Los sindicatos de Francia concentran sus energías hacia el 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, en la campaña nacional contra el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, candidato en la segunda ronda de las elecciones presidenciales de este domingo.
El saliente primer ministro socialista Lionel Jospin, eliminado en la contienda al no alcanzar la votación necesaria, crece en la derrota, mientras los sindicatos rescatan los logros de su gobierno y se unen a las organizaciones y partidos políticos franceses que procuran impedir la elección de Le Pen.
Le Pen y el presidente Jaques Chirac competirán por la jefatura de Estado en la segunda vuelta. Los estudios de opinión pública atribuyen la derrota de Jospin a la abstención de 12,6 millones de los 43 millones ciudadanos habilitados para votar en la primera ronda, realizada el 21 de este mes.
Simultáneamente a los actos tradicionales del 1 de Mayo convocados por los sindicatos, este miércoles se celebrarán en toda Francia manifestaciones organizadas por el Frente Nacional que lidera Le Pen.
Antes de la exclusión de Jospin, los sindicatos franceses se quejaban de que, tras cinco años de gobierno de este primer ministro socialista, el desempleo era muy elevado y la calidad de los nuevos puestos de trabajo demasiado pobre.
Hasta entonces, la preparación de las celebraciones del 1 de mayo se concentraba en demandas de mejoras salariales y laborales.
Pero la sorpresiva victoria de Le Pen cambió los planes, y la beligerancia tradicional de los trabajadores se convirtió en una campaña contra el neofascismo. Este miércoles, los cuatro principales sindicatos franceses marcharán contra Le Pen.
Chirac, de la conservadora Unión por la República, obtuvo 19,6 por ciento de los votos el día 21, mientras Le Pen alcanzó 17 por ciento. Jospin logró apenas 16 por ciento de los sufragios, y habría superado a Le Pen con apenas 200.000 votos más.
El programa de Le Pen es una gran amenaza a los trabajadores y a la sociedad francesa, dijo el secretario general de la Confederación General de los Trabajadores, afín al Partido Comunista, Bernard Thibault.
La salida de Francia de la Unión Europea es una de las propuestas de Le Pen. Los sindicatos la consideran un peligro en momentos en que 2,3 millones de franceses están desempleados.
Entre los 15 países integrantes de la Unión Europea sólo España, Bélgica e Italia tienen una desocupación mayor que Francia.
Pero el desempleo bajó desde la investidura del gobierno de Jospin en 1997. El primer ministro lideró una coalición de izquierda, con el Partido Verde y los partidos comunistas como socios menores de su Partido Socialista.
Unos dos millones de empleos fueron creados desde entonces, y el desempleo disminuyó desde 13 por ciento a 8,2 por ciento el año pasado, cuando el enlentecimiento de la economía detuvo el proceso.
Muchas de las medidas de fomento al empleo dispuestas por Jospin se mantienen. El programa Empleo Juvenil creó 350.000 puestos de trabajo en organismos gubernamentales. Además, la coalición de izquierda redujo la semana laboral de 39 a 35 horas, lo cual permitió crear o mantener otros 350.000 puestos.
Así mismo, el gobierno redujo los impuestos y otros descuentos de los empleos menos remunerados. Esta política mejoró el consumo interno y alentó el crecimiento económico de tres por ciento anual promedio entre 1997 y 2001.
La exitosa política de Jospin recibió en un principio fuertes críticas de economistas e instituciones financieras internacionales.
Por su parte, los trabajadores respaldaron los programas de creación de empleo, pero se opusieron a los contratos laborales de corto plazo. Ahora, los sindicatos exigen seguridad en el empleo y capacitación permanente. (FIN/IPS/tra-en/jjg/ss/lp/mj/lb/02


