La Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) encara este 1 de Mayo el dilema de concentrarse en las reivindicaciones de sus afiliados o reanudar la lucha política contra el presidente Hugo Chávez.
La CTV, la mayor de las tres centrales sindicales venezolanas, acaba de lograr una sonora victoria, al acorralar al gobierno de Chávez, al punto de dejarlo a disposición de militares y empresarios golpistas que durante dos días tuvieron el poder en sus manos.
La central, controlada por militantes del opositor partido Acción Democrática, de inspiración socialdemócrata, llegó este mes a las puertas del poder y estuvo a punto de cogobernar, pero ahora debe lograr reivindicaciones concretas para sus afiliados.
La CTV ha ganado imagen, pero perdido fuerza orgánica, según el panameño Luis Anderson, secretario general de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (brazo de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres).
El respaldo a la CTV creció entre las clases medias contrarias a Chávez, pero su estructura está más frágil, porque se sumergió en una guerra defensiva frente a los ataques del gobierno, lo que consumió buena parte de sus recursos y bases, dijo Anderson.
El 9 de abril estalló un paro general, promovido por la CTV y la organización empresarial Fedecámaras para apoyar una huelga en el sector petrolero encabezada por gerentes y empleados disconformes con la dirección impuesta por el gobierno en la compañía estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
El paro se convirtió el día 11 en huelga general por tiempo indeterminado y desde las urbanizaciones de clase media de Caracas partió una marcha de cientos de miles de personas hacia el palacio de gobierno, para pedir la renuncia de Chávez.
Unos 10.000 seguidores del presidente también confluyeron sobre el palacio y, cuando las dos columnas iban a chocar, una descarga de disparos dejó 11 muertos y decenas de heridos. La Fiscalía y el parlamento aún investigan los hechos.
El día 12, con apoyo del mando militar, de sectores políticos, de la sociedad civil y la jerarquía católica, el jefe de Fedecámaras, Pedro Carmona, se proclamó presidente provisional, disolvió los demás poderes públicos y anunció elecciones para el año próximo.
Militares y civiles defensores del presidente depuesto y de la Constitución de 1999 se movilizaron el día 13 para acabar con el gobierno de Carmona y devolver la presidencia a Chávez.
Pero el movimiento de oposición sigue vivo y varias organizaciones no gubernamentales, que defienden las libertades públicas, la propiedad, la educación privada o la transparencia electoral, presionan para regresar a las calles en demanda de la renuncia del presidente y de la rápida celebración de nuevas elecciones.
Aunque se trata de asociaciones con escaso número de miembros, tienen gran poder de convocatoria por su presencia constante en los medios de comunicación, y muchas de ellas anunciaron que participarán en el tradicional desfile de la CTV del 1 de Mayo en Caracas.
La CTV prestaría de nuevo a sus afiliados como núcleo de la acción política contra el gobierno.
La politización es dañina para el sector laboral y la CTV se ha solidificado como una instancia política. Es importante que sus dirgentes entiendan que su misión básica está dirigida a la defensa de los obreros, dijo Rolando Díaz, analista de la alemana Fundación Friedrich-Ebert en Venezuela.
La Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT), partidaria de Chávez, señaló que la CTV tuvo activa participación en el movimiento que llevó al golpe de estado del 12 de abril, para permitir luego que Carmona la dejara fuera de su efímero gobierno.
La FBT organiza para este miércoles su propia manifestación y de nuevo oficialistas y opositores convergerán hacia el centro el mismo día, como el 11 de abril. La policía ha tomado previsiones para mantener distanciadas las dos demostraciones callejeras.
La mitad de los 10 millones de trabajadores que conforman la población económicamente activa de Venezuela se desempeñan en el sector informal. Del resto, 1,5 millones pertenecen a la administración central, entes descentralizados o empresas del Estado. Allí está la fuerza principal de la CTV, que prácticamente nunca va al conflicto en el área privada.
Un millón, de los 1,3 millones de afiliados de la CTV son empleados públicos, y esa circunstancia determina que prácticamente toda acción conflictiva de la central sindical adquiera de inmediato ribetes políticos. (FIN/IPS/jz/ff/ip lb/02


