ALIMENTACION-AMERICA DEL SUR: Logros relativos contra el hambre

América del Sur es la única zona de América Latina que redujo en la última década la desnutrición y la población con hambre, según el informe presentado por FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en su conferencia regional.

La reunión de ministros de Agricultura de la región en la capital cubana, realizada del 22 al 26 de este mes, fue un preámbulo de la ”Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después”, convocada por la FAO para desarrollarse del 10 al 13 de junio en Roma con el fin de examinar el cumplimiento de las metas adoptadas en la cumbre de 1996.

El diagnóstico es que se está lejos de cumplir el objetivo de reducir a la mitad para 2015 los 800 millones de seres desnutridos que se contabilizaban en ese entonces en el mundo.

La oficina regional de FAO para América Latina y el Caribe, con sede en Santiago de Chile, elaboró para la cita en La Habana un informe preparatorio para la participación latinoamericana y caribeña en la cumbre de la capital italiana.

América del Sur redujo en la última década de 14 a 10 por ciento la proporción de personas hambrientas, mientras que en América Central la incidencia de la desnutrición aumentó de 17 a 19 por ciento de sus habitantes y en el Caribe de 26 a 28 por ciento, indicó la FAO.

El logro sudamericano es relativo, no sólo porque un décimo de su población continúa en estado de malnutrición, sino también por la precariedad del actual entorno económico, advierten los expertos.

El estancamiento del crecimiento del producto en 2001, como consecuencia de la pérdida de dinamismo de la economía mundial, continúa gravitando este año con impactos directos sobre la producción de alimentos en América del Sur.

La FAO, en su último informe Perspectivas Alimentarias, señaló en febrero que 2001 fue el año más bajo para la producción de carne de los dos últimos decenios, como consecuencia de los brotes de enfermedades que afectaron a la actividad ganadera.

La crisis provocada por la reaparición de la fiebre aftosa del ganado tuvo impacto directo en los grandes productores ganaderos del Cono Sur latinoamericano, como Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

El informe de la agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) advierte igualmente condiciones meteorológicas desfavorables este año para los cultivos de cereales en Argentina y Brasil, los dos mayores productores latinoamericanos de granos.

Pero más allá de factores temporales, lo que el fracaso de las metas de la Cumbre de 1996 pone en entredicho en América Latina, y particularmente en América del Sur, es la eficacia en la agricultura de las reformas estructurales de corte liberal de las décadas de los 80 y 90.

El estudio preparado para La Habana por la oficina regional de la FAO, dirigida por el mexicano Gustavo Gordillo, señala que ”el sector privado no ha podido llenar satisfactoriamente todos los espacios que dejó el sector público (en la agricultura) y, cuando lo ha hecho, ha sido a costos demasiado elevados para muchos productores”.

En la última década aumentó el endeudamiento de los agricultores, al tiempo que el crecimiento agropecuario se orientó ”hacia algunos cultivos seleccionados por el sistema financiero” y no por las necesidades alimenticias de la población.

”La solución no está en el regreso a los viejos modelos agrícolas intervencionistas y proteccionistas”, sino más bien en impulsar políticas agrícolas y rurales, ”en un contexto de políticas macroeconómicas razonables”, propone la oficina de FAO.

El objetivo debe ser ”generar en los países de la región un adecuado desarrollo del sector agrícola y rural, que permita eliminar la pobreza, mejorar la distribución de los ingresos y garantizar un adecuado nivel nutricional para cada uno de los habitantes de la región”.

En busca de esas metas, la FAO postula ”una tercera fase de reformas para el campo”, basada en la economía liberalizada, pero con ”una interacción complementaria entre los mercados, el Estado y la sociedad civil”, incluyendo en este último actor a las organizaciones no gubernamentales.

Entre los desafíos que será necesario abordar para echar a andar este nuevo ”modelo” está el de los recursos de inversión.

Para que América Latina alcance el objetivo de la Cumbre Mundial de Alimentación, los niveles de inversión bruta anual en la agricultura, hasta 2015, deberían ser de 40.600 millones de dólares, según el informe.

El cálculo alude tanto a los recursos para la agricultura primaria, como a las inversiones en almacenamiento, elaboración de alimentos e infraestructura de apoyo.

El jefe de la rama de Asistencia en Políticas de la oficina regional de FAO, Roberto Samanez, señaló que la inversión agrícola requerida en el mundo para reducir el hambre a la mitad en 2015 es de 178.000 millones de dólares por año, lo cual significa 10.000 millones más que ”en un escenario usual”. (FIN/IPS/ggr/dm/dv/02

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