Compañías multinacionales apoyadas por el gobierno recurrieron en Egipto a un cantante pop, a dibujos animados, una película y anuncios publicitarios para combatir la piratería de programas de computación.
En el eje de la campaña se ubica la Alianza de Software Empresarial (BSA), entre cuyos miembros figuran fabricantes de ordenadores y firmas tecnológicas como Apple Computer, Compaq, IBM, Intel, Intuit y Sybase.
Se trata de compañías notorias por la agresividad con que promocionan sus productos y defienden su puesto en el mercado, pero esta vez invocan al Islam para determinar qué está prohibido y qué no.
Los promotores de la campaña buscaron referentes en la religión islámica, practicada por la mayoría de la población egipcia, para recuperar las pérdidas que causa la evasión del pago de programas de informática (software).
Se estima que en 2001, la piratería informática sumó 12.800 millones de dólares en Egipto.
En un país donde el salario promedio anual es de unos 1.400 dólares y una computadora cuesta unos 500 dólares, sin programas, pocos pueden satisfacer su deseo de acceder a la informatización y copian programas en lugar de comprarlos.
El popular cantante Shabaan Abdel Rahim acaba de presentar su nuevo éxito, «Es Haram (prohibido por la ley islámica) vender o prestar una copia pirateada». Su inspiración son corporaciones como Microsoft, Novell y Symantec.
«Este software es propiedad de alguien», entona Rahim. «Acéptalo, o verás a la policía. No le quites el derecho a otro, o tendrás una organización internacional siguiéndote los pasos».
«Queremos un cambio cultural» en materia de uso de copias de software. «Llevamos adelante una tarea de capacitación y formación de conciencia para poner fin a toda forma de piratería y proteger los derechos de propiedad intelectual», comentó Ghada Jalifa, representante en Egipto de BSA.
Egipto, con 70 millones de habitantes, es un punto de partida interesante para un esfuerzo de este tipo, dado su predominio cultural en la región. La ciudad de El Cairo es considerada la «Hollywood» de Medio Oriente.
La BSA recibió apoyo financiero de corporaciones estadounidenses. Por su parte, el gobierno egipcio presta atención a los pedidos de Estados Unidos sobre la protección de la propiedad intelectual. Egipto recibe de Washington una ayuda anual de 2.000 millones de dólares.
Hasta ahora, el resultado de la campaña ha sido el cierre de varias tiendas de computación y cibercafés que de otro modo habrían continuado ayudando a las clases pobres y medias de Egipto a acceder a programas informáticos y la Internet.
Hanem Kadouse, un ama de casa de 48 años y medianos recursos, – lo que en Egipto equivale a decir muy modestos- dijo que pasó medio día buscando un cibercafé para comunicarse con su hija, que vive en Estados Unidos.
En ocasiones, Kadouse puede pagar una conversación telefónica por Internet, que cuesta poco más que una llamada local. Las llamadas telefónicas internacionales están más allá de sus medios. Telefonear de Egipto a Estados Unidos cuesta tres veces más que realizar la llamada en sentido inverso.
«Todos los cibercafés estaban cerrados y nadie parecía saber si volverían a abrir sus puertas», dijo Kadouse, quien no logró llamar a su hija.
«En un país donde el precio promedio de una computadora es de unos 500 dólares y nadie parece tener la capacidad de pagarlos, los programas de software son un gasto extra imposible de cubrir», dijo Mohammed Riad, gerente de tecnología informática de MRCO- Egipto, que cerró sus puertas para evitar una requisa policial y un posible juicio.
Egipto tenía 12 computadoras cada 1.000 personas en 1999, el último año con datos disponibles del Banco Mundial. Se trata de una de las más bajas proporciones del mundo. Alrededor de 24 por ciento de los egipcios viven por debajo de la línea de pobreza, según el organismo multilateral.
«Al menos debería haber un período en que se nos permitiera lograr un mercado más sólido antes de empezar a implementar leyes de derechos de autor tan estrictas», dijo Sherif Mostapha, especialista en computación de El Cairo.
Pero la BSA tiene otro enfoque, y financia la capacitación de cientos de agentes de policía para perseguir a quienes ignoran los derechos de propiedad intelectual en Medio Oriente y en especial en Egipto, señaló Jalifa.
Agencias gubernamentales han enviado miles de cartas a compañías privadas para advertirles que no deben utilizar copias ilegales, y policías fuertemente armados revisan las oficinas que persisten en la práctica.
Los legisladores egipcios consideran el aumento de las multas y penas de prisión para quienes no respeten los derechos de propiedad intelectual de los programas informáticos.
Según la BSA, estas tácticas lograron bajar la piratería de 75 por ciento en 1999 a 56 por ciento en 2001, ubicándola en 12.800 millones de dólares. (FIN/IPS/tra-en/em/aa/lp-ff/if sc/02


