Las promesas electorales del nuevo presidente de México, Vicente Fox, pierden brillo en contacto con la realidad de un proyecto de presupuesto estatal limitado, que le permite escaso margen de maniobra.
El gobierno no tiene flexibilidad ni capacidad de movimiento en materia de gasto y por eso diseñó para el 2001 un presupuesto austero pero responsable, con el que se hará todo lo posible, declaró este miércoles el secretario (ministro) de Hacienda, Francisco Gil.
Fox y su equipo económico, en que confluyen economistas liberales ortodoxos y exitosos empresarios, presentaron este martes al Congreso legislativo un proyecto de presupuesto de alrededor de 140.000 millones de dólares, cifra casi igual a de este año.
Ochenta y siete por ciento de ese monto está comprometido, desde el gobierno anterior de Ernesto Zedillo (1994-2000) para gastos corrientes, y no se planifica contraer más deuda externa.
El proyecto de presupuesto, aplaudido por inversionistas internacionales por su austeridad y orden, deberá ser aprobado por el Congreso antes de finalizar el año.
Los observadores vaticinan que habrá fuertes debates debido a la presión de sectores sociales, organismos del Estado, sindicatos y partidos políticos. Pero sobre todo, por la falta de mayorías parlamentarias.
Legisladores opuestos a Fox señalaron que impedirán la aprobación de un presupuesto de corte «neoliberal», pero prometieron escuchar y permanecer abiertos a los argumentos oficiales.
Será la primera prueba de concertación para un gobierno que promete refundar el país mediante el diálogo y el consenso, luego de 71 años ininterrumpidos de administraciones pertenecientes al Partido Revolucionario Institucional (PRI).
A pesar de las limitaciones de gasto, el gobierno no renunciará a los proyectos de campaña de Fox, aclararon los colaboradores del mandatario.
El presidente prometió que en seis años reducirá 30 por ciento la pobreza, que hoy afecta a más de la mitad de la población. También, elevar los años de educación cursados por la población del actual promedio de siete a 10, y crear 1,3 millones de empleos por año, casi el doble que en el presente.
Además, prometió que los servicios de salud lleguen a todos los rincones del país, que los programas asistenciales contra la pobreza logren atender a cuatro millones de familias, 1,4 millones más que hoy, y construir 750.000 unidades habitacionales por año, casi 200.000 más que en la actualidad.
Aunque ahora hay poco dinero para el gobierno, en los próximos meses se procurará redefinir y diversificar las fuentes de ingreso, fortalecer la iniciativa privada, cambiar esquemas de trabajo, y como meta central, realizar una profunda reforma fiscal.
Ese es un objetivo siempre planteado por sucesivos gobiernos al inicio del periodo, pero siempre postergado por el costo político que podría ocasionar. La reforma fiscal es, sin embargo, una de las claves para conseguir nuevos recursos, ha declarado Fox.
Los ingresos fiscales de México equivalen al 11 por ciento del producto interno, pero en Estados Unidos es de 25 por ciento y en la mayoría de países de Europa de 30 por ciento.
Entre los 29 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, México ocupa el último lugar en recaudación de impuestos.
Según los planes de Fox, el proyecto de reforma fiscal sería presentado al Congreso en abril para que entre en vigencia en 2002, luego de un debate con las diversas fuerzas políticas y económicas del país.
«No podemos exigirle a la población que pague más impuestos si antes no le ofrecemos un programa creíble, una estrategia visible de que el gasto del gobierno va a ser eficiente, de que será invertido de manera correcta, de que no se desperdiciarán recursos», señaló Eduardo Sojo, coordinador del equipo económico.
Siguiendo la línea ortodoxa de sus antecesores, el equipo de Fox elaboró un presupuesto en el que lo importante es no gastar más allá de lo que se recibirá con certeza, no endeudarse y enterrar cualquier posibilidad de desorden financiero.
Gil indicó que la meta es reducir el déficit fiscal del uno por ciento de este año a 0,5 por ciento del producto interno bruto en 2001.
En la elaboración del presupuesto se consideró que el año entrante se desacelerará la economía de Estados Unidos, a la que está anclada parte de la de México, apuntó el secretario de Hacienda. Más de 80 por ciento del comercio exterior mexicano se concentra en ese país vecino.
Se estima que el crecimiento del producto de Estados Unidos caerá de cinco a tres por ciento, lo que implicará un descenso de las exportaciones mexicanas, explicó.
En cuanto a los ingresos petroleros, que alimentan un tercio del presupuesto público, el gobierno proyectó un precio promedio del barril de crudo de 18 dólares, siete dólares menos que su cotización promedio actual.
Además, indica que en 2001 la economía logrará un crecimiento sostenido de 4,5 por ciento, frente al de siete previsto para el 2000, nivel que superará el promedio de 4,3 por ciento observado en toda América Latina. (FIN/IPS/dc/mj/ip if/00


