COREA: Incertidumbre rodea diálogo Norte-Sur

El resultado del diálogo que reanudaron esta semana Corea del Norte y del Sur permanece en la incertidumbre, pues la situación descripta por los refugiados norcoreanos en China pone en duda las verdaderas intenciones de Pyongyang.

El ex ministro de Unificación de Corea del Sur, Lim Dong-won, llegó el miércoles a Pyongyang como enviado especial de Seúl con el propósito de restaurar el diálogo entre las dos repúblicas, que se mantienen técnicamente en guerra desde 1953.

En su visita de tres días, Lim discutirá con funcionarios norcoreanos la oportunidad de un encuentro con el presidente Kim Jong-il e instará a Pyongyang a retomar los acuerdos alcanzados en la cumbre que el mandatario mantuvo con su par de Corea del Sur, Kim Dae-jung.

Esos puntos incluyen el reencuentro de las familias separadas por la guerra, la reapertura del transporte carretero y ferroviario transfronterizo, la construcción conjunta de un parque industrial en Corea del Norte y una visita del líder norcoreano a Seúl.

El gobierno norcoreano muestra voluntad para el diálogo y las concesiones políticas toda vez que la situación económica del país se torna grave, advierten algunos analistas.

Pero mientras amplios sectores de la población se enfrentan al hambre y el país necesita con urgencia inversiones y ayuda alimentaria, parece difícil que prevalezca la mentalidad de puertas cerradas.

El país está aún más aislado desde que en enero el presidente de Estados Unidos George W. Bush lo incluyó junto a Irán e Iraq en el ”eje del mal”, los estados promotores del terrorismo internacional, y el Departamento (ministerio) de Defensa lo identificó como potencial blanco de ataques nucleares.

Washington decidió en marzo no certificar el cumplimiento de Pyongyang con el acuerdo firmado por ambos gobiernos en 1994 para congelar el programa norcoreano de armas nucleares a cambio de la instalación de reactores atómicos para generación de electricidad.

Corea del Norte respondió también con agresividad y amenazó con retirarse del acuerdo, mientras aceptaba reanudar el diálogo con Seúl e incluso sugería que estaba formulando reformas económicas.

”Es necesario mejorar la cooperación comercial y económica, los emprendimientos y la colaboración con diferentes países y organizaciones internacionales”, dijo la semana pasada el primer ministro de Corea del Norte, Hong Song Nam.

No es la primera vez que el gobierno promete apertura económica. En los años 80, Pyongyang consideró imitar el modelo de reforma agraria de China, permitiendo a los campesinos alquilar parcelas de tierras estatales y manejar la producción en forma privada.

También se autorizó la creación de una zona económica franca en la noroccidental frontera con China, destinada a atraer inversiones extranjeras. Pero ambas iniciativas fracasaron, y se mantuvieron las severas restricciones políticas.

Así lo atestiguan los relatos de los 25 norcoreanos que buscaron asilo el mes pasado en la embajada de España en China.

Sus historias revivieron el estado de terror y escasez de alimentos que vive la población y desacreditaron las afirmaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según la cual millones de toneladas de ayuda alimentaria lograron abatir la hambruna en el país.

Estas personas, procedentes de diferentes zonas y con orígenes sociales distintos, aseguraron que rara vez vieron esa ayuda y que los alimentos donados sólo se encontraban en venta en el mercado. Entre los refugiados hay niños, niñas y ancianos, los presuntos destinatarios de la mayor parte de la asistencia.

”No creemos que la ayuda humanitaria esté llegando a los grupos más vulnerables”, afirmó la directora de investigación de la organización Médicos Sin Fronteras, Fiona Terry, con sede en París.

”No hay alimentos ni esperanza en Corea del Norte”, dijo uno de los solicitantes de asilo, ex administrador de una fábrica en el nororiental condado de Chongsong, que huyó del país con sus tres hijos.

En conjunto con la policía china, los agentes de seguridad norcoreanos dispusieron una verdadera cacería humana en la frontera para detener el flujo de refugiados.

Una vez devueltos a su país, los ciudadanos afrontan la prisión y amenazas de muerte, pero eso no detiene a muchos que permanecen escondidos en China nororiental, tras haber intentado varias veces cruzar la frontera.

Los testimonios incluyen detalles sobre la muerte y las torturas a que son sometidos los disidentes y parecen contradecir las opiniones sudcoreanas de que Pyongyang está adoptando cambios.

En los últimos dos años y pese a los esfuerzos conciliadores de Corea del Sur, la calidad de vida de la población norcoreana empeoró considerablemente por la falta de alimentos, medicinas y calefacción, lo cual determinó que la ONU lanzara este año un nuevo pedido de donaciones por valor de 600 millones de dólares. (FIN/IPS/tra-eng/ab/js/dcl/ip hd/02

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