La existencia de computadores personales en los hogares y la cantidad de conexiones a Internet en Chile son las principales novedades en el cuestionario del Censo Nacional de Población y Vivienda que se realizara el próximo miércoles.
Pero este censo decenal, más allá de la puesta al día respecto del mundo globalizado, tiene como principal ingrediente una abierta polémica en torno a las cuestiones religiosas, mientras se ha soslayado un debate tal vez más trascendental acerca de la identidad étnica.
El día 24, declarado feriado por el gobierno de Ricardo Lagos, 370.000 encuestadores cubrirán todo el territorio para recopilar la información en ciudades y zonas rurales, en tierra firme e islas, y en hogares, hospitales y cárceles.
Todos contamos es la consigna central levantada por el Instituto Nacional de Estadísticas para que nadie eluda su colaboración con este decimoséptimo censo de población y sexto de vivienda que se realiza en la historia republicana de Chile.
El anterior empadronamiento de población, realizado en 1992, señaló que Chile tenía entonces 13.348.401 habitantes, dividido casi por igual entre mujeres y hombres. Fue una cifra inferior a la que calculaban los expertos y que mostró una declinación en la tasa de natalidad del país.
En la actualidad, la población chilena debe aproximarse a los 15,5 millones de personas. Según la última estimación, de junio de 2001, con base en las proyecciones demográficas, este país sudamericano está poblado por 15.401.952 habitantes, de los cuales 7.775.470 son mujeres.
El ministro Secretario General de Gobierno, Heraldo Muñoz, rechazó esta semana las amenazas de algunos alcaldes de no colaborar con el Censo, en tanto consideran que sus municipios han sido postergados en los planes extraordinarios de creación de empleo.
El Censo es indispensable para planificar el desarrollo del país a partir de lo que tenemos en cuanto a población, vivienda y otros recursos, dijo Muñoz, añadiendo que precisamente estos informes permitirán trazar mejores políticas de empleo.
La gran radiografía que se elaborará el día 24 dirá el número de habitantes, su distribución por sexos y edades, a la vez que establecerá la calidad de las viviendas y sus condiciones de equipamiento, para dimensionar los déficit en estos aspectos.
En estos últimos 10 años han ocurrido grandes cambios en el país y en el mundo, que han repercutido en el modo de vivir de la población. La globalización y la inclusión de los computadores, no sólo en la vida laboral de los chilenos sino también en los hogares, la llegada de Internet, son algunos ejemplos, señalaron portavoces del Instituto Nacional de Estadísticas.
Es por ello que el próximo Censo tendrá que entregar un dato preciso sobre la llamada conectividad, es decir del porcentaje de población con capacidad de actuar como navegante en la red mundial de computadoras, para determinar así la ubicación de Chile en el variado mapa mundial de la sociedad de la información y la brecha digital.
En esta nueva versión del empadronamiento se incluirán también preguntas sobre la propiedad de automóviles u otros vehículos motorizados en las familias, un dato que hasta hace una década no requería tampoco de mayor atención.
Pero, más allá de los aspectos técnico-estadísticos, este censo tuvo como preámbulo duras denuncias de la jerarquía eclesiástica acerca de una campaña para exhortar a los chilenos a no declararse católicos cuando los encuestadores les consulten sus opciones religiosas.
Desde dos dependencias públicas, empleados menores distribuyeron a espaldas de sus jefes correos electrónicos en los cuales afirmaban que, si una persona no es católica practicante, no debe declararse adscrita a esa fe, aún cuando haya sido bautizada en ella.
El cuestionario del Censo interroga a las personas si se consideran católicas, evangélicas, mormonas, judías, musulmanas, de otras religiones, masones, agnósticas o ateas.
En el anterior censo decenal, 74 por ciento de los chilenos se declararon católicos y el cardenal Francisco Javier Errázuriz, primado de la Iglesia de Chile, consideró que los correos electrónicos formaban parte de una campaña para desconocer el arraigo de su religión en este país.
La polémica no es menor, ya que la Iglesia Católica está dando actualmente batallas valóricas, que incluyen una férrea oposición a que se legisle sobre el divorcio, se autorice la comercialización de anticonceptivos que califica de abortivos, o se promueva el uso del condón en las campañas de prevención del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).
El cardenal Errázuriz llegó a declarar que consideraría cuestionables los resultados del Censo si éstos entregaban una cifra de católicos inferior a 74 por ciento, lo cual provocó una polémica en que intervinieron políticos, pastores evangélicos y directivos masones.
Hace una semana, la Conferencia Episcopal de Chile calmó los ánimos con una declaración en que valoró la importancia del Censo y expresó su respaldo a esta gran encuesta nacional.
Lucía Sepúlveda, una periodista independiente, advirtió que el revuelo en torno a la religión ha dejado de lado un debate tal vez más necesario sobre los aspectos de identidad étnica que indagará el Censo entre la población.
Este asunto fue introducido por primera vez en el Censo de 1992, con la pregunta Si usted es chileno ¿se considera perteneciente a alguna de las siguientes culturas?, y a continuación se enumeraban las posibles respuestas: mapuche, aymara, rapanui, ninguna de las anteriores.
En esta ocasión, el cuestionario incluirá un mayor número de opciones en cuanto a identidad cultural o étnica: alacalufe, atacameño, aymara, colla, mapuche, quechua, rapanui y yamana, lo cual hace justicia al conjunto de pueblos autóctonos.
Sepúlveda señaló que, pese a este avance, se corre el riesgo de que se repitan fórmulas del anterior Censo, consideradas poco consistentes por estudios de entidades universitarias y organismos internacionales, como el Centro Latinoamericano de Demografía.
La pregunta de 1992 descansaba más en la apreciación subjetiva y respondía a un criterio de autoidentificación cultural y no de pueblo, a partir de una supraidentidad común: la chilena.
El centro de estudios indígenas Liwen advirtió que, a partir de esas formulaciones, muchos chilenos, sin tener un origen étnico mapuche, se declararon como tales por su identificación con ese pueblo.
En cambio, muchos mapuches discriminados, reaccionaron negándose a reconocerse como tales, indentificándose con los chilenos. Identificarse con es diferente a identificarse como, puntualizó el centro Liwen.
El ejemplo, indicó Sepúlveda, es también aplicable a los aymara, del norte de Chile, la segunda etnia en importancia luego de los mapuches, que están distribuidos entre Santiago y otras tres regiones del sur del país.
El Censo debería incluir parámetros más precisos para cuantificar la población indígena, sumando a la identificación cultural la conservación de apellidos mapuches o de otras etnias, así como antecedentes de apropiación de apellidos hispanos por quienes buscaron así escapar de la discriminación, indicaron investigadores del Liwen. (FIN/IPS/ggr/dm/pr dv/02


