/BOLETIN-AMBIENTE/ AMBIENTE: Mercado y control local, nueva receta para salvar selva

La libertad de las personas que habitan en selvas para comercializar productos de las mismas es lo mejor para la conservación, según un estudio que se dio a conocer en la capital británica, tras dos años de investigaciones.

El informe, divulgado el jueves, «contradice mucho de lo que grupos ambientalistas han sostenido hasta ahora», señaló el director general del indonesio Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por su acrónimo en inglés), David Kaimowitz, uno de los autores del estudio.

Investigadores del CIFOR y de dos instituciones estadounidenses, Future Harvest y Forest Trends, recopilaron datos en numerosos países con apoyo económico del Banco Mundial, la Fundación Ford, el Fondo Mundial Wallace, la Fundación Hermanos Rockefeller y otras organizaciones.

El estudio, titulado «Cómo lograr que el mercado funcione para las comunidades selváticas», será distribuido a agencias ambientales y otras instituciones del mundo que se ocupan de la cuestión forestal.

«Mucho de lo que la gente ha pensado sobre las selvas tropicales es por completo equivocado, ya que no se trata de vastas áreas despobladas, sino de lugares en los cuales viven unos 500 millones de los habitantes más pobres del planeta», comentó Kaimowitz.

En China e India, esas áreas albergan en promedio a unas 100 personas por kilómetro cuadrado, explicó.

El destino de las selvas está ligado al de sus habitantes, afirmaron los autores del informe.

«Cuando las comunidades selváticas tienen la oportunidad de lograr ingresos en el mercado mediante la venta de productos de su hábitat, aumenta su motivación para protegerlo», aseguraron, con base en el análisis de numerosas experiencias en la materia.

En América Latina, casi un millón de kilómetros cuadrados de selvas pasaron a ser administradas por sus habitantes, con resultados exitosos para éstos y desde el punto de vista de la protección del ambiente, según el informe.

Un grupo de 256 comunidades selváticas mexicanas lograron detener la explotación de su hábitat por parte de personas ajenas a éste, a las cuales sustituyeron. Eso creó 1.300 nuevos puestos y aumentó 10 millones de dólares el ingreso anual total de esas comunidades.

En India, los integrantes de cuatro millones de hogares se ganan la vida mediante la venta de leña, y 35.000 organizaciones comunitarias se asociaron con el Estado en un programa de administración conjunta de unos 35 millones de hectáreas de selva.

En China, 30 millones de hectáreas de tierras degradadas fueron asignadas los integrantes de 57 millones de núcleos familiares, quienes plantaron árboles, protegieron los nuevos bosques y obtuvieron nuevas fuentes de ingresos.

Los productos de las selvas que pueden ser vendidos por sus habitantes mientras protegen su hábitat incluyen leña, madera para la construcción, frutos, postes de telégrafo, aserrín, plantas medicinales, bambúes y cartón, indicaron los investigadores.

Combinar control local de las selvas y participación en el mercado es la forma más eficaz de protección de esas áreas, sostuvieron.

«Es un mito que las poblaciones locales no pueden desempeñar un papel en la explotación de las selvas», porque eso exige la participación de grandes compañías, dijo en la presentación del estudio Sara J. Scherr, de Forest Trends, quien participó en la investigación.

«Casi 95 por ciento de la producción forestal del mundo en desarrollo está destinada a usos locales», y «las desventajas de las comunidades selváticas no significan que no puedan convertirse en significativos actores en el mercado de la madera», aseveró.

No es necesario implementar severas regulaciones para la conservación de las selvas del mundo, que «no se salvarán con barreras contra las comunidades locales», afirmó.

Esas regulaciones afectan más a los pequeños terrateniente que a los latifundistas y a las grandes firmas, que son las responsables más importantes de talado ilegal, arguyó.

«Debemos facilitar la explotación legal de las selvas por parte de pequeños productores rurales, para quienes el comercio de productos forestales es a menudo la única forma viable de mejorar su calidad de vida», agregó.

«La propiedad y control de las selvas en el mundo en desarrollo está en un proceso de transición», y en la actualidad comunidades rurales «poseen o administran casi la cuarta parte de las selvas de países en desarrollo, o sea unos 300 millones de hectáreas», según los autores del informe.

Esas comunidades tienen éxito en la medida en que se organizan y adquieren experiencia en el mundo de los negocios, pero también es necesario apoyarlos mediante «cambio de políticas públicas, reformas regulatorias y el estímulo a su asociación con el sector privado tradicional», sostuvieron.

El estudio menciona oportunidades para las comunidades que comercializan recursos de las selvas que habitan.

La demanda de madera crece con rapidez en el mundo en desarrollo, y la mayor parte de las reservas de maderas valiosas como la caoba y el palisandro están en áreas controladas por comunidades locales.

Es posible asociarse con inversores para forestar tierras sin utilidad agrícola o ganadera.

Los autores del estudio mencionaron 57 países en los cuales existe por lo menos una sociedad entre la industria forestal y comunidades locales.

«Las firmas asociadas con productores forestales locales tendrán grandes ventajas de abastecimiento sobre las demás en los próximos años», pronosticó Andy White, director de políticas e investigación de mercados de Forest Trends y coautor del informe.

Además, hay nichos de mercado para la producción sustentable en términos ambientales y sociales, y cada vez más consumidores pueden apoyar a quienes trabajan con ese criterio, destacó Scherr. (FIN/IPS/tra-eng/ss/sm/mp/en/02

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