Unos 3.000 presos en la región septentrional de Afganistán que combatieron en filas del movimiento Talibán reciben asistencia humanitaria internacional desde la semana pasada, por primera vez desde su captura en noviembre.
La Cruz Roja Internacional brinda asistencia alimentaria y médica en cinco grandes tiendas de campaña que instaló en el patio de la prisión de Shebergan, la segunda mayor de las que albergan a ex combatientes del Talibán, tras muros de más de nueve metros de altura, cuidados por soldados con ametralladoras.
Esas tiendas fueron diseñadas para albergar a 128 personas cada una, y los primeros en recibir atención fueron unos 100 presos afectados por desnutrición.
Docenas de prisioneros han muerto en Shebergan.
La ciudad es el cuartel general del uzbeco señor de la guerra Abdul Rashid Dostum, quien controla gran parte de la región septentrional de Afanistán.
Los presos en la cárcel local fueron capturados en la rendición de la septentrional ciudad Kunduz ante tropas de Estados Unidos y de la afgana Alianza del Norte, y unos 800 de ellos son pakistaníes que lucharon junto con el Talibán.
Unos pocos presuntos dirigentes de ese movimiento, que controlaba la mayor parte del territorio afgano antes de la ofensiva de Washington y sus aliados, fueron trasladados en enero a la base militar estadounidense de Guantánamo, en el extremo oriental de Cuba.
Otros 350 fueron liberados en febrero, en ocasión de la festividad musulmana de Eid al-Adha.
Quienes permanecen en la prisión sufren consecuencias de hacinamiento e insuficiente alimentación. En cada celda hay 50 o más presos.
La operación humanitaria en curso fue autorizada tras meses de pedidos de ayuda de médicos militares afganos, desbordados por la demanda de atención en la pequeña enfermería de la cárcel, que tiene tres habitaciones y fue diseñada para albergar a no más de ocho pacientes a la vez.
Por lo menos la mitad de los presos han padecido alguna enfermedad desde que fueron capturados, y no hubo con qué atenderlos, afirmó Haji Mohammed, uno de esos médicos militares, entre pacientes enjutos, deshidratados y mal vestidos, que yacen en camillas bajo delgadas y sucias sábanas.
Antes que nada necesitamos agua oxigenada, vendas, antibióticos y medicamentos para trastornos digestivos y contra la sarna, señaló.
La organización no gubernamental Médicos por los Derechos Humanos, con sede en ciudad estadounidense de Boston, visitó la prisión y respaldó en febrero las queja de los médicos militares por la ausencia de medicamentos.
También sotuvo que los presos padecían por hacinamiento, inexistencia de instalaciones sanitarias, exposición al frío del invierno (boreal) e inadecuada alimentación, que causaban epidemias y muertes.
Los autores del informe señalaron que la disentería era endémica, así como ictericia probablemente causada por hepatitis de tipo A, y que muchos presos se quejaban de problemas estomacales, respiratorios y de la piel.
Los presos no pasan hambre. No consumen energía porque no trabajan, de modo que la comida es suficiente para ellos, arguyó el director de la prisión, general Jura Bek.
El cocinero de la prisión, Tureali, también sostuvo que la alimentación es adecuada, mientras supervisaba la preparación de khicchri, una mezcla de arroz y lentejas, en una docena de grandes ollas.
Les damos dos comidas por día. Té con leche y pan con azúcar para el desayuno, y khicchri para el almuerzo, explicó.
De todos modos, en la actualidad se permite a la Cruz Roja alimentar tres veces por día a los 100 prisioneros en peor estado de desnutrición, con leche a la cual se agregan vitaminas y antibióticos.
La organización humanitaria prevé brindar asistencia médica y alimentaria a unos 500 presos en las próximas semanas.
Muchos de los detenidos alegan que fueron obligados a combatir en filas del Talibán.
Me reclutaban a la fuerza uno o dos meses por año. Cuando comenzaron los ataques aéreos estadounidenses (en octubre) nos enviaron a Kunduz, donde nos rendimos ante el general Dostum, dijo Naseeruddin, proveniente de la meridional ciudad de Spin Baldak.
Vine a Afganistán a trabajar como mecánico en la reparación de automóviles para el Talibán, afirmó Maksud Khan, de la nororiental ciudad pakistaní de Rawalpindi, quien aseguró que nunca tuvo intenciones de participar en combates.
Khan coopera con los guardianes de la prisión y espera que le permitan volver a casa pronto.
El gobernante militar de Pakistán, Pervez Musharraf, anunció esta semana ante una multitud reunida en la nororiental ciudad pakistaní de Peshawar que logrará el regreso a su país de todos los presos en cárceles afganas.
Hablé con (el gobernante interino afgano) Hamid Karzai durante mi visita a Afanistán, y en pocos días volverán al país los pakistaníes arrestados. De hecho, esas personas son inocentes. Creo que fueron mal guiadas por quienes las enviaron al combate en Afganistán, dijo.
Es menos claro que ocurrirá con los presos afganos.
Bek alegó que la manutención de los prisioneros en las inadecuadas condiciones actuales cuesta unos 10.000 dólares por día, y que eso supera mucho los recursos de que dispone. (FIN/IPS/tra-eng/pc/js/mp/hd/02


