DERECHOS HUMANOS-TAILANDIA: Montañeses son usados y marginados

Las autoridades de Tailandia utilizan como atracción turística a las etnias que habitan la región montañosa septentrional, pero las confinan a esa zona y les niegan el derecho a la ciudadanía.

Las norteñas ciudades de Chiang Rai y Chiang Mai atrajeron el año pasado más de 1,9 millones de visitantes entre los 10 millones de extranjeros que visitaron Tailandia. En 2000, 1,7 millones de personas pasaron vacaciones en la zona.

”Vivimos con miedo de la policía, de modo que debemos ser cuidadosos de nuestros movimientos”, dijo Ayo, quien sólo tiene un nombre, al igual que casi todas las personas de la etnia akha residentes en una aldea cercana a Chiang Rai.

Alrededor de un millón de miembros de las tribus del norte corren riesgo de ser detenidos si deciden viajar por el resto del país.

Además, más de dos tercios son privados del derecho a la ciudadanía tailandesa, según denunció la Asamblea de Pueblos Indígenas y Tribales de Tailandia.

Los akha, lahu, lisu y karen son los más numerosos de los 20 grupos indígenas tailandeses.

Los turistas encuentran en las pintorescas calles de Chang Rai o en su aeropuerto numerosos anuncios y tarjetas postales que presentan la colorida vestimenta y la cultura distintiva de las tribus de las montañas.

Los akha se destacan por los tocados que llevan en la cabeza, adornados con dijes de plata, y las mujeres lahu son conocidas por sus trabajadas chaquetas negras y rojas.

”Las tribus montañesas son importantes para el turismo, y son la segunda opción de los visitantes, después de las caminatas en zonas vírgenes”, explicó Smithseth Chantusen, funcionario de la Autoridad de Turismo de Tailandia.

La política del gobierno hacia los indígenas revela un doble discurso, pues los considera valiosos como una mercancía, pero no como pueblos, señaló el antropólogo Chayan Vaddhanaphuti, de la Universidad de Chiang Mai.

El gobierno niega a los miembros de estas etnias, minoritarias en un país de 70 millones de habitantes, los derechos que garantiza al resto de los tailandeses.

”Muchos de ellos carecen de estatuto legal y pueden ser detenidos por varias razones, entre ellas salir de las áreas restringidas en el norte”, agregó el antropólogo.

A la vez, las autoridades y los agentes de viajes los consideran esenciales para promover el turismo, y los presentan como un aspecto exótico del país.

Activistas que luchan por mejorar la situación de los pueblos tribales denuncian el alto grado de discriminación a la que son sometidos.

”Se trata de explotación, porque al gobierno sólo le interesa generar ganancias por medio de ellos. Deberían tener el derecho a moverse con libertad, en especial las generaciones nacidas en Tailandia. Tienen escasas libertades y son vulnerables”, denunció Sombat Boongamanong, director del no gubernamental Grupo Arte Espejo.

Los miembros de las tribus del norte suelen ser detenidos y retenidos bajo custodia policial por más de 20 días. Durante este período, la mayoría no recibe asistencia legal.

El analista político Sunai Phasuk, de la organización de derchos humanos Forum Asia, con sede en Bangkok, destacó que, durante el debate de la Constitución aprobada en 1997, organizaciones indígenas presentaron sus demandas, entre ellas la necesidad de ciudadanía, pero no fueron escuchadas.

La Asamblea de Pueblos Indígenas y Tribales atribuye la situación a la forma en que los gobiernos han discriminado a las etnias del norte, ”presentándolas como un problema para las autoridades”.

En la década de los 60 y principios de los 70, Bangkok dio la bienvenida a los miembros de las tribus que se sumaban a su lucha contra el movimiento comunista insurgente. Sin embargo, desde comienzos de los 90, los pueblos de las montañas han sido marginados.

Para decidir quiénes pueden permanecer en el país, las autoridades actuales hacen lo mismo que sus antecesoras. ”Si llegaron ilegalmente, les pedimos que vuelvan a sus hogares. Si vinieron legalmente, hay un procedimiento a seguir”, dijo un funcionario del Ministerio del Interior.

Los pueblos tribales, de origen nómade, suelen cruzar las fronteras de Tailandia, Laos, Camboya y hasta el sur de China, abarcando un territorio preexistente a la fijación de los actuales límites políticos.

Sólo unas 300.000 personas del millón de indígenas del norte están registradas legalmente. El resto, aunque haya nacido en Tailandia, permanece indocumentado.

Ayo intenta asegurar la residencia legal para su comunidad, de 76 familias. ”He leído bastante sobre nuestros derechos y ayudé a muchos a llenar los papeles, pero no es fácil”, indicó.

No obstante, el muchacho de 20 años no se da por vencido. ”Si yo no hago esto, nadie lo hará. Quiero luchar por mi aldea, para que seamos tailandeses”, dijo. (FIN/IPS/tra-en/mmm/js/lp/mlm/hd if/02

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