GINEBRA – Más de 65 000 personas que huyeron de los más conflictuados países del Cuerno de África, Somalia y Etiopía, están amenazados por la guerra civil que se libra en Yemen, a donde llegaron en busca de refugio y asilo, destacó un reporte de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
El aumento de la inseguridad, el colapso de la economía, el agotamiento de los recursos y las graves restricciones al acceso humanitario están dejando a decenas de miles de personas sin un lugar seguro al cual acudir.
Dos fuerzas rivales combates desde hace más de 10 años en Yemen: el norte está en manos de los hutíes, seguidores del islam chií y aliados de Irán, mientras que el sur tiene un gobierno reconocido por gobiernos occidentales y aliado de Arabia Saudí.
El conflicto recrudeció desde el pasado agosto, con combates a diario y avances de las fuerzas del norte hacia las sureñas ciudad y provincia de Taiz, lo que forzó ya el desplazamiento de más de 260 000 yemeníes que huyen de los combates.
Unas 1600 personas murieron y otras 7000 resultaron heridas por los combates, y ponen en riesgo a los campamentos y comunidades de albergue de quienes llegaron a Yemen huyendo de los conflictos armados y otras calamidades en los países africanos más cercanos.
Según Acnur, la situación es especialmente preocupante en el campo de refugiados de Jaraz, en la gobernación de Lahj, en el suroeste del país, donde viven unas 9500 personas refugiadas procedentes de Somalia y Etiopía, en una zona bajo control gubernamental situada a varias decenas de kilómetros de los combates.
Los bombardeos en las inmediaciones obligaron a interrumpir servicios y restringieron la movilidad, lo que aumentó el miedo y la desesperación de familias que ya habían tenido que huir de otros conflictos.
Las organizaciones socias de Acnur lograron distribuir alimentos, agua y prestar atención sanitaria dentro del campo, aunque con importantes dificultades.
Sin embargo, el resto de servicios está paralizado: las clases se suspendieron, los servicios de asistencia jurídica y documentación se interrumpieron y se encarecieron el combustible y los productos básicos.
Muchas familias abandonan Jaraz, y en su nueva huida recurren a carreteras por las que también se desplazan las partes enfrentadas, lo que las expone a nuevos peligros.
Muchas otras quieren regresar a sus países de origen, con el riesgo de encarar viejos peligros. Acnur organizó tres vuelos hacia Mogadiscio, para el retorno voluntario de 607 refugiados somalíes.
Otros 1100 también manifestaron su interés en regresar, pero los continuos bombardeos contra los aeropuertos y la intensificación de los combates aumentan los riesgos tanto para los refugiados como para el personal humanitario.
A pesar de ese panorama adverso, las llegadas por mar no cesan. Durante los nueve primeros meses de 2026, más de 134 000 solicitantes de asilo y migrantes llegaron por mar a Yemen.
Huyen de los conflictos, la persecución, la inestabilidad y la pobreza en distintos puntos del Cuerno de África. Muchos pretenden atravesar Yemen para llegar a otros países, pero terminan en un territorio donde la inseguridad y la incertidumbre condicionan la vida cotidiana.
Acnur destaca que el costo humano es devastador. Los cambios en las rutas de tráfico ilícito obligan a quienes emprenden estos viajes a recorrer distancias mayores y asumir más riesgos para evitar las operaciones de vigilancia y seguridad marítima.
Solo en octubre, al menos 139 personas habrían muerto en el mar frente a las costas de Yibuti cuando intentaban llegar a Yemen.
Al mismo tiempo, unas 4200 personas han huido de Yemen por mar hacia Yibuti y Somalia desde septiembre. Las organizaciones humanitarias prevén que esa cifra aumente a medida que mejoren las condiciones para la navegación.
Acnur deploró que, para atender a los yemeníes desplazados y a los refugiados entrampados entre las tragedias de su país de origen y las del nuevo destino, cuenta con apenas la quinta parte de la financiación necesaria, 36 millones de dólares.
A-E/HM


