugio en campamentos cercanos del ejército sudanés.
En el pasado, Uganda acusaba a Sudán de ayudar al LRA, mientras Jartum acusaba a Kampala de respaldar al Ejército de Liberación Popular de Sudán (SPLA), que lucha contra el gobierno central islámico por la autonomía del sur, mayoritariamente cristiana animista.
Cada gobierno acordó dejar de respaldar a los grupos rebeldes del otro en un acuerdo de paz firmado en 1999 en Nairobi, la capital de Kenia.
El pasado 10 de marzo, Kampala y Jartum firmaron un protocolo que permitió al ejército ugandés perseguir a insurgentes del LRA en el sur de Sudán.
Desde el comienzo de la operación Mano de hierro, el 28 de marzo, el ejército ugandés invadió varias bases rebeldes, confiscó un gran número de armas y forzó a los insurgentes a huir más hacia el sur de Sudán, a las montañas de la frontera.
Expulsamos a Kony de sus bases y lo despojamos de todas las armas pesadas, afirmó Bantariza. El líder rebelde debió abandonar sus reservas de alimentos, que le hubieran durado más de siete meses, agregó.
Ahora, Kony no tiene fuentes de abastecimiento porque se las hemos cortado. Todo lo que tiene, lo está usando por última vez, aseguró el portavoz militar.
El ejército sudanés solía ser la principal fuente de armas y otros suministros para el LRA, pero en el protocolo firmado en marzo, Jartum se comprometió a no brindar información ni equipos a los rebeldes.
Las otras fuerzas que operan en el área, las del SPLA, están aliadas con Uganda desde hace años.
Esto deja al LRA en una situación muy precaria, arrinconado en las montañas bajo fuego del ejército ugandés. Aun si Kony obtuviera armas pesadas, le sería difícil movilizarlas en un terreno tan montañoso.
Bantariza sostuvo que las pérdidas infligidas a los rebeldes afectaron mucho su moral, y que Kony tiene problemas para controlar a sus comandantes.
Sin embargo, el ejército ugandés no logró capturar hasta ahora a ninguno de los rebeldes, que según estimaciones suman unos 3.000. (FIN/IPS/tra-en/ks/mn/mlm/ip/02


