La epidemia de dengue que costó 56 vidas en el estado de Río de Janeiro fue controlada, anunció el ministro de Salud de Brasil, Barjas Negri, pero los expertos y la población temen un nuevo brote.
De 190.634 casos de dengue registrados desde el inicio del año hasta el 24 de abril, 1.645 fueron del tipo hermorrágico, la variante más grave de la enfermedad, indican informes oficiales. La mayor epidemia anterior en Río de Janeiro había ocurrido en 1991, con 85.891 casos.
Los decesos atribuidos al dengue pueden aumentar, ya que aún no ha terminado la investigación de algunos fallecimientos.
Negri consideró practicamente eliminada la epidemia, a la vista de la disminución de los casos en Río de Janeiro, la ciudad más afectada. Los enfermos en esta ciudad fueron 2.684 en los primeros 24 días de abril, frente a 37.417 en marzo, informó la Secretaria Municipal de Salud.
El ministro anunció la desmovilización de 1.300 efectivos del ejército y de la fuerza aérea que participaron en la campaña en el estado de Río de Janeiro contra el mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Así mismo, regresarán a sus lugares de procedencia 1.000 funcionarios del Ministerio de Salud llegados en febrero de todo el país para participar de la ofensiva.
También intervinieron voluntarios en la campaña sanitaria. Unas 730.000 personas participaron de la guerra contra el mosquito transmisor el 9 de marzo, día decisivo de la movilización.
La fuerte reducción del contagio es visible en el menor aflujo de enfermos a los hospitales, pero se debe en gran parte a una ayuda de la naturaleza. Estos meses de marzo y abril, en general lluviosos en Río de Janeiro, fueron los más secos de los últimos años.
El Aedes aegypti depende para reproducirse del calor y de aguas limpias empozadas. Es así que las epidemias de dengue estallan en los veranos lluviosos en los países tropicales, y la cantidad de enfermos disminuye naturalmente al bajar la temperatura.
Además, la gran incidencia de la enfermedad inmunizó a gran parte de la población del estado contra el virus 3 del dengue, causante de esta epidemia, agotándose así las condiciones para la persistencia de un número elevado de casos, explicó el epidemiólogo Edmilson Migowski, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
La que se vivió fue una epidemia de amplitud previsible, aseguró el médico sanitarista Sergio Arouca, secretario municipal de Salud de Río de Janeiro en los primeros meses del año pasado y uno de los que advirtieron la falta de prevención ante el riesgo del dengue.
Los brotes son más graves y amplios tras la aparición de un nuevo virus, pues no hay defensas naturales en la población para limitar su propagación.
Eso fue lo que ocurrió este verano austral en Río de Janeiro. Un año antes, en diciembre de 2000, se había identificado en la ciudad, y por primera vez en Brasil, la presencia del virus del tipo 3. Las grandes epidemias anteriores fueron provocadas por los virus 1 y 2.
Ahora se teme la repetición del problema con el virus 4, que ya está presente en Colombia, Ecuador y Venezuela.
El dengue es una enfermedad mundial en expansión que cambia sus características, volviéndose más grave y con incidencia mayor, advirtió el presidente de la Sociedad Brasileña de Infectología, Celso Ramos Filho.
Su gravedad se debe a su carácter netamente urbano. Las ciudades sin saneamiento adecuado favorecen la proliferación del Aedes aegypti, coincidieron Ramos y Arouca.
Los expertos coinciden también en que ya no es posible erradicar el mosquito y por tanto hay que enfrentar la endemia con acciones permanentes y no exclusivamente médicas. El saneamiento básico y la eliminación de las viviendas precarias son medidas indispensables, según Ramos.
En algunas ciudades brasileñas, como Nueva Iguaçú y Niteroi, del área metropolitana de Río de Janeiro, se combate al mosquito con bacterias y microorganismos que matan las larvas del Aedes aegypti.
Esa técnica fue desarrollada por Cuba, que exporta su experiencia en la erradicación del dengue, después de haber sufrido varias y graves epidemias.
Los habitantes de Río de Janeiro, como el taxista Jorge Oliveira, desean que permanezcan en actividad los llamados mata- mosquitos, funcionarios encargados de inspeccionar y poner veneno contra el Aedes aegypti en las viviendas y en todo sitio propicio para su proliferación.
La epidemia en Río de Janeiro tuvo origen, según Oliveira, en el despido el año pasado de 5.800 mata-mosquitos por el Ministerio de Salud.
Por ese motivo, él y otros críticos llaman presidengue al ex ministro de Salud José Serra, candidato del oficialismo a la presidencia en las elecciones de octubre. (FIN/IPS/mo/ff/he/02


