América Latina recibirá como huésped, del jueves al domingo, al presidente estadounidense George W. Bush, que visita la región prácticamente con las manos vacías.
Bush concurrirá este jueves y viernes en la nororiental ciudad mexicana de Monterrey a la Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo, se reunirá el sábado en Lima con gobernantes de cuatro países andinos y este domingo, en El Salvador, con los presidentes de América Central.
Bush, en su primera gira por América Latina —en 2001 visitó México—, llega con sus manos tendidas, pero sin casi nada más en ellas que gestos y ofertas políticas, a pesar de sostener la tesis de que la mejor ayuda para el desarrollo y la prosperidad es el libre comercio.
«La proclamada prioridad del presidente Bush por el libre comercio luce más como retórica vacía que como política seria, pues no ha mostrado agallas para enfrentar ninguna presión proteccionista», afirmó el analista liberal Brink Lindsey, del estadounidense Instituto Cato.
Bush no ha logrado que el Congreso legislativo le conceda potestades especiales para negociar de manera acelerada el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ni el Congreso estadounidense ha renovado el Acuerdo de Preferencias Comerciales Andinas (ATPA), vencido en diciembre.
Más aún, la Cámara de Representantes ya estableció protecciones para más de 200 productos agrícolas en el ALCA, y Bush acaba de enviar otra señal negativa para el libre comercio, al aumentar los aranceles para importaciones de acero.
En Monterrey, Bush expondrá su proyecto Fondo Reto del Milenio, que Washington alimentará con 5.000 millones de dólares para la totalidad del mundo en desarrollo.
Estados Unidos es el más rezagado en una lista de 22 países industrializados donantes de asistencia oficial al desarrollo, con apenas 0,1 por ciento de su producto interno bruto destinado a tal fin, muy lejos del objetivs de la ONU de 0,7 por ciento del PIB.
En Lima, segunda etapa de su viaje, Bush se reunirá el sábado con los gobernantes de los países beneficiarios del ATPA. Sus interlocutores serán allí los presidentes Jorge Quiroga, de Bolivia, Andrés Pastrana, de Colombia, Alejandro Toledo, de Perú, y el vicepresidente ecuatoriano Pedro Pinto.
Otro presidente andino, Hugo Chávez, fue excluido. Formalmente, porque Venezuela no se beneficia del ATPA. Pero, en términos de política real, porque Washington decidió su exclusión.
«El presidente Chávez ha hablado en contra de los acuerdos de libre comercio. Entonces, no tiene sentido que él esté en la reunión en Lima. ¿Para qué tener entre nosotros a quien no está a favor de lo que todos estamos intentando hacer?», dijo Bush a diarios latinoamericanos el martes.
«Estamos preocupados por Venezuela. Este hombre (Chávez) fue elegido por la gente. Nosotros respetamos la democracia. Y esperamos que él respete las instituciones democráticas de su país», agregó.
En San Salvador, al cerrar su gira este domingo, Bush se reunirá con los mandatarios centroamericanos y adelantó que piensa discutir un acuerdo de libre comercio.
En cambio, negó de plano que se proponga conversar allí sobre la extensión del estatuto de protección temporal que ha favorecido a inmigrantes salvadoreños, afectados por los terremotos sufridos por ese país el año pasado.
«Es una visita de relaciones públicas», ha advertido Coletta Younger, de la Oficina para América Latina en Washington (WOLA).
«Su importancia no hay que buscarla en términos de anuncios sino de imágenes», pues Bush «ha escogido visitar países donde, después de la imagen de rudeza que le ha dado la guerra de Afganistán, pueda mostrarse como líder de un mundo en paz».
Sin embargo, el terrorismo, el problema más candente de la agenda mundial desde el 11 de septiembre de 2001, está en el orden del día en Colombia, por la acción de guerrilleros y paramilitares, todavía hay un foco en Perú y en se sospecha del paso de terroristas por la triple frontera de Argentina, Brasil y Paraguay.
Organizaciones guerrilleras actúan en Colombia —con entre 15.000 y 20.000 combatientes, según Washington— y México, más restos aún presentes en Perú e incluso en Chile.
El narcotráfico abarca prácticamente toda la región. Los mayores cultivos están en Colombia, Bolivia, Perú y México, pero el tráfico y los delitos conexos cubren todo el mapa latinoamericano y caribeño, con emigración de negocios ilícitos del área andina al Cono Sur.
La ingobernabilidad, entendida como incapacidad para el ejercicio de gobierno sobre la sociedad y el territorio, es un término que aplican a Argentina, Colombia y Venezuela tanto analistas como dirigentes políticos de esos países.
La agitación social es otro problema, con Argentina como el caso más patente por sus protestas diarias, que el 20 de diciembre obligron al presidente Fernando de la Rúa a renunciar, pero las manifestaciones también han jaqueado a gobiernos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
También resurgió la amenaza de soluciones de fuerza a las crisis políticas, que en 1999 y 2000 amagaron con presentarse en Paraguay, Ecuador y Perú, y se le menciona como fórmula extrema en los casos de Venezuela y Argentina.
Esa agenda se recuesta sobre un telón de fondo de economía difícil, y más aun desde el 11 de septiembre: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) registró un crecimiento económico regional de sólo 0,5 por ciento en 2001, ante el auspicioso 4,1 por ciento de 2000.
El organismo de la ONU proyecta un crecimiento de apenas uno por ciento en 2002, con un entorno internacional desfavorable por la desaceleración de la economía estadounidense, la reducción en el crecimiento de la europea y la nueva contracción de la japonesa.
Para algunos países (especialmente México y los de América Central) se redujo el comercio, otros (exportadores de petróleo, minerales y de frutos tropicales) encuentran menores precios para sus productos, y otros más (como Argentina y Brasil) sufren dificultades de financiamiento.
Un tercio de los 500 millones de latinoamericanos y caribeños son pobres, según el Banco Mundial. La pobreza crece incluso en países caracterizados por la magnitud de su clase media, como Argentina, donde la pobreza abraza ya a 15 de sus 36 millones de habitantes. (FIN/IPS/jz/mj/ip/02


