Presiones internas y externas que hicieron impacto a fines de los años 80 transformaron a muchos regímenes autoritarios de Africa subsahariana en sistemas multipartidarios, pero la mayoría de los nuevos movimientos opositores afrontaron dificultades para competir en igualdad de condiciones.
Fraudes electorales y partidos gobernantes que se confunden con el Estado han sido algunas de las múltiples desventajas que afectaron el desarrollo de los grupos de oposición, perjudicados también por su propia desunión y sus enfrentamientos internos.
Grupos opositores lograron aprovechar aperturas democráticas y ganar las elecciones en Zambia en 1991, en Congo en 1992, en Malawi y Sudáfrica en 1994, y en Mauricio, Costa de Marfil y Senegal este año, pero la situación fue distinta en Burkina Faso, Camerún, Tanzania y Zimbabwe.
El escaso apoyo logrado por la oposición de Tanzania en las elecciones del 29 de octubre fue el último ejemplo regional de lo que ocurre cuando la vida política está dominada por un solo partido, aunque desde el punto de vista formal existan varios.
El partido gobernante de Tanzania, Chama Cha Mapinduzi, obtuvo en octubre 71,7 por ciento de los votos escrutados, pero una de las causas de esa victoria fue un masivo fraude electoral en la isla de Zanzíbar, donde miles de personas no pudieron votar porque los padrones no llegaron a tiempo o jamás aparecieron.
En varios países de la región, entre ellos Mozambique, Zambia y Zimbabwe, también se han planteado denuncias de fraude electoral, y en otras naciones de Africa subsahariana en las cuales no se plantearon tales acusaciones, la incompetencia de los organismos encargados de organizar los comicios fue notoria.
Costa de Marfil fue durante muchos años un modelo de estabilidad en Africa occidental, pero el país fue sacudido en los últimos tiempos por violencia étnica y política.
El 24 de diciembre del año pasado, el general Robert Guei tomó el poder en el primer golpe de Estado militar en la historia de la nación. Guei trató luego de permanecer en el gobierno mediante fraude electoral, pero fue derrocado en octubre por un levantamiento popular.
Las perspectivas de paz aún penden de un hilo, ya que el ministro de Defensa y Protección Civil de Costa de Marfil, Moise Lida Kouassi, reveló que Guei planea un nuevo golpe de Estado contra el ganador de las elecciones y actual presidente, Laurent Gbagbo.
Según Kouassi, Guei trata de formar un ejército compuesto de miembros de su guardia personal y refugiados provenientes de Liberia.
En Zimbabwe, el parlamento tiene 150 integrantes, pero sólo 120 de ellos son elegidos por voto popular, y al gobernante Frente Patriótico de la Unión Nacional Africana le basta ganar 46 en elecciones para retener el control del Poder Legislativo.
El presidente designa en forma directa a 20 integrantes del parlamento, y otros 10 representan a jefes tribales leales al gobierno. Ese sistema es una causa principal de que el presidente Robert Mugabe esté en el poder desde que el país se independizó en 1980.
El opositor Movimiento por un Cambio Democratico (MDC) de Morgan Tsvangirai ganó 57 de las 120 bancas en disputa en las elecciones generales de junio, y observadores políticos dijeron que violencia e intimidaciones antes de los comicios y durante ellos fueron la causa de que no lograra mayoría parlamentaria.
Por lo menos 32 personas, la mayoría de ellas partidarias del MDC, murieron en enfrentamientos durante la campaña electoral.
La violencia continúa en Zimbabwe, y todo indica que se hará más intensa a medida que se acerquen las próximas elecciones presidenciales, previstas para 2002.
El Foro Parlamentario de la Comisión para el Desarrollo de Africa Austral (SADC) señaló que su experiencia como observador de elecciones en Mozambique, Mauricio, Namibia, Tanzania y Zimbabwe subrayó la necesidad de establecer procedimientos que permitan desarrollar una cultura democrática.
Los peores ejemplos de desconocimiento de las normas democráticas se han registrado en Nigeria, donde los militares han ocupado el gobierno durante la mayor parte de 40 años como país independiente, y anularon en varias ocasiones elecciones y cronogramas previstos para la democratización.
El resultado de comicios realizados a mediados de 1993 fue desconocido por el gobierno militar que encabezaba Ibrahim Babangida, quien encarceló al año siguiente al presunto ganador de aquellas elecciones.
En las elecciones democráticas realizadas en febrero del año pasado triunfó el actual presidente, Olusegun Obasanjo, un militar que reivindica su civilismo, pero los críticos afirman que esa transformación es sólo superficial, y afirman que «una vez que se ingresa en el ejército, es para siempre».
El presidente de Ghana, Jerry Rawlings, no será candidato en las proximas elecciones, pero todo indica que se mantendrá en el centro de la vida política del país, tras haber ocupado el gobierno mediante golpes de Estado en 1979 y 1981, y ganar los comicios de 1992 y 1996, en los cuales fue acusado de fraude.
Esa presunción se basa, entre otras cosas, en que Rawlings formó el 64 batallón especial del Ejército, la unidad mejor pertrechada de las Fuerzas Armadas, que es considerada un poder por encima de la ley y leal al presidente.
El presidente no pudo postularse para un tercer mandato porque la Constitución se lo impide, y eligió como candidato oficialista al actual vicepresidente, John Atta Mills.
En Africa occidental, Sierra Leona, Guinea y Liberia siguen involucrados en cruentas guerras fronteriza, y en Guinea-Bissau hubo un levantamiento militar.
Una excepción en esa subregión fueron las elecciones de septiembre en Mauricio, en las cuales una alianza opositora formada por el Movimiento Socialista Militante de Anerood Jugnauth y el Movimiento Militante Mauricio de Paul Berenguer ganó 54 de las 60 bancas del parlamento.
Ese resultado electoral determinó la primera derrota desde 1995 de un partido oficialista de un país integrante de la SADC, que tiene 14 miembros. (FIN/IPS/tra-eng/lm/sm/ego/mp/ip/00)


