(Arte y Cultura) TEATRO-COLOMBIA: Que viva el toro

La puesta de ”Don Juan de los ruedos”, del director español Salvador Távora, erizó, pero por motivos contradictorios, a los espectadores colombianos que colmaron tres noches consecutivas la plaza de toros La Santa María, durante el VIII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB).

Los aficionados a las corridas de toros de la capital colombiana se mostraron satisfechos, pero la mayoría de los habituales espectadores de teatro se sintieron estafados por una exhibición en la que no reconocieron valor dramático sino crueldad.

La obra del grupo La Cuadra de Sevilla, promocionada como uno de los principales atractivos del FIBT, es una ópera a la usanza andaluza del siglo XIX en la que intervienen 120 artistas, entre ellos los integrantes de un coro de cante flamenco (expresión tradicional de Andalucía, España) y una cuadrilla de toreros.

El anuncio en letra menuda de la lidia de dos toros no fue suficiente advertencia para el público que agotó la boletería, con entradas de hasta 27 dólares, un precio muy alto para quienes acudieron a la plaza con niños a los que no se dejó ingresar.

Es que también pasó inadvertido para la directora del FIBT, la actriz Fanny Mikey, el artículo 318 del Código de Policía de Bogotá, que, también en letra menuda, prohíbe el ingreso de menores de 18 años a corridas de toros donde se da muerte al animal.

”Nunca engañé a nadie”, dijo Mikey a IPS, interrogada por la polémica que suscitó la primera presentación de ”Don Juan de los ruedos”, que concluyó abruptamente con el indulto del primer toro (le perdonaron la vida por su bravura) y la cancelación de la lidia del segundo.

El primer día, dijo Mikey, los organizadores del festival ignoraban que los niños no podían ingresar. Después se advirtió de la prohibición en los anuncios de prensa y por los medios de comunicación.

En medio de la confusión de público y artistas, el rejoneador (torero a caballo) colombiano Juan Restrepo, quien se alterna en el acto central de la obra con el español Angel Peralta, afirmó: ”Es falta de cultura. A mí me contrataron para lidiar dos toros y eso fue lo que vine a hacer”.

”Teatro, teatro”, gritaban enfurecidos espectadores desde los escaños de la plaza. Otros se retiraron en la mitad de la obra, entre ellos un grupo de extranjeros exclamaban ”bárbaros, crueles”. La griega María Kávora dijo: ”no me explico cómo les puede gustar esto. Esto no es teatro ni es nada. ¡Qué engaño!”.

El episodio, sin embargo, no impidió que las tres funciones previstas se llevaran a cabo con lleno ”hasta las banderas”, como se dice en la jerga taurina, como se colmaron prácticamente todos los escenarios para las 420 funciones programadas en el FIBT, del 15 al 31 de marzo.

Las funciones gratuitas, 150 en esta ocasión, son ya una tradición del festival bienal que se realiza desde 1994 y constituye un verdadero desahogo colectivo en esta capital de ocho millones de habitantes, más de la mitad por debajo de la línea de pobreza.

De hecho, los principales centros comunitarios de barrios populares periféricos mantuvieron programación gratis mientras duró el festival.

En algunos, incluso, se presentaron espectáculos de calidad reconocida por la crítica. Ese fue el caso del Centro Comunitario Servitá, en el norte de Bogotá, con el ”Hip-Hop Repertory”, de Estados Unidos, que también tuvo presentaciones comerciales en salas comerciales con localidades a un precio de entre 4,5 y 14 dólares.

”La reacción del público colmó todas las expectativas”, dijo Mikey, ciudadana colombiana nacida en Argentina, quien se manifestó ”muy orgullosa” de que las 22 obras colombianas presentadas en la VIII edición del festival fueran vistas por dramaturgos y directores de todo el mundo.

Para dirigir sus propias puestas en escena o para participar en la agenda de actividades académicas de talleres, foros y conferencias, el FIBT invitó a directores de trayectoria como Peter Brook, Eimutas Nekroisius y Declan Donellan.

La nómina de nuevos directores estuvo encabezada por el colombiano radicado en Suiza Omar Porras, con ”Ay Quijote”, obra que ya había sido estrenada en Paris con éxito y que en Bogotá se llevó los mayores aplausos.

Al preguntársele sobre rumores de su retiro de la dirección del festival y en referencia al aporte del Estado y de empresas privadas, la actriz dijo que está ”cansada de mendigar”.

El de Bogotá ”es el único festival del mundo” que financia 40 por ciento de sus gastos ”por la taquilla”, dijo Mikey, también directora teatral, en alusión a los recortes del presupuesto destinado por el Estado al FIBT.

Sin embargo, este festival es el acontecimiento cultural que más asistencia oficial recibe.

Para la VIII edición, el aporte de la alcaldía de Bogotá y el del Ministerio de Cultura sumaron aproximadamente 1,6 millones de dólares, a lo que se añade el uso sin costo alguno de la totalidad de las salas oficiales.

La traductora Teresa Santos, asidua espectadora de las obras del festival desde su creación, dijo a IPS que ”el balance de esta versión es disparejo”.

”Creo que se ha ganado en organización y que la oferta de programación callejera y gratuita aumentó, pero la selección de obras ha decaído en algunos sentidos y falta profesionalismo en la traducción”, sostuvo.

”Este trabajo no se considera importante y eso va en detrimento de las obras. Generalmente las traducciones son hechas por personas que leen un libreto sin entonación, sin incorporar elementos de dramaturgia a la voz y de intención en el texto”, explicó.

A manera de excepción, Santos mencionó el trabajo de varios expertos que demandó la traducción de ”Sale el sol, Leopoldo”, del dramaturgo contemporáneo francés Serge Valletti, autor contemporáneo francés.

”Ese trabajo exigió una labor de documentación cultural de transposición lingüística y puesta en escena con lectores colombianos. Necesariamente debía haber un director francés, Michel Didym, un director colombiano, José Domingo Garzón, un traductor francés, Didier Porchet, y uno local que fui yo”.

Aficionados al teatro asiático lamentaron la ausencia de compañías como la japonesa Danza de las Tinieblas, que estuvo presente en dos versiones anteriores del festival.

Otros no le encontraron peros al FITB. Es el caso de la estudiante de teatro Karina, de la occidental ciudad de Cali, quien juntó dinero durante un año entero para pasar una semana en la capital ”llenándome los ojos de teatro”.

La mayoría de obras a las que asistió fueron puestas latinoamericanas. Recordó especialmente ”La Ilíada”, dirigida por el boliviano Cesar Brie, del Teatro de Los Andes, y ”Mosca”, del colombiano Fabio Rubiano sobre la tragedia ”Tito Andrónico”, de William Shakespeare. (FIN/IPS/mig/mj/cr/02

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