Este año quedará en la memoria como el comienzo real de la lucha contra el VIH y el sida en Africa, la región más afectada por esta enfermedad en el mundo.
Pero la campaña continental comienza demasiado tarde. De las 34,3 millones de personas que viven con sida en el mundo, 25,3 millones son habitantes del Africa subsahariana.
El primer factor para el nuevo impulso de la campaña contra el mal fue la celebración de la Conferencia Internacional sobre Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que se realizó por primera vez en suelo africano, en la ciudad de Durban, Sudáfrica.
Al deliberar en este continente y en un país emergente, el enfoque recayó sobre el saldo devastador que la pandemia deja a su paso.
Por otra parte, el presidente sudafricano Thabo Mbeki impulsó un debate internacional sobre las causas del sida, mientras expertos de todo el mundo reconocieron el éxito de los programas de prevención de países como Uganda y Senegal.
El año terminó con el compromiso de líderes de todo el continente a presentar acciones en una conferencia organizada por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Africa (ECA) en Addis Abeba.
Unos 3,8 millones de personas se infectaron con el VIH en Africa este año, una cifra ligeramente inferior a los cuatro millones de 1999, informó a comienzos de este mes el Programa Conjunto de las Naciones Unidas contra el VIH/Sida (Onusida).
El descenso en el ritmo de infección es poco consuelo cuando los costos sociales, políticos y económicos de la enfermedad en este continente siguen pesando.
«El sida en Africa está causando una crisis socioeconómica que, a su vez, amenaza la estabilidad social, pues sobrepasa la capacidad de los servicios sociales y de salud, deja millones de huérfanos y se abate sobre operadores sanitarios y maestros», advirtió el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
Otro factor que puso en primer plano a la pandemia fue el debate sobre el sida propiciado por Mbeki, quien reunió un panel internacional de científicos para analizar el origen del VIH (virus de inmunodeficiencia humana) y puso en cuestión su carácter de causa única del sida.
Este año también fueron criticadas las estadísticas sobre el sida, consideradas poco científicas en su recolección e interpretación, así como la «medicalización» de la pobreza en Africa por parte de los activistas internacionales contra el sida, según un informe publicado en la revista African Agenda.
Los expertos afirmaron en tal sentido que los activistas del mundo industrializado suelen atribuir en exclusiva al VIH enfermedades propias de la pobreza, como la tuberculosis, el cólera y las ocasionadas por la desnutrición, una visión que distorsiona el panorama.
Mbeki fue criticado por alinearse con los llamados científicos «disidentes» que cuestionan el nexo entre VIH y sida. El debate ha servido para concentrar la atención sobre la necesidad de una respuesta panafricana a la pandemia.
Esa respuesta es necesaria si se considera que el VIH/sida ha llegado a superar la deuda y las políticas de ajustes estructurales como factor clave de desarrollo en el continente africano.
De hecho, el sida amenaza con causar un grave retroceso. En los años 80 y 90 la democracia se propagó por todo el continente, se aceleró el crecimiento económico y el índice de desarrollo humano siguió esa tendencia.
El acceso a la educación y el cuidado de la salud mejoró y las expectativas de vida aumentaron. Esas mejoras se desbarataron porque los economistas advirtieron sobre los costos actuales y futuros del sida, y previeron que las expectativas de vida descenderán a 45 años.
El producto interno bruto ya disminuyó a razón de 0,7 por ciento anual, y se prevé una caída de 20 por ciento al año si la enfermedad se agudiza en las próximas dos décadas.
Los motivos no son difíciles de ocultar. Los países pierden mano de obra productiva, y las compañías sucumben bajo el peso del creciente ausentismo y la espiral ascendente del presupuesto para formación profesional y atención sanitaria.
En Sudáfrica, que tiene uno de los índices más altos de infección del VIH en el continente junto con Zimbabwe y Botswana, la epidemia podría causar una caída del producto interno bruto de 17 por ciento para 2020. El presupuesto nacional de Botswana podría recortarse 20 por ciento a causa del sida.
Onusida informó que medidas de prevención y programas de salud eficaces costarán el equivalente de 3.000 millones de dólares anuales para todo el continente.
Los servicios de la deuda externa africana insumen 15.000 millones de dólares por año. Onusida señaló que los ahorros por el alivio de esa obligación podrían ser canalizados en programas contra el sida.
Tambien será necesaria más ayuda de los países del Grupo de los Ocho países más industrializados del mundo, dijo Peter Piot, director de Onusida.
Uganda ha dado un ejemplo de medidas exitosas que pueden ser imitadas por otras naciones del continente.
Sobre la base de en análisis eficaces, programas de tutela y de educación, el índice de infección en Uganda está bajando. Hay otros programas exitosos, como campañas educativas en Senegal y de prevención en Kenia, e iniciativas del sector privado en Zimbabwe.
Los científicos ya están trabajando en una vacuna para Africa, y la sociedad civil exige poder adquirir medicamentos a precios accesibles. (FIN/IPS/trad-eng/fk/sm/ego/mj/he dv/00


