AFRICA AUSTRAL: Florece el delito organizado

La fuga del delincuente más buscado de Swazilandia, Billy Shaw, quien cruzó esta semana la frontera con Sudáfrica, expuso una vez más el poder de las organizaciones criminales de Africa austral.

Shaw, acusado de varios intentos de asesinato y de comandar en Swazilandia una red nacional dedicada al asalto y robo de viviendas, ”cruzó la frontera como si se hubiera esfumado”, dijo el vocero de la Real Fuerza de Policía, Vusie Masuku.

Las autoridades swazis esperan la colaboración de la policía de Sudáfrica para apresar a Shaw, aunque no ignoran las dificultades para hallarlo, pues seguramente está protegido por grandes organizaciones criminales.

”El delincuente swazi forma ahora parte de un submundo delictivo que se extiende desde el austral Cabo de Buena Esperanza (en Sudáfrica), hasta la occidental región del Serengeti” en Tanzania, estimó un funcionario policial de Mozambique.

Shaw no es ”sólo un problema para Sudáfrica, es un problema regional por lo que representa: las mafias (crimen organizado) africanas que tienen mejores conexiones, mejores comunicaciones y en algunos casos más recursos que las fuerzas policiales nacianales a las que se enfrentan”, agregó.

Las organizaciones delictivas de Africa austral —dedicadas al narcotráfico, la falsificación de dinero, el robo de automóviles y de productos industriales— prosperan por su carácter multinacional, mientras las fuerzas policiales apenas tienen alcance nacional y sufren fuertes restricciones presupuestarias.

”Las mafias son como las grandes corporaciones. No conocen fronteras”, apuntó Pat Mkhaliphi, un investigador policial sudafricano que participó del arresto de un importante jefe del narcotráfico en Swazilandia, cuyos bienes fueron confiscados en ambos países.

Una organización que se especializan en el secuestro y en el robo de automóviles mantiene una red de escondites y depósitos en toda la región, dijo Mkhaliphi.

Los delincuentes reclutados en los suburbios pobres de las ciudades, donde campea el desempleo, son introducidos en un mundo ilegal que prolifera gracias a la organización y a modernos sistemas de comunicación basados en teléfonos móviles.

La principal actividad delictiva es el robo de vehículos para su reventa o su desguace para obtener repuestos.

De los 115.000 automóviles robados en Sudáfrica en 2000, 15.000 fueron secuestrados en marcha, expulsando violentamente a sus conductores, y la mitad se vendieron en naciones africanas septentrionales, según datos de la policía sudafricana.

La caza ilegal de animales silvestres también es un negocio lucrativo. Según las autoridades regionales, la mayoría de las organizaciones delictivas tienen su origen en la caza furtiva, que hizo explosión en los años 80.

Naciones sumidas en conflictos civiles, como Mozambique y Angola, fueron incapaces de proteger la naturaleza.

Los cazadores eran ex soldados o simples delincuentes que obtenían armas comprándolas a los combatientes, que a su vez, las recibían gratuitamente de potencias occidentales o comunistas que alentaban conflictos en el continente.

Así, casi se extinguieron las poblaciones de rinocerontes, buscados por sus valiosos cuernos, y las manadas de elefantes fueron diezmadas.

”El crimen organizado en Africa se inició con la caza furtiva. Fue la primera vez que grupos autóctonos establecieron puestos en varios países, desarrollaron métodos de comunicación y obtuvieron clientes en el exterior”, explicó el conservacionista Ted Reilly.

Las guerras dejaron grandes reservas de armas. La policía suele montar operativos en caminos y carreteras para confiscar armas no registradas.

Aunque Mozambique ya no importa armas, el flujo se mantiene desde el norte y el este, por la guerra en la República Democrática del Congo.

Las redes de transporte creadas por los cazadores furtivos fueron más tarde copiadas por los narcotraficantes y ladrones de automóviles.

Los jefes del narcotráfico proceden de Nigeria, donde la cocaína y otros narcóticos ingresan por sus inseguras fronteras, auxiliadas por la corrupción policial.

Africa austral produce gran cantidad de marihuana, que se distribuye a clientes locales y, mediante conexiones con redes internacionales, se embarca hacia Europa.

El único camino para afrontar esta amenaza es que la región se organice, repiten las autoridades policiales. De hecho, la Comunidad para el Desarrollo de Africa Austral, conformada por 14 estados, dispone de varias protocolos de seguridad que prevén la integración judicial y policial.

Los estados necesitan compartir los recursos de inteligencia y las instalaciones para la investigación forense. Los vecinos más pobres de Sudáfrica utilizan sus laboratorios para analizar pruebas judiciales.

También se han llevado a cabo operativos conjuntos para detectar y destruir plantaciones de marihuana.

Una licencia de conductor de carácter regional, requerida para todos los operadores de vehículos, puede conducir a la creación de un documento de identidad común.

De momento las autoridades están probando un sistema de identificación de vehículos que impedirá el cruce fronterizo de automóviles no registrados en una base de datos.

Los funcionarios policiales esperan que la cooperación y la comunicación deje de ser patrimonio exclusivo de los delincuentes. (FIN/IPS/tra-eng/jh/mn/dcl/ip/02

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