América Central se prepara para contrarrestar una nueva temporada de sequía ante la posible acometida del fenómeno climático El Niño, que agravaría la ya acuciante falta de alimentos en la empobrecida región.
El Sistema de Integración Centroamericana (SICA) ha diseñado un plan de acción para aminorar los efectos de una eventual disminución de las lluvias, pronosticada por los científicos, informó a IPS el secretario general del máximo organismo regional, el salvadoreño Oscar Santamaría.
«Estamos tomando todas las acciones para estar preparados, pues, con los antecedentes que tenemos, una nueva arremetida de El Niño provocaría costos muy altos para toda la región», explicó.
Santamaría añadió que las instituciones del SICA, conformado por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, están trabajando en coordinación con los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil del istmo, y con países cooperantes del Norte.
Indicó que la base del plan de acción ante una nueva emergencia fue elaborado por 75 especialistas en meteorología y en atención de desastres de la región, reunidos en San Salvador.
El programa, de seis puntos, contempla el establecimiento de sistemas de alerta temprana en todo el territorio centroamericano ante variables climáticas que puedan afectar los cultivos, las cuales serán anunciadas por los institutos meteorológicos nacionales en coordinación con los ministerios de Agricultura.
Los demás capítulos del plan de acción establecen la emisión de reportes constantes, registros de seguimiento climático, identificación de sectores de riesgo, la realización de foros de capacitación y mecanismos de prevención de incendios forestales.
El Niño es una corriente cálida que nace en el océano Pacífico frente a Australia, con intervalos de tres a siete años, y fluye hacia la costa ecuatorial sudamericana, la que golpea para orientarse luego al sur. Sus efectos son graves trastornos del clima mundial, con catastróficas inundaciones y sequías.
La comunidad científica mundial estableció sólo a mediados del siglo XX que El Niño era la causa común de fenómenos en áreas distantes, como vientos monzones de India, inundaciones en China e Indonesia, fuertes lluvias seguidas de sequía en América Latina y el Caribe, e inclementes sequías en Sudáfrica y Australia.
La última aparición de ese fenómeno climático fue en 1998, cuando causó en todo el mundo daños estimados en decenas de miles de millones de dólares.
El Centro de Previsión Climatológica de Estados Unidos registró en enero una tendencia al recalentamiento de las aguas frente a las costas de Ecuador y Perú, y consideró probable el comienzo de nuevas manifestaciones de El Niño en los próximos tres meses.
Sin embargo, el Comité Científico para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño de América del Sur, integrado por expertos de Colombia, Chile, Ecuador y Perú, descartó en enero en Lima que ese recalentamiento indicara la reaparición de El Niño.
La advertencia de los científicos llevó al secretario general del SICA también ha presentar ante los miembros del organismo una propuesta para ampliar la red de instituciones de coordinación y crear un mecanismo permanente para el seguimiento de la problemática de la sequía.
La preocupación de Santamaría se basa en un nuevo informe del SICA, el cual indica que América Central fue golpeada nueve veces en los últimos 50 años por El Niño, con una duración promedio entre 12 y 36 meses. La principal consecuencia en cada caso fue la presencia de severas sequías.
El estudio añade que «la variabilidad climática en Centroamérica es alta», lo cual significa que «está expuesta a fenómenos metereológicos como ciclones tropicales (huracanes, tormentas y depresiones) y frentes fríos…».
El director del programas del Centro de Coordinación para la Prevención de Desastres Naturales en América Central, el chileno Pablo Torrealba, dijo a IPS que el retorno del fenómeno no se ha confirmado, coincidiendo con sus colegas del Comité Científico para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño de América del Sur.
«Sin embargo, desde ya nos estamos preparando», pues, en caso de reaparecer El Niño, afectaría de modo muy severo este año a los agricultores y otras áreas de producción de la región, apuntó el director del Centro, perteneciente al SICA y con sede en Panamá.
El sector pesquero del Pacífico es uno de los más vulnerables, pues el aumento de la temperatura de las aguas obliga a los peces a emigrar o descender a mayores profundidades. También se teme un aumento de los incendios forestales.
Pero la consecuencia mayor es el desequilibrio del clima, con fuertes sequías en la costa del Pacífico, donde están ubicadas las principales ciudades, y un exceso de lluvias en la zona del mar Caribe, que causan grandes inundaciones.
El secretario general del Comité Regional de Recursos Hidráulicos del Istmo Centroamericano, el meteorólogo costarricense Max Campos, explicó a IPS que la sequía de 2001 fue causada por condiciones climáticas locales.
Pero El Niño es un fenómeno global que podría provocar este año una sequía mucho más severa, aseguró.
«Los países más afectados serían Honduras y El Salvador», detalló Campos, quien también adelantó que especialistas de toda la región se reunirán la última semana de marzo para estudiar la situación.
El Salvador fue el primer país de la región en activar su alerta tamprana por considerar inminente la llegada de El Niño.
El director del Servicio Nacional de Estudios Territoriales de ese país, Antonio Arenas, informó que se está haciendo un seguimiento diario de las temperaturas en el océano Pacífico, además de coordinar medidas preventivas.
Arenas destacó que ya se comenzó a estudiar la temperatura atmosférica, con el fin de elaborar acciones que permita mitigar un impacto del fenómeno.
Gobernantes y científicos de América Central temen el retorno de El Niño aumente los severos daños ocasionados por la sequía del año pasado. Un nuevo informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe reveló que las pérdidas en la región por esa causa sumaron 189 millones de dólares.
El estudio detalla que la industria y la agricultura perdió 125,5 millones de dólares y los servicios de electricidad y agua potable otros 50,1 millones, mientras que los gastos para atender la emergencia ascendieron a 13,4 millones.
El año pasado los países más afectados por la sequía fueron El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, donde miles de campesinos pobres perdieron parcial o totalmente sus cosechas.
En Guatemala, la sequía provocó una hambruna que causó varias muertes por inanición, mientras que en Honduras la Cruz Roja Internacional detectó un considerable aumento de la desnutrición infantil aguda entre los niños de las zonas afectadas. (FIN/IPS/nms/dm/en/02


