La guerrilla maoísta de Nepal convocó a una huelga general esta semana, pero el nivel de actividad y las protestas de grupos de ciudadanos independientes demuestran que los rebeldes tienen escaso apoyo en las áreas urbanas de este reino himalayo.
Los insurgentes llamaron a una huelga general del 23 al 27 de este mes, en parte para forzar al gobierno democráticamente elegido a aceptar su demanda de instaurar un estado republicano.
Si bien gran parte de Nepal cesó sus actividades el primer día del paro, para el segundo día ya habían surgido señales de desafío público.
El jueves y este viernes, la huelga mostraba señales de fracaso a medida que habrían más comercios y oficinas en la capital, Katmandú, y en otras ciudades de todo Nepal.
Los vehículos también se están volcando a las calles nuevamente. Sin embargo, las escuelas permanecen cerradas por temor a represalias de los maoístas, que lanzaron su rebelión hace siete años.
Más de 3.200 personas han muerto en la insurgencia, unas 1.200 de ellas en los últimos cinco meses, desde que el gobierno impuso normas de emergencia para enfrentar a la rebelión.
Los ataques de la guerrilla también se han vuelto más audaces en los últimos tiempos, al volcarse contra puestos de la policía y el ejército, que a fines del año pasado se involucró en la lucha antiinsurgente.
Esta es la primera vez que grupos cívicos desafían abiertamente una bandh o huelga general desde que Nepal retornó al régimen democrático, en 1990.
Desde entonces, distintos partidos políticos convocaron a unas 50 bandhs por diferentes asuntos, y la mayoría tuvieron un alto grado de adhesión, hasta esta semana.
Estamos hartos de esto, expresó Rajesh Kaji Shrestha, presidente de la Cámara de Comercio de Nepal, quien encabezó el jueves una manifestación de empresarios contra la huelga en el centro de Katmandú.
Perdemos oportunidades de negocios y la gente tiene muchos inconvenientes, lamentó.
Según Shrestha, este país de 23 millones de habitantes pierde 600 millones de rupias o unos 7,7 millones de dólares por cada día de huelga.
En la cercana ciudad de Patan, muchos residentes se manifestaron contra la detención de las actividades y exhortaron a los comerciantes a abrir sus establecimientos.
Los maoístas están llevando este país a la ruina, declaró uno de los manifestantes, Suresh Chapagain. Sólo queremos paz y poder seguir con nuestra vida cotidiana. Si ellos tienen algún problema, deberían sentarse a negociar con el gobierno, agregó.
La situación es similar en grandes ciudades como Biratnagar, Birgunj, Bhairahawa y Pokhara, donde la gente hace caso omiso de la convocatoria a la huelga, según informes de prensa locales.
Además de los paros, algunos manifestantes protestaron contra las tácticas utilizadas por los maoístas en su campaña.
En el primer día de la huelga, los rebeldes secuestraron cuatro ambulancias de la Cruz Roja que llevaban heridos a hospitales. La operación de seguridad para rescatar las ambulancias causó la muerte a dos policías.
El Comité Internacional de la Cruz Roja emitió una fuerte declaración contra el incidente y exhortó a los rebeldes a respetar el símbolo de la cruz roja. Organizaciones de defensa de los derechos humanos también condenaron el secuestro.
El desafío público a la guerrilla complace al gobierno, que días atrás aumentó la seguridad, otorgó más potestades de represión a la policía y prometió pronta compensación a los propietarios de autobuses y taxímetros que sean blanco de ataques de rebeldes durante la huelga.
Aun así, algunos miembros del gabinete se mostraban aprehensivos, inseguros de si los ciudadanos respaldarían las duras medidas del gobierno contra la huelga.
Pero este viernes, el gobierno estaba más optimista. Nos complace que la propia población se haya manifestado contra la huelga. Esto es algo que nunca había ocurrido antes, declaró el ministro del Interior, Devendra Raj Kandel. (FIN/IPS/tra-en/sp/js/mlm/ip/02


