Estados Unidos y la Unión Europea (UE) acortan diferencias en cuanto su concepción de la ayuda a los países pobres a medida que se aproxima la Conferencia Mundial sobre Financiación para el Desarrollo, que se celebrará del 18 al 22 de marzo en México.
Estados Unidos procura que la mitad de todas las transferencias de capital a los países en desarrollo sean donaciones y se restrinjan al máximo los préstamos.
Pero la UE rechaza la propuesta y acusa a Washington de haber mermado su ayuda externa a la proporción más baja de un país industrializado.
Sin embargo, y pese al intercambio de acusaciones, hay señales de que ambas partes podrían aproximar sus propuestas en la próxima conferencia, que se llevará a cabo en la ciudad mexicana de Monterrey, afirmaron analistas y expertos.
«La conferencia establecerá una conciencia crítica en las mentes de aquellos que pueden hacer algo. Creo que habrá una reconciliación entre ambas partes y, lo más importante, es posible que tengamos más ayuda para el desarrollo», dijo a IPS el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias.
Washington impulsa un severo recorte de los préstamos al mundo en desarrollo, otorgados por agencias multilaterales como el Banco Mundial y su institución subsidiaria, la Asociación Internacional para el Desarrollo.
Los préstamos han agobiado a los países pobres con enormes deudas sin mejorar la salud, la educación, el saneamiento y otros servicios públicos, arguye Estados Unidos. Por otra parte, los subsidios constituyen apenas uno por ciento de los desembolsos del Banco.
La propuesta estadounidense apunta a que los países beneficiarios asuman estrictas obligaciones para mejorar áreas como salud, saneamiento y educación. El fracaso en alcanzar metas preestablecidas determinará la congelación de la ayuda.
Para los países europeos la propuesta ignora los logros del pasado y pone en riesgo la existencia misma del sistema de instituciones y programas internacionales para el desarrollo.
Los ánimos se encendieron la semana pasada, cuando el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, arremetió contra los gobiernos europeos por no respaldar la idea de Washington y afirmó que mediante préstamos, el Banco Mundial condujo a las naciones pobres «a un foso».
Funcionarios europeos replicaron que Estados Unidos no hace lo suficiente, y que no incrementó su porcentaje de ayuda al 0,7 por ciento de su producto interno bruto (PIB), un propósito asumido por las naciones ricas que sólo unas pocas, como Suecia y Noruega, han llevado a la práctica.
De hecho, la ayuda de Estados Unidos a los países pobres cayó en los últimos 15 años a 0,1 por ciento de su PIB, el más bajo de las naciones industrializadas.
Según el Banco Mundial, los estados ricos deben duplicar sus montos de ayuda y disponer un adicional de 60.000 millones de dólares por año hasta 2015 para lograr la meta de reducir a la mitad la pobreza en el mundo, propuesta por la Organización de las Naciones Unidas.
Los países europeos presionan a Washington blandiendo las cifras del Banco.
«No hay recursos financieros suficientes para el desarrollo. Necesitamos más compromisos (de parte de las naciones ricas) sobre la cuestión del 0,7 por ciento. Los países del Tercer Mundo han demostrado su compromiso para combatir la pobreza, pero nosotros no», dijo a IPS la ministra de Asistencia de Noruega, Hilde Frafjord Johnson.
Aunque públicamente el gobierno estadounidense se mantiene en sus trece, el proyecto de presupuesto que envió al Congreso legislativo prevé un modesto incremento en los gastos de ayuda.
«Se trata de un pequeño paso en la dirección correcta», sostuvo la presidenta del no gubernamental Centro para el Desarrollo Global y ex vicepresidenta del BID, Nancy Birdsall.
Por otra parte, los europeos han afirmado que podrían respaldar una conversión de hasta 10 por ciento de los préstamos del Banco Mundial a donaciones. Japón y Canadá, entre otras naciones industrializadas, están dispuestas a elevar ese porcentaje hasta 16 por ciento.
Finalmente, se espera que Europa acepte una proporción mayor de donaciones y que Estados Unidos aumente en algo su asistencia.
La decisión del presidente George W. Bush de asistir a la conferencia de Monterrey impulsó a otros jefes de estado y de gobierno a hacer lo mismo, señalaron el director del Instituto para la Economía Internacional, Fred Bergsten, y el magnate y filántropo húngaro-estadounidense George Soros.
De igual modo, la delegación estadounidense será muy presionada para que asuma mayores compromisos, subrayaron.
«El gobierno (de Estados Unidos) sería increíblemente ingenuo si considera que puede ir a Monterrey sin ser presionado para que otorgue más dinero al desarrollo», dijo Bergsten. (FIN/IPS/tra- eng/em/aa/dc/dv/02


