Pocas alianzas políticas son más extrañas que la formada en Estados Unidos en la década de 1980 por cristianos evangélicos y judíos neoconservadores, en su mayoría laicos.
La alianza, que se fortaleció bajo la actual presidencia de George W. Bush, tiene gran influencia en la política de Washington en Medio Oriente y en el respaldo oficial al primer ministro israelí, el derechista Ariel Sharon.
Por eso, la comunidad judía estadounidense se sorprendió al conocer en marzo una conversación grabada en 1972 en que el predicador evangélico Billy Graham, férreo defensor de Israel, se quejaba al presidente Richard Nixon (1968-1974) de la gran influencia de aquella colectividad en los medios de comunicación.
Graham, la máxima autoridad de la Iglesia Cristiana Evangélica estadounidense y confidente de media docena de presidentes desde los años 50, se lamenta en una conversación grabada con Nixon del dominio total de los medios de comunicación que según él mantenía la comunidad judía estadounidense.
No todos los judíos, pero muchos de ellos son grandes amigos míos, se me acercan y son amistosos porque saben que soy amistoso con Israel. Pero no saben lo que realmente siento sobre lo que están haciendo en este país, dijo el pastor a Nixon durante esa conversación en la Casa Blanca, sostenida en 1972.
Tras la divulgación de la cinta de audio, el religioso de 83 años se disculpó públicamente dos veces por sus declaraciones de hace 30 años, las cuales dicen mucho sobre una de las más poderosas alianzas en la política estadounidense del último cuarto del siglo pasado.
En la política de Estados Unidos hacia Israel, no se puede tener en cuenta sólo el poder de los (legisladores) y los grupos judíos, advirtió el profesor de Ciencia Política de la Universidad de California, Steve Spiegel.
La derecha cristiana tiene una influencia real en los puntos de vista del (gobernante) Partido Republicano sobre Israel, declaró el experto a la publicación Congressional Quarterly.
Líderes de la llamada derecha cristiana fueron en Estados Unidos algunos de los más decididos defensores de Sharon durante la última ofensiva israelí en Cisjordania, que dejó cientos de muertos.
Uno de ellos es el encargado de la displina partidaria de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, el evangélico Tom DeLay, quien advirtió explícitamente al presidente Bush que no debía presionar a Sharon para que replegara sus tropas de Cisjordania.
Deberíamos respaldar a Israel en el desmantelamiento del liderazgo palestino que fomenta la violencia y el odio, dijo DeLay, quien el año próximo probablemente sea elegido líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, si los republicanos retienen el control de ese ámbito.
DeLay realizó sus declaraciones en un discurso político en Fulton, Missouri, el lugar donde el primer ministro británico Winston Churchill pronunció su famoso discurso sobre la cortina de hierro, que marcó el comienzo de la guerra fría.
El martes 23, el representante republicano sugirió que Israel no debe retirarse de los territorios que ocupó en la guerra de 1967, y equiparó la lucha de Israel contra los palestinos con la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo.
He estado en Judea y Samaria (los nombres bíblicos de la actual Cisjordania), he estado en las alturas del Golán (capturadas a Siria en 1967), y no vi ningún territorio ocupado. Vi a Israel, declaró.
Las declaraciones de DeLay y la renuencia de Bush a presionar con fuerza a Sharon para que retome las negociaciones de paz con Arafat son el fruto de una estrategia de 25 años del Partido Likud, que actualmente gobierna Israel, para atraer a los evangélicos en su lucha por lo que los judíos consideran la tierra prometida.
Las tierras que hoy forman Israel son sagradas para el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, las tres principales religiones monoteístas del mundo.
La estrategia del Likud fue iniciada por el primer jefe de gobierno de Israel, Menahem Begin, luego de su elección en 1977, precisamente para bloquear un esfuerzo del entonces presidente estadounidense Jimmy Carter para lanzar negociaciones que reconocieran el derecho de los palestinos a un estado propio.
A diferencia del Partido Laborista de Israel, que siempre ha respaldado la idea de cambiar tierra por paz, el Likud promueve la idea de un gran Israel que incluya los territorios considerados ocupados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La estrategia del Likud fue simple: separar a los cristianos evangélicos y fundamentalistas de la base política de Carter y recabar su apoyo para la oposición a la propuesta Conferencia de Paz sobre Medio Oriente en la ONU, comentó Donald Wagner, director del grupo Evangélicos por el Entendimiento en Medio Oriente.
El plan funcionó tan bien que muchos analistas políticos atribuyen la derrota electoral de Carter por Ronald Reagan en 1980 a la pérdida del electorado cristiano evangélico y a la formación de una alianza entre judíos neoconservadores y la derecha cristiana, que se fortaleció en las últimas dos décadas.
Los estrategas del Likud y sus aliados neoconservadores aprovecharon una corriente de pensamiento evangélico inglés, que data de hace cuatro siglos, basada en una interpretación de la Biblia llamada dispensacionalismo.
El dispensacionalismo sostiene que Dios trató a la humanidad de distintas maneras en diferentes etapas, interpreta la Biblia de manera literal y realiza una clara distinción entre el programa divino para Israel y el programa divino para la iglesia cristiana.
Según esa interpretación, la restauración de lo que el Nuevo Testamento llama el Reino de Israel precederá al retorno del Mesías (Cristo) y el apocalipsis.
Esta corriente teológica evolucionó hacia el llamado movimiento cristiano sionista, surgido dos décadas antes que el sionismo judío.
El suegro del predicador Graham, Nelson Bell, escribió luego de la guerra de los Seis Días, en 1967, que la conquista de todo Jerusalén por Israel otorgó a los estudiosos de la Biblia una renovada fe en la precisión y validez del texto bíblico.
Los dispensacionalistas creen que el pueblo judío tiene un derecho divino a la Tierra Santa, que incluye la actual Cisjordania.
Esas creencias integran la formación teológica de casi 100 millones de evangélicos estadounidenses, entre ellos el fiscal general John Ashcroft.
El principal embajador del Partido Likud ante los evangélicos ha sido el rival partidario de Sharon, el ex primer ministro Binyamin Netanyahu, quien se reunió varias veces con televangelistas como Pat Robertson y Gary Bauer en los años 80 y 90, cuando era embajador de Israel ante la ONU.
Luego, como primer ministro, causó una tormenta al criticar al entonces presidente Bill Clinton en una convención evangélica en Washington, en 1998.
Desde la elección de Sharon, hace un año, la embajada de Israel convocó en varias ocasiones a líderes evangélicos, y en la última visita de Netanyahu a Estados Unidos, tuvo numerosas reuniones con líderes de la derecha cristiana y los exhortó a denunciar la presión de Washington para contener a Sharon.
Pero a juzgar por las declaraciones grabadas de Graham, el respaldo de los evangélicos a Israel se basa en profecías bíblicas, y no en el respeto por la colectividad judía o el judaísmo.
Según la teología evangélica, el retorno del Mesías marcará el fin del pueblo judío, que deberá convertirse o será condenado por toda la eternidad. (FIN/IPS/tra-en/jl/mlm/ip-cr/02


