El drama en clave de comedia del absurdo de una familia argentina, La Escala Humana, y el enorme despliegue de luces y figuras del grupo español Xarxa Teatro bajaron el telón del encuentro teatral de este año en la capital venezolana.
Las grandes diferencias de espacio y concepción entre ambas propuestas mostraron el 31 de marzo la diversidad de puestas en escena que durante dos semanas fueron exhibidas en el XIV Festival Internacional de Teatro de Caracas.
La Escala Humana, escrita a seis manos por Javier Daulte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian y estrenada hace un año en Buenos Aires, bordea con el absurdo una historia que refleja la violencia cotidiana de la sociedad ante la cual los ciudadanos parecen haber quedado anestesiados.
La tragedia que le toca vivir a esa familia que nos muestra 'La Escala Humana' a ratos se vuelve divertida, a ratos morbosa. El público se ríe, porque lo patético termina provocando la risa, comentó este lunes la periodista especializada Andreína Gómez.
La historia transcurre a un ritmo agotador, a partir de la confesión de una madre a sus tres hijos de que ha asesinado a una vecina, con escenas y respuestas totalmente inesperadas que terminan con un final trágico, pero ante el cual sólo cabe la risa.
La obra, que se desarrolla en el espacio ficticio del garaje hogareño, se presentó en una función extra el 31 de marzo debido a la gran demanda de público, que premió con sonoros aplausos y vítores la puesta en escena.
En tanto, la agrupación española Xarxa Teatro, a diferencia de la representación argentina, tomó un paseo peatonal caraqueño para escenificar Deus o Besties.
Esas dos caras tan distantes de proponer un espectáculo fueron el ejemplo de la diversidad del material exhibido en Caracas y otras ciudades de Venezuela.
La XIV edición de la cita teatral venezolana albergó a 44 compañías, la mitad de ellas extranjeras, y estuvo dedicada a Francia. La organizadora del encuentro, Carmen Ramia, anunció que el año próximo el país invitado de honor será España.
El Festival Internacional de Teatro de Caracas, creado en 1973 por el fallecido director argentino Carlos Giménez, ha estado atado inevitablemente a los vaivenes económicos del país.
Así, en sus primeras ediciones se realizó anualmente, luego pasó a ser bianual, incluso con algunas interrupciones, pero desde 2001 se volvió al ritmo inicial de una vez al año.
Esta última cita logró su objetivo de que la gente saliera a las calles y que nuevamente encontrara en los espacios públicos un oasis y un antídoto a la desesperanza, comentó Ramial, al detallar la serie de espectáculos abiertos y gratuitos que se realizaron, como el de Xarxa Teatro,
El grupo español montó un impactante espectáculo de fuegos pirotécnicos en un escenario de 12 metros de altura, donde desarrolló una colorida y circense puesta en escena que rendía culto al toro e invitaba al espectador a reflexionar en torno a la importancia de ese animal en la historia de la humanidad.
En la jornada final del festival, además de las presentaciones de Argentina y España, participaron el grupo venezolano de El Chichón, con el espectáculo infantil Billo's para niños, la coproducción chileno-francesa Eva Perón y el pantomimo suizo Olli Hauenstein, con su hilarante Piano & Forte.
Hauenstein fue otro de los que debió hacer presentaciones extraordinarias ante la gran demanda de público, al igual que el grupo francés Theathre des Bouffes du Nord, con la versión del británico Peter Brook de la pieza El Traje, del sudafricano Can Themba.
Esta puesta en escena de El Traje demostró, con un escenario simple, la capacidad de Brook para centrarse y resaltar el trabajo actoral, según críticos teatrales.
Los 75 minutos en que los espectadores caraqueños permanecieron centrados en los rostros de los actores franceses evidenciaron el éxito del montaje, que en el fondo transmite la necesidad del perdón.
Sin embargo, no todas las propuestas escénicas las tuvieron consigo en Caracas. El monólogo La Princesse de Cleves, a cargo del director de la Comedia Francesa, Marcel Bozonnet, se estrelló con el público caraqueño.
La obra, de 90 minutos de duración y que data de 1678, fue presentada en francés antiguo y sin traducción simultánea. ¿Cómo adentrarse en la belleza cuando ésta se percibe a partir de un código que no se comprende?, se preguntó la crítica María Valentina Arroyo.
En el encuentro anual caraqueño, que según sus organizadores contó con 100.000 espectadores, se presentaron también elencos de Canadá, Holanda, Israel, Italia, Lituania y Rusia.
Además se realizaron una decena de actividades paralelas, como seminarios y aulas abiertas sobre crítica, dramaturgia, danza y gerencia cultural. (FIN/IPS/ac/dm/cr/02


