El presidente de Argentina, Eduardo Duhalde, designó este viernes como nuevo ministro de Economía a Roberto Lavagna, un cultor del equilibrio, dispuesto a caminar en el límite entre la necesidad de mantener la disciplina fiscal y la urgencia de revivir la ahogada actividad económica.
Lavagna se reunió de inmediato con algunos colaboradores, con el saliente ministro Jorge Remes Lenicov y con las autoridades del Banco Central, a fin de tener un diagnóstico de la situación y diseñar una estrategia para poner en marcha el próximo lunes. Este sábado se hará cargo formalmente de sus funciones.
Su gestión estará limitado por las condiciones impuestas por Duhalde y los gobernadores de las provincias, que el miércoles sellaron un pacto político para superar una nueva crisis y confirmaron en la ocasión el rumbo económico y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Hay que caminar sobre una línea muy delgada que, sin cerrarse al mundo, permita prestar atención a la producción, a la gente y al interior del país, dijo Lavagna al llegar de Bruselas, donde se desempeñaba como embajador de Argentina ante la Unión Europea, la Organización Mundial de Comercio y agencias de Naciones Unidas.
Buena parte de la situación que hoy se vive en Argentina es por culpa de la discusión entre ortodoxos y heterodoxos, entre derecha e izquierda, agregó.
Lavagna, de 60 años, alcanza con su designación la cumbre que en periodos de normalidad busca todo economista vinculado a la función pública. Pero el país que debe contribuir a conducir atraviesa uno de los peores momentos de su historia.
La economía no crece desde 1998, los bancos se hallan al borde de la quiebra, el mercado de cambios está fuera de control, los precios suben y la proporción de desempleados y de pobres alcanzó una marca histórica. La situación es límite, admitió el nuevo ministro cuando aún no había recibido el ofrecimiento.
Los bancos abrieron sus puertas este viernes, luego de cuatro días de feriado dispuesto para impedir la salida de depósitos, y sólo para realizar transacciones entre entidades financieras. No estuvieron autorizados el pago de cuentas ni el retiro de dinero en efectivo que, no obstante, podía hacerse en los cajeros automáticos.
Mientras, persiste el feriado cambiario, aunque funciona el mercado informal. Allí, el dólar se cotizó entre 2,90 y 3,40 pesos, 10 por ciento por encima del viernes 19, la última jornada en que se realizaron operaciones en el mercado formal de cambios.
Una de las primeras medidas de Lavagna será determinar un tipo de cambio fijo, según lo ha resuelto Duhalde. El presidente y los gobernadores provinciales creen necesario acabar con la libre flotación del peso, que a su juicio puede conducir a la hiperinflación.
El predecesor de Lavagna, Remes Lenicov, presentó renuncia al hundirse en el parlamento su proyecto de canje de los depósitos bancarios a plazo fijo por bonos del gobierno.
El secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, no descartó la posibilidad de que Lavagna impulse un nuevo proyecto de emisión de bonos para canjearlos por los depósitos, a fin de evitar el cierre de bancos.
El líder de la Confederación General del Trabajo disidente, Hugo Moyano, señaló que Lavagna no despierta ninguna expectativa, ya que está obligado por los partidos mayoritarios a seguir en tratativas con el FMI, y anunció una protesta contra el organismo multilateral, que se realizará probablemente el 9 de mayo.
Lavagna ingresó en la función pública en los años 70, durante la tercera presidencia de Juan Perón (1973-1974). Se desempeñó entonces como secretario de Política de Precios, y más tarde se sumó al gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989), como secretario de Industria y Comercio.
Fue luego asesor de empresas, hasta que Fernando de la Rúa (1999-2001) lo designó embajador ante la Unión Europea..
Los economistas, sus colegas, lo respetan y lo consideran un heterodoxo. Es un hombre pragmático, preocupado por impulsar la producción, que conoce a fondo la actividad de la industria y sus visicitudes, pero tampoco olvida la necesidad de equilibrar el presupuesto.
Pero, a diferencia de otros economistas, Lavagna no considera el equilibrio fiscal la clave para lograr el crecimiento económico.
Quizás por esa razón, en los últimos años no brilló en el firmamento de economistas ortodoxos que secundaron a Carlos Menem, presidente entre 1989 y 1999, y a quienes luego, los medios de comunicación consultaron con frecuencia en busca de respuestas ante la crisis.
De hecho, los sectores financieros hubieran preferido a Guillermo Calvo, economista jefe del Banco Intermaericano de Desarrollo, que también era candidato a suceder a Remes Lenicov.
Calvo viajó desde Washington a Buenos Aires a pedido de Duhalde, quien al parecer desea que se sume a un grupo de economistas de diversas tendencias que asesorarán a Lavagna. Al frente de ese equipo estará Remes Lenicov. (FIN/IPS/mv/ff/if/02


