Estados Unidos logró con facilidad desalojar de Afganistán a la red Al Qaeda, del líder extremista saudita Osama bin Laden, y derrocar al movimiento islámico Talibán, pero aún debe superar la fase más compleja de su campaña contra el terrorismo.
Las fuerzas estadounidenses aún buscan a Bin Laden y a los principales líderes talibán, dejando atrás un devastado territorio afgano disputado por tribus y señores de la guerra que apoyaron hace seis años el ascenso de Talibán.
Las «semillas de un caos interno» en Afganistán están ya plantadas, advirtió un informe clasificado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al que tuvo acceso parcial el periódico New York Times.
Pero no sólo los señores de la guerra, que recibieron armas y apoyo militar de Estados Unidos, perpetúan la inestabilidad en el territorio afgano, sino que la intervención de otros países como Irán, Rusia, Turquía y Uzbekistán para apoyar a sus facciones favoritas contribuye a despertar los conflictos.
Los afganos se preparan para nuevos enfrentamientos, mientras el gobierno provisorio del primer ministro Hamid Karzai pide dinero a Estados Unidos y a otras potencias occidentales para pagar los salarios de sus funcionarios.
El informe de la CIA ilustra claramente cómo el gobierno de George W. Bush no se preparó para las consecuencias de su «guerra contra el terrorismo», no sólo en Afganistán, sino tampoco en otras regiones del mundo donde busca terroristas.
El accidente fatal el jueves de un avión estadounidense en «ejercicios antiterroristas» en Filipinas, por ejemplo, renovó las críticas a la decisión de Washington de destinar a ese país unos 650 solados de la Fuerza Especial de Operaciones.
El objetivo específico de Estados Unidos en el archipiélago es el grupo guerrillero Abu Sayyaf, que mantiene secuestrados a dos ciudadanos estadounidenses.
Pero en Filipinas hay organizaciones rebeldes aún más poderosas que Abu Sayyaf, como el Frente Nacional Moro para la Liberación y el Frente Islámico Moro para la Liberación.
Autoridades locales se quejaron afirmando que la sola presencia de las tropas estadounidenses, que libraron hace un siglo una sangrienta guerra contra los independentistas filipinos, amenaza el frágil proceso de paz entre el gobierno, cuyas operaciones se hicieron más agresivas en las últimas semana, y una fracción insurgente.
«El despliegue de soldados despierta el sentimiento antiestadounidense de muchos sectores contrarios a Abu Sayyaf», advirtió Glenda Gloria, experta en insurgencias musulmanas en Filipinas, entrevistada por The Washington Post.
«Son musulmanes que se oponen a Abu Sayyaf, pero si los soldados estadounidenses entran en combate, el panorama político podría cambiar», explicó.
«El objetivo de la misión estadounidense (en Filipinas) es político: demostrar ímpetu en la guerra contra el terrorismo, enviar tropas a un país cuyo gobierno las recibe, plantar la bandera en el sudeste asiático y encontrar un enemigo que pueda ser vencido fácilmente», sostuvo Nicholas Kristof, columnista de New York Times.
Pero, según Kristof, la realidad que halló Estados Unidos en Filipinas es muy diferente y más peligrosa que la que el Departamento de Defensa creía.
Lo mismo parece ocurrir con Iraq. Altos mandos militares y de inteligencia estudian las opciones de una intervención para derrocar a Saddam Hussein, un viejo enemigo del ex presidente George Bush (1988-1992), padre del actual mandatario, y uno de los líderes del «eje del mal» combatido por Bush hijo.
Bush padre se negó a invadir Iraq en la guerra del golfo (1991) debido a las consecuencias y costos que podría tener una operación de esa envergadura (ocupación idenfinida, guerras entre grupos étnicos, reacciones de Irán o Turquía).
Pero los asesores del actual presidente estadounidense no se cuidan de esas consideraciones y se concentran en preparar una campaña militar, para que la buscan apoyo diplomático. Ese es el objetivo de la gira a Medio Oriente del vicepresidente Dick Cheney, prevista para marzo.
«¿Cómo puede pensar el gobierno de Bush que puede ir a cambiar el régimen en Bagadad y todo se solucionará, cuando ni siquiera puede lograr la estabilidad en Afganistán, cuyas necesidades son mucho más modestas?», se preguntó un diplomático europeo en Washington.
«Somos capaces de destruir a muchos enemigos, como Corea del Norte, Irán e Iraq, pero no tenemos los recursos para asegurar la estabilidad y superación de esos países luego de una guerra. Y la inestabilidad es la raíz del terrorismo», escribió Shirley Telhami, experta en asuntos de Medio Oriente de la Universidad de Maryland y analista de Los Angeles Times.
Con ella coincidió el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, Joseph Biden. «La tarea fácil es ir y sacar a Saddam Hussein. Pero lo difícil es qué hacemos luego, como en Afganistán», advirtió Biden. (FIN/IPS/tra-eng/jl/rp-ff/ip/02


