Miles de judíos de Argentina deciden emigrar a Israel, a pesar de la escalada militar en Medio Oriente, cansados de sufrir la pobreza, la inestabilidad laboral, la incertidumbre económica y la inseguridad pública.
Las consultas formuladas a la Embajada de Israel en Argentina por judíos aspirantes a emigrar se multiplicaron por 10 desde enero. La cantidad de los que efectivamente lo hacen, que había saltado 800 en 2000 a 1.460 en 2001, llegará a 5.000 este año, una cifra sin precedentes.
Sólo en las primeras semanas de este mes, 600 judíos argentinos emigraron a Israel.
Abril fue el mes más trágico en el conflicto entre israelíes y palestinos desde el inicio de las negociaciones a comienzos de los años 90, mientras en Argentina no cesaba la profunda crisis social, económica, política y financiera profundizada en diciembre, marcada por una recesión que lleva más de cuatro años.
En 2001, unos 100.000 argentinos dejaron el país a causa de la crisis. El porcentaje de los que se dirigen a Israel no es alto, pues Argentina alberga la mayor colectividad judía de América Latina, 205.000 en 1998, según instituciones comunitarias.
Las cifras de emigrantes a Israel tampoco resulta elevada si se ponderan las facilidades que brinda ese país a los judíos que desean radicarse allí.
Pero la profundidad de la crisis argentina se ve reflejada en la sorpresiva aspiración de miles de personas a emigrar a un país en guerra, bajo amenaza de atentados y cuyos jóvenes, incluso inmigrantes, están obligados a incorporarse a las Fuerzas Armadas para cumplir con un servicio militar de tres años.
¿Acaso en Argentina no hay riesgo también de morir?, preguntó, en diálogo con IPS, Jorge Schvartzer, un comerciante judío de 42 años. Su esposa, que también trabaja, gana menos de lo que gasta en mantener abierto su negocio de comidas. A sus hijos ya no les pueden pagar la escuela privada judía.
Para Schvartzer, la decisión no es fácil. Sabe que si se va, sus hijos —un adolescente varón y una niña— deberán ir al ejército. Pero aún antes de que llegue esa instancia, en cualquier ciudad israelí existe hoy el riesgo de perecer en un atentado.
Pero en Argentina también cunden las amenazas. Una de las mujeres que asistió junto con la familia Schwartzer a un curso preparatorio para emigrar a Israel murió este año al caer en las vías del tren, luego de forcejear con un ladrón que le arrebató el bolso cuando ella esperaba en el andén.
El aumento de la delincuencia y de la violencia representan una amenaza real para miles de argentinos, acosados además por el temor a perder el empleo, el acceso a servicios de salud y también los ahorros, pues la crisis financiera pone en duda la posibilidad de recuperar el dinero depositado en los bancos.
Lo que motiva a los judíos argentinos a dejar su país es, sin duda, la crisis, pero la decisión acerca del destino es ideológica y se relaciona con la búsqueda de un lugar al que sienten como propio, dijo a IPS el representante de la Agencia Judía para América Latina, Tzvi Hasson.
La decisión no se vincula con la fe, pues, de hecho, la mayoría de los emigrantes no son religiosos, sostuvo Hasson. Pero sí influye el deseo de incorporarse a un país donde el pueblo judío es soberano, donde el día de descanso es el sábado y donde se respetan las tradiciones del judaísmo.
La crisis argentina concentra hoy una gran parte de la tarea y de los resursos financieros de la Agencia Judía, organización no gubernamental internacional creada hace un siglo para tender puentes entre las comunidades judías dispersas por el mundo.
Veinte por ciento de los judíos de este país vivían en 2001 en situación de pobreza, según las estadísticas de la Asociación Mutual Israelita Argentina.
La Agencia Judía decidió destinar para este año 20 millones de dólares de ayuda extraordinaria a los judíos argentinos pobres que permanecen en este país, las escuelas de la comunidad que se quedan sin alumnos porque sus familias no pueden pagar la cuota y a los que decidan emigrar a Israel.
Los beneficios que ofrece Israel a los inmigrantes judíos son la cara opuesta de las restricciones que afrontan hoy los argentinos cuando intentan radicarse en otros países industrializados.
A las autoridades israelíes no les importa la edad de los inmigrantes (12 por ciento son jubilados) ni su condición económica, su procedencia, sexo o condición física. Todos tienen derecho a ser declarados ciudadanos israelíes apenas ponen un pie en el país.
Hasson reconoció que vivir en Israel no es fácil. Más que facilidades, les damos dificultades: tenemos un país pequeño, cuyo territorio entraría en la más pequeña de las 23 provincias argentinas, con recursos naturales escasos y un idioma que lleva una vida aprender. Y lo peor de todo, la inseguridad, dijo.
Yo mismo viví en Israel 45 años en los cuales hemos tenido siete guerras. Mis cuatro hijos fueron al ejército, durante tres años cada uno, y a mis 13 nietos también les tocará incorporarse a sus filas, afirmó.
Pero en compensación, puntualizó Hasson, la Agencia Judía otorga grandes facilidades a quienes quieran trasladarse, sobre todo a los pobres. Les entregamos el pasaje de ida si no pueden pagarlo. El que quiera volver (a su país de procedencia) puede hacerlo cuando lo desee, pero por su cuenta, aclaró.
Luego, los que se acogen a la Ley del Retorno reciben durante medio año una asignación mensual para instalarse, alimentarse y vivir. En ese periodo deberá estudiar hebreo, y los cursos son pagados por la Agencia, así como el seguro médico.
Luego, el inmigrante recibe ayuda para obtener trabajo, estudiar, revalidar títulos profesionales o hacer lo que deba según su capacidad y deseo.
Al cabo del semestre, se les obsequia 20.000 dólares para la compra de una vivienda, monto equivalente a 10 por ciento del costo promedio de una casa para una familia de cuatro miembros. Pueden obtener un crédito estatal a pagar en el largo plazo para pagar el resto.
La ayuda inicial se extiende a 13 meses en lugar de seis para los jubilados. Además de la asignación de la Agencia Judía, las mujeres mayores de 60 años y los varones mayores de 65 acceden a la pensión por vejez de 400 dólares al mes que le corresponde a todo ciudadano israelí, al margen de los aportes de su vida activa.
Esas condiciones explican, en parte, por qué muchos consideran que Israel, a pesar de la guerra y los atentados, puede ser hoy un destino en que los judíos argentinos creen que se sentirían más seguros, tratados como ciudadanos de primera categoría, y protegidos en sus derechos más básicos. (FIN/IPS/mv/mj/pr/02


