Los gobiernos y la comunidad internacional se comprometieron en 1978 a lograr la atención básica universal de la salud para este año, pero es evidente que ese objetivo aún está muy lejos de la realidad.
La conferencia internacional sobre salud celebrada hace 12 años en Alma Ata, Kazajstán, consideró esencial el cuidado primario de la salud para que todos los ciudadanos del mundo pudieran «llevar una vida social y económicamente productivas».
Sin embargo, con el año 2000 a punto de concluir, está claro que tanto los gobiernos como la comunidad internacional que apoyaron la declaración de Alma Ata fracasaron en el cumplimiento de sus obligaciones.
Ahora, una conferencia internacional de cuatro días sobre salud que comenzó este lunes en Bangladesh, la Asamblea de la Salud de los Pueblos, brinda a expertos, investigadores y activistas de 90 países la oportunidad de averiguar por qué no se cumplió ese conjunto de promesas.
El acceso al agua potable y los servicios sanitarios básicos podrían servir como punto de partida, basándose en la Declaración de Alma Ata, que identificó un adecuado abastecimiento de agua y saneamiento básico entre los objetivos esenciales para asegurar el propósito de «Salud para Todos» en 2000.
No obstante, según un informe dado a conocer el año pasado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), no ha mejorado el suministro de agua de cerca de 1.100 millones de personas en los países en desarrollo.
Además, 2.400 millones de personas todavía carecen de «saneamiento aceptable», y esto provoca 4.000 millones de casos anuales de diarrea «con 2,2 millones de decesos, la mayoría entre niños menores de cinco años», señaló el informe, «Abastecimiento Global de Agua y Condiciones Sanitarias 2000».
Para Gro Harlem Grundtland, directora general de OMS, y Carol Bellamy, directora de UNICEF, la situación equivale a «una privación de los derechos humanos básicos».
«El acceso al agua potable y a una red cloacal son necesidades universales», declararon ambas funcionarias en un prólogo que escribieron conjuntamente para el informe.
«Son elementos esenciales de desarrollo humano y alivio de la pobreza, y constituyen un componente indispensable del cuidado básico de la salud», agregaron.
Sin embargo, como reveló el informe, esos servicios esenciales siguen siendo un lujo para una enorme cantidad de gente pobre y comunidades rurales en el mundo.
En Africa, por ejemplo, cerca de 30 por ciento de los sistemas rurales de abastecimiento de agua no funcionan, mientras en Asia son 17 por ciento y en América Latina y el Caribe, cuatro por ciento.
Respecto del saneamiento, apenas 35 por ciento del agua servida en Asia es purificada, mientras en América Latina es 14 por ciento, y en Africa representa sólo «un ínfimo porcentaje».
Para Richard Jolly, que dirige el Consejo de Abastecimiento de Agua y Colaboración Sanitaria (WSSCC), una organización internacional con sede en Ginebra, esa falta de saneamiento es inexcusable.
«Es vergonzoso, un escándalo que casi la mitad de la población mundial no tengan conexión a una red cloacal», declaró Jolly en una publicación interna de la OMS.
Según WSSCC, para modificar la situación actual, «se necesita un enfoque centrado en la gente» para asegurar mayor participación pública en los procesos de decisión. WSSCC ya se adjudicó dos éxitos mediante su iniciativa «Agua para el Pueblo», que podría servir de modelo.
«En el estado indio de Gujarat, por ejemplo, hemos demostrado que el agua corriente y los servicios sanitarios, según los preceptos de la iniciativa 'Agua para el Pueblo', han tenido gran impacto sobre la salud y el bienestar de los habitantes del estado», señaló Jolly.
Además, el proyecto ha rebajado los costos de los servicios de agua y sanidad, y movilizado recursos locales para manejar problemas «in situ», agregó.
Por otra parte, en Uganda, la iniciativa ha sido implementada por organizaciones no gubernamentales (ONG) en el sector sanitario e hídrico. Como resultado, las comunidades formalizaron sus requerimientos para satisfacer las necesidades de agua potable y servicios sanitarios.
«Sus recomendaciones fueron divididas entre aquellas que las comunidades pueden hacer por sí mismas, y las que requieren ayuda externa», explica el informe de WSSCC.
Esas iniciativas para combatir enfermedades ocasionadas por agua contaminada no caen bien a las autoridades de salud pública, dado su énfasis sobre los «aspectos curativos», señaló David Sanders, coordinador regional para Africa del Consejo Internacional de Salud del Pueblo.
«Por ejemplo, la rehidratación oral es promovida como la panacea para la diarrea infantil, mientras las inversiones en agua potable y saneamiento, que tienen un efecto difícil de cuantificar, son consideradas poco rentables y por lo tanto no se las promueve», señaló Sanders en un documento preparado para la Asamblea de la Salud de los Pueblos en Bangladesh. (FIN/IPS/tra-en/mmm/da/ego-mlm/dv-he/00


