La ofensiva de Israel contra el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, fortalece la imagen de éste, que se había desgastado en los últimos años.
El gobierno israelí, encabezado por el primer ministro Ariel Sharon, insiste en que Arafat es el líder de una organización terrorista y debe ser sustituido, pero el resultado de su ofensiva ha sido transformarlo en un irremplazable símbolo de la esperanza árabe y musulmana.
En los últimos 30 años, Arafat fue fundador y dirigente de la resistencia armada palestina contra Israel, encabezó la iniciativa de paz de los valientes, que condujo a acuerdos con Tel Aviv para crear un Estado palestino, y es desde entonces el presidente en ciernes de ese Estado no creado.
En los últimos años, los compromisos asociados con ese papel desgastaron al dirigente, de 72 años de edad, y hay palestinos que cuestionan su liderazgo, lo condenan o incluso lo odian, porque piensan que la ANP ha sido demasiado conciliadora con los israelíes.
Pero en los últimos meses, los palestinos y el conjunto de los árabes y musulmanes se alinearon en defensa de Arafat, cuya imagen tomó proporciones heroicas al estar sitiado en sus oficinas de Ramalá por las fuerzas israelíes, que incluso lo privaron de agua y electricidad.
Cuando Arafat era recibido con honores en la Casa Blanca, estrechaba la mano de presidentes estadounidenses y primeros ministros israelíes, y era el dirigente político más viajero del mundo, muchos árabes, y en especial palestinos, lo rechazaban, comentó esta semana el diario Gulf News, de Dubai.
Pero cuando Sharon comenzó a acosarlo mediante el arresto domiciliario, el sitio, el bombardeo de su cuartel general y aun propuestas para exiliarlo, Arafat se transformó de pronto en un auténtico héroe para todos los árabes y musulmanes.
Cuando el presidente palestino se reunió con el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, el , estaba en una posición de fuerza que no había ocupado en muchos años, con pleno resplado palestino y árabe, destacó.
Hace dos semanas, Arafat dijo a la emisora de televisión qatarí Al Jazeera: Ellos (los israelíes) quieren que sea un exiliado, un prisionero o un cadáver. Yo les respondo: '¡Un mártir, un mártir, un mártir!'. Esa retórica cautiva al público árabe y musulmán.
Informes especiales sobre la situación del presidente de la ANP abundan en las emisoras de televisión de Medio Oriente, con títulos como Bajo sitio y Pese al sitio. En Palestina, los medios de comunicación incluyen cada vez más mensajes de solidaridad con Arafat.
Muchos comparan a Arafat con figuras históricas muy prestigiosas como el ex presidente egipcio Jamal Abdul Nasser, o el décimo califa del Islam, Omar ibn Al Jattab, quien recibió las llaves de Jerusalén, indicó el egipcio Shehnaz Khafafi, traductor en una oficina del gobierno de Emiratos Arabes Unidos.
La unidad árabe en torno a Arafat no tiene precedentes. Es aun mayor que la de 1982, cuando estuvo cercado en Beirut por cilicias cristianas apoyadas por Sharon, sostuvo Maher Al Rayes, director de las emisoras oficiales palestinas.
El rey Abdullah de Jordania advirtió que no reconocerá ningún sustituto del legítimo liderazgo de Arafat, a quien calificó de un héroe de todos los tiempos de Medio Oriente.
La ofensiva lanzada por Sharon slenció a casi todos sus opositores, e incluso los grupos extremistas palestinos Hamas y Jihad Islámica han moderado mucho sus críticas.
Esos grupos eran populares y capaces de destruir la reputación de Arafat, pero sopla un nuevo viento, dijo a IPS Mohammed Al Ghobaisi, estudiante y activista palestinop residente en Emiratos Arabes Unidos.
Si alguien trata de tomar el lugar de Arafat, lo colgaremos en la Plaza Manara, la principal de Ramalá, donde fueron ahorcadas personas acusadas de colaborar con Israel, dijo al diario Al Khaleej, el más vendido de Emiratos, un residente en esa ciudad.
Los gobernantes árabes parecen confundidos e impotentes a sus propios pueblos, que se preguntan por qué Arafat no fue rescatado por sus hermanos, y por qué Estados Unidos ha sido una vez más un espectador parcial, afirmó el analista político palestino Eyad Assaraj.
El presidente de la ANP fue acusado antes de la ofensiva israelí de favoritismo, corrupción, uso brutal de la policía palestina y desprecio a la democracia, pero esas críticas ya no se escuchan.
Incluso la esposa de Arafat, Suha, expresó descontento con la corrupción en la ANP, en una entrevista concedida el mes pasado a la revista Sayidaty, que se edita en Riyadh.
Muchos piensan que la intifada (insurrección) palestina contra Israel expresa en parte la ira popular ante la mala gestión de la ANP, muchos de cuyos dirigentes, compañeros de exilio de Arafat en el pasado, exhiben su riqueza mientras crecen el desempleo y empeoran las condiciones de vida de la mayoría.
El presidente palestino ha seguido malos consejos de algunas personas que lo rodean, y debe alejar de su entorno a corruptos que le recomiendan actuar contra su propio pueblo, para complacer a Israel y a Estados Unidos, sostuvo Hussam Jader, dirigente del movimiento Fatah que Arafat lidera.
Pero no ha nacido el palestino capaz de sustituir a Arafat en una conferencia de paz, y aceptar menos de lo que él aceptaría para un acuerdo de paz, pese a las críticas que los palestinos le hacen en privado, escribió el martes en el periódico israelí Maariv el especialista en asuntos árabes Oded Granot. (FIN/IPS/tra- eng/nj/js/mp/ip/02


